30 Diciembre 2005 Seguir en 
A un año de la tragedia de Cromagnon, muchos jóvenes tucumanos viven con temor; sienten que, a pesar de que murieron 194 jóvenes (la peor tragedia sufrida por los adolescentes de los últimos 30 años), no se ha hecho nada al respecto para que cosas como estas no se repitan.
"Y pensar que en algún momento me crucé con esos chicos. Siempre voy a ver recitales. Me da mucha bronca que haya pasado en mi país, eran todos jóvenes. Siento impotencia y mucha tristeza", dijo Mariana Claverie, una chica de 20 años que asistió alguna vez a un recital de Callejeros.
Después de dejar caer una lágrima, Irene González Navarro recordó lo que fue ese momento: "Me da rabia saber que todos fuimos cómplices. Si bien no estuve en ese momento, me sentí totalmente identificada con esos chicos, con el dolor de sus padres. Todo lo que siento me lleva a la angustia y a la reflexión", dijo. Irene tiene 18 años y reconoce que, alguna vez, en un recital prendió una bengala.
La sociedad no deja de buscar explicarse semejante masacre. ¿Quiénes fueron los responsables?, les preguntó LA GACETA. "No hay que hablar de culpas. Esto fue el resultado de algo que se viene gestando desde hace mucho y que lamentablemente está mal configurado: me refiero al sistema en el que vivimos. Si bien el primer responsable es Callejeros -por promover el uso de bengalas en sus recitales-, ni las autoridades ni la misma gente fueron conscientes del riesgo que corrían en ese momento", explicó Florencia Farhat, de 21 años, estudiante de Psicología.
Sin proyectos
Por su parte, Irene cree que hay que buscar las explicaciones por otro lado: por la cultura que caracteriza al rock en nuestro país. "Una generación de chicos que no tiene proyectos y que no encuentra un lugar en el futuro se sumerge en la rebeldía, palabra que caracteriza a los recitales de rock en nuestro país. Creo que el ?descontrol? es sinónimo del rock y, en los recitales, reina la rebeldía", opinó. "Pasó un año y todavía nada ha cambiado". En esa frase coinciden las chicas para señalar que el control por parte de las autoridades sigue siendo totalmente inoperante. Dicen que en Tucumán el riesgo es constante. "Es inevitable sentir miedo en cualquier lugar. Aquí se clausuraron muchos locales, pero a los dos días se volvieron a abrir. Ahora hay otros nuevos, y creo que la seguridad es mínima. Creo que son peores que Cromagnon", dijo Mariana.
Las jóvenes piensan que la droga no estuvo relacionada con la tragedia, y que lo que la generó fueron la situación del país y la mentalidad de la gente. "Tanto jóvenes como adultos fuimos todos culpables. Tenemos que abrir los ojos para que algo así no vuelva a ocurrir. Fue un descuido de la sociedad en su totalidad. Fue la actitud de la gente", coincidieron.
Pero hay otros que opinan distinto. "A partir de lo sucedido se ha logrado tomar conciencia de lo que debe ser la seguridad, no sólo en los boliches sino en todos los lugares cerrados. Con lo que pasó nos damos cuenta de cómo se manejan la política y la sociedad. Todos empiezan a echarse la culpa; en definitiva ninguno se hace cargo de lo que está pasando", dijo Martín Guzmán, de 27 años. "Tuvo que ocurrir un accidente de esta magnitud para que tomen conciencia y se hagan controles en todos los boliches. Hay un antes y un después de esto. La culpabilidad es de todos, tanto de los padres de los chicos, como los dueños del boliche y del Gobierno. Los padres deben ser responsables de sus hijos; hay que averiguar si el lugar al que concurren cumple los requisitos de seguridad necesarios y si puede albergar la cantidad de gente que tienen prevista", afirmó Claudio Newman de 34 años. Con él coincidió Enrique Daniel, de 26 años. "Fue un error de todos, no hubo un solo culpable. Antes de esto no hubo controles y nadie salió a pedir que los hubiera. Si los controles se hubieran realizado, esto no habría ocurrido", dijo .
