El “inventor” de un deporte y de una industria

No solo impulsó la popularización del tenis sino que también cultivó una intensa relación con la música y otras expresiones artísticas. A través de testimonios, anécdotas y episodios inéditos, El otro Vilas busca explicar por qué no habrá otro igual.

El “inventor” de un deporte y de una industria
Hace 4 Hs

Que Guillermo Vilas fue el mejor tenista argentino de todos los tiempos (62 títulos ATP, cuatro de Grand Slam, un torneo de Maestros) qué duda cabe. No solo “inventó” un deporte, sino también la industria de ese deporte, generó un “fenómeno social”.

Es lo que en resumidas cuentas sostiene el libro El otro Vilas: Historias escondidas de una vida irrepetible del periodista Pablo Amalfitano que, acompañado de sus colegas José Almozny y Sebastián Torok, presentó en el café Tortoni.

“Este lugar (por el Tortoni) es representativo, por aquí pasaron Jorge Luis Borges, Astor Piazzola, Horacio Ferrer, Alfonsina Storni… y Vilas a su manera fue un artista”, afirmó Chiche Almozny, en tanto Torok destacó como mérito de Amalfitano haber indagado en aspectos inéditos de un personaje del que parecía estaba casi todo dicho y escrito.

Como sostiene Alfredo Bernardi en la contratapa -rescatando una imagen de Lucho Hernández- Vilas metafóricamente “sembró el país de gajos anaranjados”; y para graficar el impacto del fenómeno, Juan José Moro recuerda en el prólogo cómo a partir de la explosión Vilas –allá por el 74- los courts de los clubes fueron desbordados, se empezaron a construir canchas de alquiler por todos lados, y se originaron countries de diversa dimensión en los que el tenis pasó a ser la actividad principal.

Pablo Amalfitano es marplatense, hijo de Vito, periodista deportivo de trayectoria en esa región (“a mi papá que me heredó el mejor oficio del mundo”, dice una de las dedicatorias) lo que le dio una motivación plus ya que Vilas pasó su infancia y se formó en el Náutico Mar del Plata de la mano de Felipe Locicero, un peluquero rosarino pero conocedor de la técnica del tenis, a quien Roque Vilas (papá de Guillermo y presidente del Náutico) llevó a la “Ciudad Feliz” para que les enseñara a los chicos.

El autor de El otro Vilas nació en 1990, un año después que el prócer del tenis se retiró del circuito mayor, de manera que tuvo que apelar a fuentes como entrevistas con especialistas, trabajos anteriores como la autobiografía ¿Quién soy y cómo juego?, así como publicaciones tanto nacionales como extranjeras.

El personaje

Amalfitano destaca que su biografiado no se definía como un tenista, sino como “un hombre que juega al tenis”. Recurre a una cita que sintetiza su filosofía de vida: “El tenis no es solo un juego, sino permanente motivo de reflexión. Ganar no es un hecho técnico, sino un acto de amor. La técnica es solo el envase, el recipiente que debemos llenar con el cariño que le tenemos a nuestra profesión. Cuanto más la amemos, más cerca estará la victoria”. Vilas deslizaba que su amor por diversas expresiones artísticas (la lectura, la escritura, la música) derivaba en que “estar solo” -como es habitual en los tenistas- para él no era “sentirse solo”.

“Siempre fue un metódico”

En un par de entrevistas a Modesto Tito Vázquez, así describe a GV compañero de su etapa juvenil con ecos del festival de Woodstock de fines de los 60: “Apenas conocí a Vilas advertí su profunda curiosidad. La postura que tuvo en el tenis la tuvo después para la literatura y la música. Anotaba todo. Siempre fue metódico… Triunfó en el tenis, era un tipo con mucha información y horas de dedicación. Iba a un lugar y compraba 30 libros de poesías, tenía una de las colecciones de guitarras más grandes de la historia…”

El libro hace un recorrido por los torneos más significativos jugados por Vilas, permitiendo al lector revivir partidos cruciales.

Una afirmación de Ion Tiriac –coach que llevó a Vilas al estrellato- da cuenta de la dimensión de este último como jugador. “Guillermo –sostiene el rumano de los gruesos bigotes- fue un libro, el mejor jugador de todos los tiempos tomando en cuenta que con un talento muy limitado ganó los más Grandes torneos, tenía su técnica basada en el trabajo; trabajó como ningún tenista antes...Era como correr una carrera con un Fiat contra Ferraris y que se imponga el Fiat”.

“Si tenía una final que se preveía podía durar cuatro horas, Guillermo entrenaba seis”, graficó Almozny en el Tortoni; Guillermo Caporaletti, como parte del público, memoró cuando Vilas iba los lunes al Buenos Aires Lawn Tennis (Baltc) y pedía que abran el club para él. “Iba peloteando con sucesivos sparrings, que uno tras otro se iban yendo mientras el seguía allí”.

Amalfitano condimenta los relatos con curiosidades y anécdotas.

