"A veces uno se cansa de esto, pero es el trabajo. En la primera función siempre leo LA GACETA, y en la segunda, tomo café y puedo conversar un poco afuera, en el hall. El día de estreno es un poco diferente: tengo que estar muy atento porque hay que analizar la cinta: si está bien unida o cortada o si tiene rayaduras o está limpia, porque hay que hacer un informe pormenorizado de todo", aseguró Fabio. "¿Tu condición de técnico te hace perder la capacidad de espectador?", se le preguntó. "No, yo veo todas las películas, y por supuesto que algunas me gustan más, pero las miro todos los días, sentado en ese banco", respondió, mostrando una vieja butaca ubicada a menos de un metro de la máquina. El joven no se olvida de su primer día: "fue tremendo y como no estaba muy ducho, se cortó la cinta y demoré un montón en unirla", recordó.
"Antes, el trabajo era mucho mayor: se proyectaba con dos máquinas y uno tenía que estar sentado en un banco en el medio de las dos: cuando se terminaba un rollo había que seguir con el de la otra máquina, y cargar la que estaba vacía; había que regular constantemente", rememora Augusto Acosta. "Pero eso pasó a la historia",afirma el responsable de la sala Franklin Zerbetto Küstner, informando que en otra época se utilizaba el carbón para provocar la luz, lo que era hasta tóxico; ahora se usa la lámpara.
Mientras LA GACETA hablaba con Augusto Acosta, proyectaba el atrapante filme de suspenso "Plan de vuelo", protagonizado por Jodie Foster. "¿Le gustó?". "No, no veo las películas, o a veces solamente algunas escenas, nomás, pero en general no", respondió con un dejo de agobio.
Aquellos tiempos en que los espectadores silbaban o aplaudían cuando había un desencuadre en la proyección sobre la pantalla, parecen haber quedado atrás. "Hoy los problemas técnicos son ínfimos, y no son frecuentes", asegura Zerbetto Küstner.
Augusto Acosta cuenta que antes, la cinta se pegaba con cemento pero ahora se lo hace con cinta común. "Lo que puede ocurrir, sobre todo en verano, es que la máquina se caliente y entonces se resbala la cinta y hace saltar el encuadre, pero eso se soluciona en unos segundos regulándola". "O que se corte la cinta, porque fue mal pegada o tenía fallas de fabricación, y ahí sí, uno tiene que estar y arreglarlo en el menor tiempo", acota Fabio.
Su tío indica que el operador tiene la obligación de estar en la cabina las siete horas, y el tiempo, a veces pasa muy lento, por lo que los dos admiten que "por ahí, uno sale a tomar algo de aire, a descansar y a conversar un poco en el hall".
Mitos y verdades
"Proyectar para uno o para 100 espectadores es lo mismo para nosotros. Porque cuando estamos en la cabina no tenemos contacto con el público. Aunque es verdad que algunos preguntan antes de ingresar, y si están solos directamente no entran. A otros, les da lo mismo". Fabio Acosta.
'"Los espectadores a veces se quejan por el sonido, porque hay filmes que ya vienen con un volumen muy alto, pero nada más que regularlo. Uno los escucha cuando se acercan a la cabina y te piden que bajés un poco; o cuando está muy bajo te gritan ¡volumen!". Augusto Acosta
" Tal vez en Buenos Aires se manejen con máquinas un poco más modernas, pero el sistema de proyección es el mismo, en eso no hay diferencias. En cuanto al sonido, ahí sí hay modificaciones, porque en algunas salas de Buenos Aires es digital y aquí estamos todavía con Dolby Stereo". Franklin Zerbetto Küstner










