11 Diciembre 2005 Seguir en 
Santiago.- "Jamás votaría por la derecha", afirma Cristina, una profesora que aguardaba para votar en el Estadio Nacional de Santiago, en tanto Tomás, del acomodado barrio de Las Condes, asegura que lo que no hizo la gobernante Concertación lo hará la derecha chilena.Carmen, una empleada de 38 años, opina que se necesita un cambio político dentro de una continuidad del modelo económico chileno, porque "se empiezan a notar problemas en el gobierno por el acostumbramiento al poder".
Los chilenos eligieron hoy a su presidente y marcaron su preferencia política de acuerdo con un esquema que podría simplificarse de la siguiente forma: los sectores altos apoyaron a la derecha, en tanto las clases populares votaron a la candidata de la Concertación, Michelle Bachelet.
En una recorrida por dos lugares de votación, que representan a estratos sociales bien diferenciados, un periodista de Télam consultó a los votantes acerca de su inclinación en las elecciones.
El Estadio Nacional, en el barrio de Ñuñoa, concentró la mayor cantidad de votantes de todo Chile, con más de 62.000 personas habilitadas para sufragar en 185 mesas de ambos sexos.
Bajo un sol abrasador y más de 30 grados de temperatura, largas filas se agolpaban frente a cada mesa en este lugar que fue emblema de la represión tras el golpe militar encabezado por el general Augusto Pinochet, el 11 de septiembre de 1973.
Con ropa sencilla y calzado cómodo, los ciudadanos esperaron en calma su turno para votar en las mesas ubicadas en el anillo debajo de las tribunas de cemento del inmenso estadio.
En el cuarto oscuro, cada elector marcó con tinta su opción en tres papeletas de diferentes colores donde figuraban los nombres de todos los candidatos, una para presidente, otra para senadores y la tercera para diputados.
Una vez en la mesa, debía colocar cada papeleta en distintas urnas identificadas con los mismos colores que las boletas."Creo que el actual gobierno lo hizo bien y debería continuar", dice Victoria, una secretaria de 44 años.
A su vez, la profesora Cristina (40 años) declara: "Jamás votaría por la derecha. Además, creo es bueno que una mujer sea presidente porque los cargos públicos son siempre de los hombres".
"Debería mejorarse la justicia social, los sueldos, las viviendas, la salud, derechos que deberían ser iguales para todos", añade.Para Bernardo, un chofer de 45 años, debe eliminarse el sistema binominal que definió como "arbitrario".
Aunque relata que fue militante de la Concertación, confiesa su voto por Tomás Hirsch, el candidato del frente de izquierda Juntos Podemos."El voto a Hirsch es un castigo para los dos grandes bloques, Concertación y derecha, que se reparten el poder mediante un sistema que elimina a las minorías", agrega.
El panorama cambió rotundamente en el elegante barrio de Las Condes, donde habitan los sectores más favorecidos por el crecimiento económico.La gente llegó distendida a la Escuela Italiana con 18.000 varones inscriptos y donde votó el candidato presidencial de la derecha Joaquín Lavín.
Algunos arribaron en sus automóviles importados último modelo, otros a pie; muchos lucían buena ropa de marca y zapatos náuticos.
El clima , como en el Estadio Nacional fue de tranquilidad, aunque el gimnasio de la Escuela estuvo tan colmado que un soldado anunció por altavoz que se interrumpía el acceso de los votantes.
"Quiero un cambio respecto del gobierno que tuvimos en estos últimos años, lo que no se hizo lo haremos la gente de derecha", afirma sin tapujos Tomás, 44 años y corredor de seguros, quien puntualizó que la inseguridad es el problema que más lo preocupa.
