Dólar por las nubes

Por José Calero. Preocupa el impacto sobre los precios.

30 Octubre 2005

BUENOS AIRES.- En sus habituales reuniones con economistas afines, el ministro Roberto Lavagna siempre dio indicios de que la banda más cómoda para la cotización del dólar era la que iba de $ 2,90 a $ 3. "Nunca más debemos tener un peso sobrevaluado", repitió Lavagna en cada uno de esos encuentros, pero también dio pistas concretas de que un dólar por las nubes echaría por tierra con los principales fundamentos del plan. El recalentamiento que la divisa registró en los últimos días amenaza con desbaratar, de profundizarse, parte de la estrategia económica, porque podría llevar la inflación a niveles indeseados.
Por ahora, no se encendieron luces rojas en el Palacio de Hacienda, que observa a esta escalada más como la confluencia coyuntural de factores internos -casi no se están liquidando divisas- y externos -un reposicionamiento de los grandes jugadores del mercado ante una esperada suba de tasas en EE UU-, que como una tendencia a reafirmarse en las próximas semanas. Sin embargo, preocupa al gobierno por el impacto que tendrá sobre los precios. El presidente Néstor Kirchner está convencido de que existe en la economía una "horda" de especuladores que aprovechan cualquier descalabro en el mercado para hacer su "agosto". Kirchner llama formadores de precios a quienes defenestra con el mismo énfasis que reclama hacer tronar el escarmiento sobre ellos. Ya condenó a lo largo de la campaña electoral a los supermercadistas; antes, había atacado a Shell cuando el crudo estaba por las nubes y la compañía se animó a subir los precios en los surtidores. Desde el Gobierno también tendrían en la mira a las empresas lácteas, que marcan el humor de los consumidores en las góndolas, y lo mismo ocurre con los frigoríficos que desempeñan un rol clave en la formación del precio de los cortes de carne. Pero en medio de tanta furia, Kirchner parecería ser también consciente de que enojarse rinde frutos desde la tribuna, pero es poco fructífero a la hora de cosechar el apoyo de los mercados.
El Gobierno aún no logró dar la imagen de confianza necesaria para que se produzca un retorno significativo de capitales del exterior, y Kirchner lo sabe. A esto lo advirtió Lavagna antes de las elecciones y ahora Kirchner pretende animarla con una ola de obras públicas. Más de un gobernador fue nervioso a la Rosada con la excusa de felicitar al Presidente, pero en realidad estaba más preocupado por saber si los fondos prometidos al calor de la campaña llegarán finalmente a sus pagos. A todos, los recibió con una sonrisa y les ratificó que esa plata ya está prevista. "No vamos a caer en ninguna receta ortodoxa. Ni suba de tasas ni enfriamiento de la economía. Vamos por todo", le confió Kirchner -té y agua mineral mediante- a uno de los mandatarios. Tal vez como nunca en esta etapa democrática que ya lleva 22 años, la Argentina parece convencida de un rumbo económico que caló hondo en buena parte de la población.

Respaldo a Lavagna
Ese consenso en torno del plan económico no pasa desapercibido para Kirchner; por eso decidió respetarle el espacio a Lavagna. El Presidente tomó nota de que una parte del triunfo electoral se debe a la coherencia mostrada en la marcha de la economía, y no parece dispuesto a rifar ese handicap. Lavagna seguirá manejando los hilos de la economía, aunque Kirchner no le dará carta blanca y seguirá pivoteando con uno de los hombres que mejor lo interpreta en el gabinete, el ministro de Planificación, Julio de Vido, figura clave en el rumbo de la obra pública. No sería la única forma de marcarle la cancha a Lavagna, si se confirma de que el ex presidente del BCRA Alfonso Prat Gay -quien debió irse por un cortocircuito con el ministro de Economía- es uno de los candidatos in pectore que tiene Kirchner para reemplazar a Rafael Bielsa en la Cancillería. (NA)

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