Formar un equipo para convertir más goles

Por Mara Tomas-Humberto D´Arterio, consultores de Recursos Humanos. Las tendencias actuales marcan que el personal debe actuar como un conjunto.

30 Octubre 2005

¿Qué acude a la mente cuando se dice equipo? Con seguridad, en muchos aparece la imagen de un grupo de jugadores, vistiendo los mismos colores y yendo tras una pelota, no importa cuál sea su forma, tamaño o textura; no importa si deba pasar por un arco, un cesto en altura o una red de medio campo.
En la infancia y en la adolescencia, el equipo era ese: el del deporte que nos gustaba practicar. Más allá de que fuera fútbol, rugby, básquet o voley, nos quedaba claro que si queríamos ganar, debíamos jugar con una visión de conjunto y no cada uno por separado. De hecho, los jugadores individualistas que buscaban ser la estrella del espectáculo, terminaban pronto en el banco de suplentes. Lo que nuestros entrenadores querían mostrarnos era que el equipo iba al fracaso si no funcionábamos a favor de la meta común.
En las empresas de nuestro medio, los equipos son aún muy recientes como para evidenciar de manera clara lo que representa esta modalidad de trabajo. Sin embargo, podrán obtener grandes resultados si logran transferir el modelo deportivo desde el campo de juego hacia el ámbito de la oficina moderna.
Los equipos de trabajo hoy se constituyen en formas diversas: comisiones, directorios, grupos gerenciales, autodirigidos, de tareas especiales y otros. El foco se sitúa en el objetivo que se fija el grupo; como en el fútbol, donde la mira de todos se dirige al arco y cada integrante del equipo hace lo que le compete para obtener el resultado de conjunto: convertir un gol. Pero trabajar en equipo crea una controversia cultural en la sociedad occidental: durante décadas se ha dado un alto valor al trabajo individual, a la competencia, a la búsqueda de logros personales en rivalidad con los otros.
Si a un debate de ideas, una de las partes se presenta con asesores de alto nivel y la otra lo hace sola, ¿no pensamos que el primero es débil y se presenta con apoyo por no saber lo suficiente? En cambio, ¿tendemos a considerar muy preparado al que asiste solo, deduciendo que no necesita a nadie para debatir de manera apropiada? Esto demuestra el carácter individualista de nuestras valoraciones. A menudo para nuestra sociedad, trabajar en equipo parece ser un signo de debilidad. Pero ese concepto, iniciando la modernidad, debe ser transformado.
Trabajar en equipo implica la necesidad de adquirir ciertas habilidades, como adaptabilidad, comunicación, negociación, relaciones interpersonales, delegación y resolución de conflictos entre otras. Y está comprobado que todas ellas mejoran el desempeño de las personas e incrementan su motivación en el trabajo. Alcanzarlas exige fortalezas personales sustanciales que obrarán en beneficio del equipo; todo lo contrario al planteo de debilidad desplegado por el imaginario social.

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