30 Octubre 2005 Seguir en 
El escenario social y político en el que se desarrollará a la Cumbre de las Américas que se realizará el viernes y sábado próximos en Mar del Plata, no es el mejor. El encuentro reunirá a los 34 jefes de Estado y de Gobierno del continente (con la excepción del líder cubano Fidel Castro).
Numerosas organizaciones argentinas e internacionales se preparan para manifestar su repudio por la presencia del presidente norteamericano, George W. Bush, por lo que es muy probable que el mandatario de la primera potencia mundial se encuentre con un clima agrio y de gran resentimiento hacia Estados Unidos y hacia la administración Bush en particular.
Michael Shifter, vicepresidente de "Diálogo Interamericano" y profesor de ciencias políticas en el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown, dijo, en relación con el clima interno -en la propia cumbre- que podría rodear al líder norteamericano: "especialmente ahora que Bush está tan débil políticamente en EEUU, los otros líderes se comportarán formales, pero distantes, reflejando lo tirantes que están las relaciones interamericanas".
Con realismo y objetividad, el analista político, en diálogo con la agencia de noticias alemana DPA, expresó: "sería demasiado esperar que haya muchos abrazos cálidos en este encuentro".Más allá de la tradicional antipatía hacia EE.UU. que se manifiesta en la mayoría de los países latinoamericanos, mucho es, evidentemente, lo que ha cambiado desde que se iniciaron las Cumbres, a principios de los ?90.
Como lo señala el politólogo de la Universidad Torcuato Di Tella, Fabián Calle, las Cumbres de los ?90 se movían sobre dos carriles: uno marcado por consensos en torno de la defensa de la democracia y la aplicación de políticas promercado y otro, más trabado y complejo, centrado en la cuestión de una mayor liberalización comercial frente a las políticas de subsidios agrícolas de EEUU.
En cambio, la presente edición se caracteriza por una multiplicidad de matices; entre otros: una sustancial desconfianza en las recetas económicas denominadas "neoliberales"; una gran preocupación por la situación social y del empleo, la precariedad institucional en muchos países; críticas más o menos abiertas a lo que se percibe como un exceso de unilateralismo de EEUU; una revalorización del rol orientador y moderador del Estado en temas económicos y sociales; un deterioro sustancial de la seguridad ciudadana derivado del aumento de actividades delictivas como el narcotráfico, el crimen organizado y la marginalidad social, y la existencia de un "rival ideológico-económico" que EEUU identifica en el eje Cuba-Venezuela.
Tampoco se puede dejar de lado las crecientes voces críticas (en especial desde sectores que ven con simpatía el proyecto bolivariano u otros de orientación indigenista) a la idea que la democracia sólo es tal si adquiere forma semejante a una "democracia liberal" del tipo occidental.
Todo este panorama está complementado por el viejo y siempre conflictivo tema de las trabas al libre comercio que deriva de prácticas proteccionistas de las potencias desarrolladas en el sector agropecuario (impedimento fundamental para un fluido avance del ALCA impulsado por EEUU).
En la Cumbre Iberoamericana, realizada recientemente en Salamanca, España, se intentó reforzar el proceso de integración con la creación de una Secretaría General permanente ocupada por el ex presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Enrique Iglesias. Frente a esto, Shifter dice que la pregunta es si Washington va a ver a la Cumbre Iberoamericana como rival o competidora de la Cumbre de las Américas.
Pero, mientras los analistas tratan de encontrar los pros y los contras que más trascenderán del encuentro y la ciudad comienza a cubrirse de medidas de seguridad, el intendente de Mar del Plata, Daniel Katz, muestra otros problemas que también existen. Reclamó mesura a los grupos que preparan la "anticumbre" para oponerse a la política de EEUU y a la visita de Bush. "Lo único que les pedimos es que respeten a Mar del Plata. En la ciudad Bush va a estar dos días y, si rompen una vidriera o pintan el frente de una casa ni se va a enterar. Sí se va a enterar el comerciante o el propietario que no se merece un daño de ese tipo", advirtió.