Ofrece detalles de cuando Vilas “ganó” el único Major que no consiguió en la cancha, Wimbledon, pero sí obtuvo en el cine cuando filmó la película Players junto a la bella Ali Mc Graw y Dean Jean Martin (ex jugador ATP hijo del actor y cantante Dean Martin); sus encuentros y desencuentros con José Luis Clerc que incluyen aquel episodio de 1980 cuando Vilas se le plantó a la AAT cuyos dirigentes sacaron una solicitada fustigándolo, horas antes de la serie frente a Checoslovaquia, y  el camino a la frustrada final con EE.UU en Cincinnati en 1981, en medio de peleas internas.

Por otra parte, el libro aborda la sanción que le aplicaron a Vilas en 1983 por supuestamente cobrar garantías en un torneo (un premio especial a una figura para darle un atractivo a un campeonato), algo antes prohibido y ahora muy habitual. Según el autor, ese acontecimiento (del que ofrece datos para especular sí ocurrió o no) fue “el principio del fin” de una carrera gloriosa, con un desenlace en 1989 en el primer nivel de ATP, y un eventual regreso en torneos menores hasta colgar la raqueta en el 92.

Libros, poemas, música y parejas

Vilas no le dio demasiada importancia al dinero en sus comienzos. El tenis aún era un deporte amateur. Su padre le había pagado un viaje a Miami para jugar el Orange Bowl en categoría 16 años; como juvenil tomaba un micro para jugar en Buenos Aires, donde vivió en una pensión con la idea de estudiar Derecho.

Su pasión por la poesía comenzó siendo muy joven. En la introducción de uno de sus poemarios, a sus 23 años, dice en un párrafo no exento de humor: “Después de los primeros resultados le empecé a escribir a mi novia, las respuestas a mis cartas no venían. Empecé a escribir poesías. Querido lector, espero que cuando termines este libro no maldigas el momento en que mi novia me dejó de escribir”. En 1980 publicaría un segundo ejemplar: Cosecha de Cuatro.
En cuanto a su pasión por la música, el libro incursiona en los vínculos que tuvo con los Rolling Stones; Mark Knoppfler (guitarrista de Dire Straits); y el danés Dars Ulrich (baterista cofundador de Metállica) a quien de chico Vilas varias veces cuidó mientras su padre, Torben, también tenista, jugaba torneos profesionales. Pero la relación más directa y profunda la tuvo con el Flaco Spinetta a quien le produjo un disco -para el que escribió un tema- y es padrino de uno de sus hijos.
No menos atractivo es el capítulo dedicado a sus parejas. La dupla mediática con la actriz y vedette Mirta Massa, la novia de juventud, Gabriela Blondeau; los detalles del descubrimiento, desarrollo y fin del romance novelesco con Carolina de Mónaco; la relación con la modelo Michelle Tomaszewski y el casamiento con la tailandesa Phiangphathu, madre de sus cuatro hijos, con quienes vive en Montecarlo aquejado hace años de una enfermedad.

La lucha por el Número 1

Es conocida la cruzada librada por Eduardo Puppo para que la ATP le reconozca a Vilas el N° 1 del ranking mundial; para acreditarlo convocó a ingenieros en computación que cruzando datos concluyeron que Vilas fue 1 durante unas semanas en 1975 y 1976, paradójicamente no en 1977, cuando fue el mejor del mundo con dos títulos de Grand Slam (Roland Garros y USOpen) y una final (Australia). El libro no toma posición explícita acerca de la cuestión pero incluye esta opinión de Moro: “Yo no quiero que a Guillermo le den el número 1, no es necesario. (Marcelo) Ríos tuvo el 1 durante un mes (1998) y no está ni cerca de Vilas. Con el sistema actual Vilas hubiera sido el uno un año entero. En el 77 ganó 16 torneos y casi 50 partidos” (N de R: hasta que perdió con Nastase que utilizó una raqueta de doble encordado, luego no reconocida). Es que el mérito de ser N 1 es a fin de cada temporada, cuando se entrega el trofeo con el N 1 del mundo durante el Masters con los ocho mejores que ahora se disputa en noviembre.

¿Puede haber otro Vilas?

“Que tú existas hace una diferencia”, expresaba el filósofo Robert Nozick. Es que cada individuo es en esencia único y distinto, pero hay personalidades con cualidades irrepetibles.
-Así como Manu Ginóbili -producto del terruño de Bahía Blanca- es un caso único, ¿puede haber otro Vilas en la Argentina?- retumbó en el recinto del Tortoni el interrogante del periodista Sergio Kanevsky, durante la presentación del libro. “No habrá otro igual, porque responde al espíritu de una época”, reflexionó Almozny, quien agregó: “Hoy los jugadores viajan con una legión de personas: entrenadores, fisios, agentes, etc; Vilas viajaba solo con el profe Belfonte y luego Ion Tiriac; Caporaletti sumó el glamour de esos tiempos, cuando los jóvenes copiaban la vincha, las muñequeras y hasta querían llevar los suecos de Vilas; en tanto Amalfitano consideró que tanto los jugadores de la llamada legión, Del Potro y otros, quizá no hubieran existido sin un referente como Vilas.

En buena medida, el libro ofrece las razones de por qué no habrá otro igual al gran Willy. Como subraya Amalfitano, su vida excedió los límites de los flejes.

© LA GACETA

Claudio Ravini - Periodista. Trabajó en el diario Río Negro, hoy es director de “Acreditado”.

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