Por su parte, el ingeniero Hernán, 52 años, dice: "Creo que el país podría mejorar su situación porque estamos desperdiciando una muy buena oportunidad por el nivel de nuestro comercio exterior y necesitamos un cambio porque ya llevamos demasiado tiempo con las mismas autoridades"."Creo que habrá una continuidad, la mayoría está de acuerdo con el último gobierno y eso lo va a traducir con el apoyo a la candidata de la Concertación", señala, en cambio, el médico José Antonio, de 27 años. (Télam-SIN)
Los chilenos eligieron hoy a su presidente y marcaron su preferencia política de acuerdo con un esquema que podría simplificarse de la siguiente forma: los sectores altos apoyaron a la derecha, en tanto las clases populares votaron a la candidata de la Concertación, Michelle Bachelet.
En una recorrida por dos lugares de votación, que representan a estratos sociales bien diferenciados, un periodista de Télam consultó a los votantes acerca de su inclinación en las elecciones.
El Estadio Nacional, en el barrio de Ñuñoa, concentró la mayor cantidad de votantes de todo Chile, con más de 62.000 personas habilitadas para sufragar en 185 mesas de ambos sexos.
Bajo un sol abrasador y más de 30 grados de temperatura, largas filas se agolpaban frente a cada mesa en este lugar que fue emblema de la represión tras el golpe militar encabezado por el general Augusto Pinochet, el 11 de septiembre de 1973.
Con ropa sencilla y calzado cómodo, los ciudadanos esperaron en calma su turno para votar en las mesas ubicadas en el anillo debajo de las tribunas de cemento del inmenso estadio.
En el cuarto oscuro, cada elector marcó con tinta su opción en tres papeletas de diferentes colores donde figuraban los nombres de todos los candidatos, una para presidente, otra para senadores y la tercera para diputados.
Una vez en la mesa, debía colocar cada papeleta en distintas urnas identificadas con los mismos colores que las boletas."Creo que el actual gobierno lo hizo bien y debería continuar", dice Victoria, una secretaria de 44 años.
A su vez, la profesora Cristina (40 años) declara: "Jamás votaría por la derecha. Además, creo es bueno que una mujer sea presidente porque los cargos públicos son siempre de los hombres".
"Debería mejorarse la justicia social, los sueldos, las viviendas, la salud, derechos que deberían ser iguales para todos", añade.Para Bernardo, un chofer de 45 años, debe eliminarse el sistema binominal que definió como "arbitrario".
Aunque relata que fue militante de la Concertación, confiesa su voto por Tomás Hirsch, el candidato del frente de izquierda Juntos Podemos."El voto a Hirsch es un castigo para los dos grandes bloques, Concertación y derecha, que se reparten el poder mediante un sistema que elimina a las minorías", agrega.
El panorama cambió rotundamente en el elegante barrio de Las Condes, donde habitan los sectores más favorecidos por el crecimiento económico.La gente llegó distendida a la Escuela Italiana con 18.000 varones inscriptos y donde votó el candidato presidencial de la derecha Joaquín Lavín.
Algunos arribaron en sus automóviles importados último modelo, otros a pie; muchos lucían buena ropa de marca y zapatos náuticos.
El clima , como en el Estadio Nacional fue de tranquilidad, aunque el gimnasio de la Escuela estuvo tan colmado que un soldado anunció por altavoz que se interrumpía el acceso de los votantes.
"Quiero un cambio respecto del gobierno que tuvimos en estos últimos años, lo que no se hizo lo haremos la gente de derecha", afirma sin tapujos Tomás, 44 años y corredor de seguros, quien puntualizó que la inseguridad es el problema que más lo preocupa.
Por su parte, el ingeniero Hernán, 52 años, dice: "Creo que el país podría mejorar su situación porque estamos desperdiciando una muy buena oportunidad por el nivel de nuestro comercio exterior y necesitamos un cambio porque ya llevamos demasiado tiempo con las mismas autoridades"."Creo que habrá una continuidad, la mayoría está de acuerdo con el último gobierno y eso lo va a traducir con el apoyo a la candidata de la Concertación", señala, en cambio, el médico José Antonio, de 27 años. (Télam-SIN)







