La presencia de sus hijos mitiga las condenas

Están con las mamás hasta los cuatro años. "El sufrimiento que me causa estar encerrada desapareció cuando nació mi bebé", dijo una interna.

EDUCACION. Dentro de la carcel sólo hay dos mujeres analfabetas. LA GACETA / ANALIA JARAMILLO
EDUCACION. Dentro de la carcel sólo hay dos mujeres analfabetas. LA GACETA / ANALIA JARAMILLO
27 Febrero 2006
Unos chillidos infantiles y el olor a mamadera recién preparada delatan la ubicación del pabellón de las reclusas madre. Allí, Roxana intenta acallar el llanto de Savino, su hijo de dos meses, meciéndolo en unos brazos llenos de oscuros tatuajes y cicatrices profundas. Con una sonrisa franca y la mirada cansada, esta mamá, penada por homicidio, cuenta: “A el sufrimiento que me causa estar encerrada desapareció cuando nació mi bebé. Antes me sentía perdida y resignada. Savino me devolvió las fuerzas y las ganas de emprender nuevos proyectos”, mientras habla, juguetea con su cabellera teñida de rubio.
Sus tres compañeras de pabellón la escuchan atentas. Las palabras de Roxana traducen sus pensamientos. Aunque preferirían un ambiente más propicio para criar a sus hijos, todas reconocen que, sin ellos, la espera de la libertad se les haría todavía más dura y tormentosa.

Tiempo perdido
En la cárcel, sólo pueden residir los pequeños de hasta cuatro años. Los que tengan edad de hacerlo, van a un jardín de infantes de jornada prolongada. El resto sigue la misma rutina que las reclusas.
“A veces nos cuesta atender en los talleres porque tenemos que estar pendientes de ellos. Pero eso no nos molesta: la distracción que nos ofrecen es sumamente placentera”, comentó Mirta, madre de Ramón Angel, de dos años, y de Maia, de 17 días.

Sin perdón
Claudia tiene 25 años y cuatro hijos. Los dos más grandes están con su madre en el país en que esta muchacha -penada por tráfico de drogas- vivió hasta los 11 años: Bolivia. El tercero de sus hijos se encuentra con su padre, en Jujuy. Y Raúl, el más pequeño, alegra sus días en la cárcel.
“Si no fuese por el nene, no sé qué sería de mi”, dice, mientras desliza su mirada por las baldosas. “Nunca me voy a perdonar lo que les estoy haciendo a mis chicos. Siento que este es un tiempo que nunca voy a recuperar y siempre me voy a sentir culpable. Pero yo quiero darme otra oportunidad”, expresó.







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