Oídos sordos

Análisis. Por Juan Manuel Montero.

30 Diciembre 2005
¿Qué clase de reacciones produciría una tragedia con casi 200 muertos en un recital de música clásica? Seguramente, serían muy distintas de las que ofreció el traumático escenario pos-Cromagnon. Uno de los efectos que provocó el desastre fue la aparición de voces que buscaron una explicación a través de la demonización del rock y de sus cultores. Pasó lo mismo cuando dos jóvenes estadounidenses masacraron a sus compañeros en Columbine, Estados Unidos, o cuando Junior disparó dentro de su escuela de Carmen de Patagones. Culparon por eso a Marilyn Manson y a su música. Millones de adolescentes aman el rock. Otros tantos se inclinan por el hip-hop o la electrónica. Y hay quienes prefieren el pop o a Mozart. Lo que sucedió partió por el medio una generación de jóvenes a la que sus mayores les inculcan cada vez menos valores. Y eso tampoco es culpa de ellos. Porque alguien -el Estado, los empresarios, los padres- no supieron cuidarlos. Muchos de ellos también escuchan rock and roll.