Nadie puede dejar de lado el caso. La sociedad ya no será la misma. Una parte de esta generación murió en Once. Y el resto quedó marcada a fuego.
"Y pensar que en algún momento me crucé con esos chicos. Siempre voy a ver recitales. Me da mucha bronca que haya pasado en mi país, eran todos jóvenes. Siento impotencia y mucha tristeza", dijo Mariana Claverie, una chica de 20 años que asistió alguna vez a un recital de Callejeros.
Después de dejar caer una lágrima, Irene González Navarro recordó lo que fue ese momento: "Me da rabia saber que todos fuimos cómplices. Si bien no estuve en ese momento, me sentí totalmente identificada con esos chicos, con el dolor de sus padres. Todo lo que siento me lleva a la angustia y a la reflexión", dijo. Irene tiene 18 años y reconoce que, alguna vez, en un recital prendió una bengala.
La sociedad no deja de buscar explicarse semejante masacre. ¿Quiénes fueron los responsables?, les preguntó LA GACETA. "No hay que hablar de culpas. Esto fue el resultado de algo que se viene gestando desde hace mucho y que lamentablemente está mal configurado: me refiero al sistema en el que vivimos. Si bien el primer responsable es Callejeros -por promover el uso de bengalas en sus recitales-, ni las autoridades ni la misma gente fueron conscientes del riesgo que corrían en ese momento", explicó Florencia Farhat, de 21 años, estudiante de Psicología.
Sin proyectos
Por su parte, Irene cree que hay que buscar las explicaciones por otro lado: por la cultura que caracteriza al rock en nuestro país. "Una generación de chicos que no tiene proyectos y que no encuentra un lugar en el futuro se sumerge en la rebeldía, palabra que caracteriza a los recitales de rock en nuestro país. Creo que el ?descontrol? es sinónimo del rock y, en los recitales, reina la rebeldía", opinó. "Pasó un año y todavía nada ha cambiado". En esa frase coinciden las chicas para señalar que el control por parte de las autoridades sigue siendo totalmente inoperante. Dicen que en Tucumán el riesgo es constante. "Es inevitable sentir miedo en cualquier lugar. Aquí se clausuraron muchos locales, pero a los dos días se volvieron a abrir. Ahora hay otros nuevos, y creo que la seguridad es mínima. Creo que son peores que Cromagnon", dijo Mariana.
Las jóvenes piensan que la droga no estuvo relacionada con la tragedia, y que lo que la generó fueron la situación del país y la mentalidad de la gente. "Tanto jóvenes como adultos fuimos todos culpables. Tenemos que abrir los ojos para que algo así no vuelva a ocurrir. Fue un descuido de la sociedad en su totalidad. Fue la actitud de la gente", coincidieron.
Pero hay otros que opinan distinto. "A partir de lo sucedido se ha logrado tomar conciencia de lo que debe ser la seguridad, no sólo en los boliches sino en todos los lugares cerrados. Con lo que pasó nos damos cuenta de cómo se manejan la política y la sociedad. Todos empiezan a echarse la culpa; en definitiva ninguno se hace cargo de lo que está pasando", dijo Martín Guzmán, de 27 años. "Tuvo que ocurrir un accidente de esta magnitud para que tomen conciencia y se hagan controles en todos los boliches. Hay un antes y un después de esto. La culpabilidad es de todos, tanto de los padres de los chicos, como los dueños del boliche y del Gobierno. Los padres deben ser responsables de sus hijos; hay que averiguar si el lugar al que concurren cumple los requisitos de seguridad necesarios y si puede albergar la cantidad de gente que tienen prevista", afirmó Claudio Newman de 34 años. Con él coincidió Enrique Daniel, de 26 años. "Fue un error de todos, no hubo un solo culpable. Antes de esto no hubo controles y nadie salió a pedir que los hubiera. Si los controles se hubieran realizado, esto no habría ocurrido", dijo .
Nadie puede dejar de lado el caso. La sociedad ya no será la misma. Una parte de esta generación murió en Once. Y el resto quedó marcada a fuego.
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