ROSARIO.- En el barrio donde nació Lionel Messi, los vecinos afirman que hay otro chico que será tan bueno o todavía mejor que él. Podría tratarse de una mera expresión de deseos, pero un detalle llama la atención: Bruno Biancucchi, el chico en cuestión, es primo del delantero de Barcelona.
"Tiene la misma forma de jugar que ?Leo?. Es bueno con la gambeta en velocidad; es un jugador diferente", atestigua Roberto Ramírez, entrenador de las divisiones inferiores del club Renato Cesarini, donde Bruno juega en la categoría 96.
Bruno tiene nueve años y hace malabares con la pelota sobre el pavimento de la misma calle donde lo hacía 10 años atrás su primo Lionel. En el barrio natal, en la zona sur de la ciudad de Rosario, se asombran por su parecido a la hora de jugar. "Lionel, desde chico, era un fenómeno. Pero Bruno es más hábil; va a salir todavía mejor", pronostica Pedro Pécora, el mecánico del barrio, quien ve como el chiquito Biancucchi emula con el balón a su pariente, frente a su taller.
Bruno es tímido, salvo con la pelota en los pies. "Jugar es lo que más me gusta, como enganche o delantero", dice sentado en el sofá de su casa, antes de asentir con la cabeza a la pregunta de si a él también le gustaría vestir algún día la camiseta del "barsa". En el juego de las diferencias, hay sin embargo un par: Messi es zurdo y Biancucchi, derecho. Y, según la madre de Bruno, Marcela Cuccittini, su hijo es "más callejero" que Lionel. El delantero de la selección argentina, todos coinciden, no tenía en la cabeza otra distracción fuera del fútbol.
Bruno asiste a la misma escuela que Lionel, y una de sus maestras asegura que el chico es tan calladito como Messi. El chico tiene muchas expectativas de llegar a ser como su primo. El padre de Bruno, Claudio, confía en las condiciones de su hijo, pero prefiere ser cauto. "Es igualito a Lionel: en el físico, incluso en los pasos cortitos. Cuando mete un gol agacha la cabeza, no hace grandes festejos y lo mira a uno en silencio como preguntando: ?¿te gustó??. Pero tranquilicémonos un poco; todavía es muy chico; la edad clave para ver hasta dónde puede dar, si mantiene su interés por el fútbol, si es constante, es de los 10 a los 12", advierte Biancucchi padre. Precisamente, a los 12 años fue cuando Messi emigró junto a su familia a España, para sumarse a la cantera de Barcelona, algo que Biancucchi, chofer de ómnibus en la ciudad de Rosario, todavía no tiene previsto repetir con su hijo. Más bien preferiría ver a Bruno lucir la camiseta de Newell?s Old Boys, donde Lionel jugó en categorías infantiles.
Un talento que emociona
Por ahora, Bruno deslumbra en Renato Cesarini, donde se entrena tres días a la semana. "Es un rayo; el otro día hizo un gol apenas empezado el partido con un zapatazo bombeado. Le veo hacer cosas que me emocionan", apunta el entrenador Ramírez.
Si es verdad que el fútbol se lleva en la sangre, la de la familia Cuccittini -apellido de las madres de Lionel y de Bruno, que son hermanas- parece ser buena. Pero sólo el tiempo dirá si la nueva esperanza de la familia se queda en promesa o llega a estrella.
"Yo a los chicos les digo: para llegar a ser un futbolista profesional un 90 % depende de vos y el otro 10%, a la Iglesia", postula Ramírez en relación a ese factor que algunos denominan suerte, y que es clave en el desarrollo de un jugador.
Mientras el futuro llega, Bruno se divierte con la pelota en los pies frente al mismo almacén de barrio ante el cual Messi construía paredes con la ayuda del cordón de la vereda. (DPA-Especial para LA GACETA)
"Tiene la misma forma de jugar que ?Leo?. Es bueno con la gambeta en velocidad; es un jugador diferente", atestigua Roberto Ramírez, entrenador de las divisiones inferiores del club Renato Cesarini, donde Bruno juega en la categoría 96.
Bruno tiene nueve años y hace malabares con la pelota sobre el pavimento de la misma calle donde lo hacía 10 años atrás su primo Lionel. En el barrio natal, en la zona sur de la ciudad de Rosario, se asombran por su parecido a la hora de jugar. "Lionel, desde chico, era un fenómeno. Pero Bruno es más hábil; va a salir todavía mejor", pronostica Pedro Pécora, el mecánico del barrio, quien ve como el chiquito Biancucchi emula con el balón a su pariente, frente a su taller.
Bruno es tímido, salvo con la pelota en los pies. "Jugar es lo que más me gusta, como enganche o delantero", dice sentado en el sofá de su casa, antes de asentir con la cabeza a la pregunta de si a él también le gustaría vestir algún día la camiseta del "barsa". En el juego de las diferencias, hay sin embargo un par: Messi es zurdo y Biancucchi, derecho. Y, según la madre de Bruno, Marcela Cuccittini, su hijo es "más callejero" que Lionel. El delantero de la selección argentina, todos coinciden, no tenía en la cabeza otra distracción fuera del fútbol.
Bruno asiste a la misma escuela que Lionel, y una de sus maestras asegura que el chico es tan calladito como Messi. El chico tiene muchas expectativas de llegar a ser como su primo. El padre de Bruno, Claudio, confía en las condiciones de su hijo, pero prefiere ser cauto. "Es igualito a Lionel: en el físico, incluso en los pasos cortitos. Cuando mete un gol agacha la cabeza, no hace grandes festejos y lo mira a uno en silencio como preguntando: ?¿te gustó??. Pero tranquilicémonos un poco; todavía es muy chico; la edad clave para ver hasta dónde puede dar, si mantiene su interés por el fútbol, si es constante, es de los 10 a los 12", advierte Biancucchi padre. Precisamente, a los 12 años fue cuando Messi emigró junto a su familia a España, para sumarse a la cantera de Barcelona, algo que Biancucchi, chofer de ómnibus en la ciudad de Rosario, todavía no tiene previsto repetir con su hijo. Más bien preferiría ver a Bruno lucir la camiseta de Newell?s Old Boys, donde Lionel jugó en categorías infantiles.
Un talento que emociona
Por ahora, Bruno deslumbra en Renato Cesarini, donde se entrena tres días a la semana. "Es un rayo; el otro día hizo un gol apenas empezado el partido con un zapatazo bombeado. Le veo hacer cosas que me emocionan", apunta el entrenador Ramírez.
Si es verdad que el fútbol se lleva en la sangre, la de la familia Cuccittini -apellido de las madres de Lionel y de Bruno, que son hermanas- parece ser buena. Pero sólo el tiempo dirá si la nueva esperanza de la familia se queda en promesa o llega a estrella.
"Yo a los chicos les digo: para llegar a ser un futbolista profesional un 90 % depende de vos y el otro 10%, a la Iglesia", postula Ramírez en relación a ese factor que algunos denominan suerte, y que es clave en el desarrollo de un jugador.
Mientras el futuro llega, Bruno se divierte con la pelota en los pies frente al mismo almacén de barrio ante el cual Messi construía paredes con la ayuda del cordón de la vereda. (DPA-Especial para LA GACETA)







