El compromiso político tiñe el cine de Bertolucci

El realizador tiene una extensa filmografía. Fue el primer occidental que filmó en la Ciudad Prohibida de Pekín.

16 Marzo 2006
ROMA.- En la filmografía de Bernardo Bertolucci, quien hoy cumple 65 años, se destacan dos títulos por la trascendencia mundial que alcanzaron: “El último tango en París” y “El último emperador”, dos filmes de naturaleza muy diferente periq que alcanzan para justificar que su autor sea considerado uno de los últimos grandes cineastas italianos de la posguerra.
“El último tango en París” fue calificada como una de las películas de mayor contenido erótico de su época. La película caló hondo en el sentimiento de libertad de aquellos años. Sin embargo, en Italia -y en Argentina- se prohibió y al director le costó en su país una condena a prisión en suspenso. Pero el implacable éxito internacional de taquilla ha hecho que se convirtiera en todo un clásico del cine, en un film de culto.
Bertolucci, hijo de una familia burguesa de Parma, fue asistente de Pasolini antes de dedicarse a la dirección. Su primer gran éxito fue “El Conformista”, de 1970. “1900” es el nombre de un  filme de 1976, una epopeya de cinco horas y media sobre la lucha de clases a principios de siglo. El tema respondía a las convicciones políticas de Bertolucci, pero no atrajo al gran público.
El segundo gran éxito llegó en 1987, con “El último emperador”, filme por el cuual ganó nueve Oscar y cuatro Globos de Oro. La película abrió a Bertolucci las puertas de la “ciudad prohibida”, Pekín, como primer occidental al que se le permitía rodar en sus escenarios originales, que hasta entonces estaban vedados al público. Sin embargo, el siguiente intento de introducir la temática oriental fue un fracaso. “El pequeño Buda” (1993), que cuenta la historia de la supuesta reencarnación del líder religioso, inauguró la Berlinale en 1994, pero decepcionó.  Lo mismo ocurrió en 2003 con “Soñadores”, un filme sobre tres adolescentes burgueses durante la revuelta estudiantil del Mayo del 68 en París. El director enfrenta ahora otro reto: su nuevo largometraje se centrará en la toma de la embajada japonesa en Lima en 1996 por parte del Movimiento Revolucionario Tupac Amaru. (DPA y Especial)


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