30 Octubre 2005 Seguir en 
La historia de las Cumbres de las Américas muestra como estas tienden a reflejar el espíritu de cada época. O sea "el saber convencional" imperante en temas políticos, económicos, sociales y de política exterior. En este sentido, la Cumbre de Mar del Plata es heredera de un conjunto de factores que conmovieron al hemisferio y a la región en los últimos años: las crisis económicas de Brasil (1999) y la más traumática crisis sufrida por la Argentina (1998 a 2002); los ataques terroristas del 11/9; el lanzamiento del Plan Colombia; el ascenso de Chávez al poder y su consolidación política, ideológica y económica; los colapsos políticos y los estallidos sociales en Bolivia y en Ecuador, etc. No es casual entonces que entre los puntos de relativa convergencia y consenso para esta Cumbre se traten el tema de la lucha contra la pobreza y la corrupción, la generación de empleo y la cooperación frente al terrorismo, entre otros.
En este escenario con nuevos y viejos problemas y desafíos, cada uno de los países clave de la región refleja en las negociaciones para la redacción final del documento algunos de los elementos clave de sus actuales políticas exteriores y de seguridad:
1) La Argentina busca lograr un equilibrio entre una alianza informal con EEUU en materia de lucha contra el terrorismo y el narcotráfico. Cuenta con un respaldo puntual de Washington en las negociaciones con el FMI, mientras destaca la necesidad de moderar la política de subsidios agrícolas de la potencia del Norte; 2) Brasil, en un contexto nacional complicado por los escándalos de corrupción y de una sucesión de golpes a las ambiciones de Brasilia de lograr una banca permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, así como las presidencias del BID y de la OMC, el gobierno de Lula trata de evitar que EEUU imponga una aceleración de las negociaciones del ALCA; 3) Chile actúa junto a EEUU en temas como el comercio, calidad institucional, políticas promercado y lucha contra la corrupción; 4) Venezuela presenta una estrategia a la ofensiva en lo político, en lo ideológico y en lo económico, y busca mostrarse como paradigma alternativo de los intereses de Washington. Su acercamiento al Mercosur y su política de acuerdos petroleros, comerciales y de compra de bonos de deuda externa de países de la región son reflejo de ello.
En este contexto, no cabe otra cosa que ser realista y minimalista al momento de proyectar qué puede dejar de concreto la Cumbre. Pero dado lo complejo del escenario es de por sí todo un éxito que se logren los consensos básicos que reflejaría el documento final.
En este escenario con nuevos y viejos problemas y desafíos, cada uno de los países clave de la región refleja en las negociaciones para la redacción final del documento algunos de los elementos clave de sus actuales políticas exteriores y de seguridad:
1) La Argentina busca lograr un equilibrio entre una alianza informal con EEUU en materia de lucha contra el terrorismo y el narcotráfico. Cuenta con un respaldo puntual de Washington en las negociaciones con el FMI, mientras destaca la necesidad de moderar la política de subsidios agrícolas de la potencia del Norte; 2) Brasil, en un contexto nacional complicado por los escándalos de corrupción y de una sucesión de golpes a las ambiciones de Brasilia de lograr una banca permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, así como las presidencias del BID y de la OMC, el gobierno de Lula trata de evitar que EEUU imponga una aceleración de las negociaciones del ALCA; 3) Chile actúa junto a EEUU en temas como el comercio, calidad institucional, políticas promercado y lucha contra la corrupción; 4) Venezuela presenta una estrategia a la ofensiva en lo político, en lo ideológico y en lo económico, y busca mostrarse como paradigma alternativo de los intereses de Washington. Su acercamiento al Mercosur y su política de acuerdos petroleros, comerciales y de compra de bonos de deuda externa de países de la región son reflejo de ello.
En este contexto, no cabe otra cosa que ser realista y minimalista al momento de proyectar qué puede dejar de concreto la Cumbre. Pero dado lo complejo del escenario es de por sí todo un éxito que se logren los consensos básicos que reflejaría el documento final.








