Una tradición viviente

02 Noviembre 2005
El vistoso carnaval, por el Día de los Muertos, se celebra a lo largo y ancho de México. En algunos pueblos mayas de la Península de Yucatán, los residentes sacan los huesos de sus seres queridos de las tumbas, los limpian y los cuidan durante el ritual de dos días.

En el estado de Michoacán, los indígenas Purepecha hacen vigilias en los cementerios de los pueblos cercanos al lago Pátzcuaro en celebraciones que terminan tarde el 1 de noviembre cuando una flotilla de canoas navegan a una isla para darle la bienvenida a los muertos.

En todo el país las familias ponen altares en las casas, restaurantes y oficinas, convocando a casa a las almas de los muertos con fotografías y pertenencias queridas de los fallecidos en un arreglo entre calaveras de caramelo, chocolates y su comida o bebida favorita.

Las ofrendas incluyen "pan de muerto", un pan dulce cubierto de azúcar y decorado para parecer huesos, vasos de tequila y agua para calmar la sed del alma que regresa en un largo viaje desde el otro mundo.

Los periódicos se burlan de la vanidad de los vivos en Día de Muertos, publicando obituarios de broma en forma de verso, llamados "calaveras".

Pero muchos se quejan cada año de que la tradición está siendo erosionada por las costumbres de "Halloween" o "Día de Brujas" que vienen del otro lado de la frontera con Estados Unidos, aunque los pobladores de Mixquic dicen que las celebraciones están tan fuertes como siempre.

"Aquí nosotros acostumbramos a sepultar a los muertos, como en los tiempos antiguos. Ni Halloween, ni esta tendencia a la cremación va a cambiar nada", dijo Carmen Galindo, una florista de 69 años, mientras armaba su puesto con gladiolos y lilas fuera de la iglesia colonial. (REUTERS)

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