Valioso mecanismo para el diálogo

Punto de vista por Emilio J. Cárdenas, ex representante permanente de la república Argentina ante la ONU. Exclusivo para LA GACETA.

30 Octubre 2005
D ialogar es siempre clave porque supone acortar distancias, hablar y escucharse alternativamente, y -más aún- conversar en busca de avenencia y consensos.
Las Cumbres ocuparon un espacio que estaba vacío en la región, ya que la Organización de Estados Americanos (OEA) no previó en su estructura orgánica institucional un mecanismo de reunión periódica de las máximas autoridades de sus Estados miembro. Las Cumbres son un particular espacio político para las negociaciones al máximo nivel y un complemento adecuado de la actividad de la OEA.
La primera Cumbre (convocada por Bill Clinton) tuvo lugar en Miami (diciembre de 1994). Su tema central fue la posibilidad de establecer el ALCA para 2005, lo que obviamente no ocurrió. La conversación sobre el ALCA parece estar viva, pero luce subsidiaria a la posibilidad de encontrar acuerdos que permitan desarmar el proteccionismo agrícola en el marco más amplio de la Rueda Doha.
La Cumbre de Santiago (1998) tuvo como tema central la educación. La tercera, en Québec (2001), tuvo en el centro del diálogo la cuestión del ALCA. Luego vino la Cumbre Extraordinaria de Nueva León, en México (2004), donde se dialogó sobre crecimiento con equidad, reducción de la pobreza, desarrollo social y gobernabilidad democrática.
Ahora llega la de Mar del Plata. Su temario es rico. Se pretende renovar el compromiso para poner al ALCA en marcha, cuestión que ahora es espinosa. También, discutir temas como patentes, finanzas públicas, distribución del ingreso, conversión de deuda por educación (a lo que debería agregarse salud), promoción de exportaciones, compromiso en la lucha contra el terrorismo y otros.
La declaración que la Cumbre expresará el consenso de jefes de Estado tan distintos como George W. Bush y Hugo Chávez. No es tarea fácil. Pero su resultado ayudará a definir una visión conjunta del futuro, a partir de, al menos, aquellas cosas en las que la región coincide.
Después de Mar del Plata, un Grupo de Revisión e Implementación de la Cumbre deberá hacer su trabajo. Estará presidido por la Argentina, pero su coordinación quedará a cargo de tres países. El que organizó la Cumbre pasada; el que está a cargo de la Cumbre en curso; y el que será anfitrión en la Cumbre futura. Esto es positivo porque supone el necesario seguimiento, que permite advertir siempre dónde están los atrasos y cuáles son las falencias. Pero también se podrá medir el éxito que la región tiene en implementar efectivamente los acuerdos de sus líderes.