Por todo esto, el megaencuentro amaga con tener picos de tensión.
Numerosas organizaciones argentinas e internacionales se preparan para manifestar su repudio por la presencia del presidente norteamericano, George W. Bush, por lo que es muy probable que el mandatario de la primera potencia mundial se encuentre con un clima agrio y de gran resentimiento hacia Estados Unidos y hacia la administración Bush en particular.
Michael Shifter, vicepresidente de "Diálogo Interamericano" y profesor de ciencias políticas en el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown, dijo, en relación con el clima interno -en la propia cumbre- que podría rodear al líder norteamericano: "especialmente ahora que Bush está tan débil políticamente en EEUU, los otros líderes se comportarán formales, pero distantes, reflejando lo tirantes que están las relaciones interamericanas".
Con realismo y objetividad, el analista político, en diálogo con la agencia de noticias alemana DPA, expresó: "sería demasiado esperar que haya muchos abrazos cálidos en este encuentro".Más allá de la tradicional antipatía hacia EE.UU. que se manifiesta en la mayoría de los países latinoamericanos, mucho es, evidentemente, lo que ha cambiado desde que se iniciaron las Cumbres, a principios de los ?90.
Como lo señala el politólogo de la Universidad Torcuato Di Tella, Fabián Calle, las Cumbres de los ?90 se movían sobre dos carriles: uno marcado por consensos en torno de la defensa de la democracia y la aplicación de políticas promercado y otro, más trabado y complejo, centrado en la cuestión de una mayor liberalización comercial frente a las políticas de subsidios agrícolas de EEUU.
En cambio, la presente edición se caracteriza por una multiplicidad de matices; entre otros: una sustancial desconfianza en las recetas económicas denominadas "neoliberales"; una gran preocupación por la situación social y del empleo, la precariedad institucional en muchos países; críticas más o menos abiertas a lo que se percibe como un exceso de unilateralismo de EEUU; una revalorización del rol orientador y moderador del Estado en temas económicos y sociales; un deterioro sustancial de la seguridad ciudadana derivado del aumento de actividades delictivas como el narcotráfico, el crimen organizado y la marginalidad social, y la existencia de un "rival ideológico-económico" que EEUU identifica en el eje Cuba-Venezuela.
Tampoco se puede dejar de lado las crecientes voces críticas (en especial desde sectores que ven con simpatía el proyecto bolivariano u otros de orientación indigenista) a la idea que la democracia sólo es tal si adquiere forma semejante a una "democracia liberal" del tipo occidental.
Todo este panorama está complementado por el viejo y siempre conflictivo tema de las trabas al libre comercio que deriva de prácticas proteccionistas de las potencias desarrolladas en el sector agropecuario (impedimento fundamental para un fluido avance del ALCA impulsado por EEUU).
En la Cumbre Iberoamericana, realizada recientemente en Salamanca, España, se intentó reforzar el proceso de integración con la creación de una Secretaría General permanente ocupada por el ex presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Enrique Iglesias. Frente a esto, Shifter dice que la pregunta es si Washington va a ver a la Cumbre Iberoamericana como rival o competidora de la Cumbre de las Américas.
Pero, mientras los analistas tratan de encontrar los pros y los contras que más trascenderán del encuentro y la ciudad comienza a cubrirse de medidas de seguridad, el intendente de Mar del Plata, Daniel Katz, muestra otros problemas que también existen. Reclamó mesura a los grupos que preparan la "anticumbre" para oponerse a la política de EEUU y a la visita de Bush. "Lo único que les pedimos es que respeten a Mar del Plata. En la ciudad Bush va a estar dos días y, si rompen una vidriera o pintan el frente de una casa ni se va a enterar. Sí se va a enterar el comerciante o el propietario que no se merece un daño de ese tipo", advirtió.
Por todo esto, el megaencuentro amaga con tener picos de tensión.







