30 Octubre 2005 Seguir en 
"Tucumán debería producir bienes en los cuales tiene ventajas comparativas. Esto es, si somos mejores que otras provincias (u otros lugares del mundo) para producir un determinado bien, es de esperar que nosotros tendríamos que producir dicho bien. Ser mejores implica tener costos comparativos más bajos o bien productividad más alta". La apreciación corresponde al profesor titular de la Cátedra de Economía Agrícola de la UNT, Raúl García.
Resalta que la esencia de la ventaja comparativa radica en que el individuo hace las cosas que mejor sabe hacer. "Si una persona es buena para dar clases y no para arreglar las canillas que gotean en su casa, lo lógico es que trabaje como profesor y contrate un plomero para el arreglo de las canillas. Con las economías ocurre lo mismo", dice García.
Con respecto a la instrumentación de regímenes especiales para fomentar la radicación de industrias, se manifiesta escéptico. "Los regímenes especiales se constituyen sobre argumentos como la necesidad de facilitar el proceso de aprendizaje (industria infante) o de objetivos geopolíticos, entre otros. Se asume que cuando desaparezca ese argumento, el régimen desaparecerá y la empresa subsistirá sin ?el privilegio?. La experiencia nos muestra que las empresas beneficiadas nunca aprenden o que los objetivos geopolíticos nunca desaparecen", expresa.
Estima García que el criterio es el de las ventajas comparativas. pero, se pregunta, ¿cómo se sabe qué actividad tiene ventajas comparativas? "Los empresarios saben que cuando los costos son mayores que los beneficios deben dejar de operar. En ese caso no tienen ventajas comparativas y será necesario reconvertirse".
En cuanto a la reconversión económica afirma que no es una decisión fácil. "Implica cerrar un empresa, dejar personas sin trabajo, buscar nuevas oportunidades de negocios. Mientras todo eso ocurre el tiempo pasa y los que quedaron desempleados y no consiguen un nuevo empleo presionan al gobierno para ?que haga algo?. Se viven momentos de mucha angustia y frustración".
Resalta que la esencia de la ventaja comparativa radica en que el individuo hace las cosas que mejor sabe hacer. "Si una persona es buena para dar clases y no para arreglar las canillas que gotean en su casa, lo lógico es que trabaje como profesor y contrate un plomero para el arreglo de las canillas. Con las economías ocurre lo mismo", dice García.
Con respecto a la instrumentación de regímenes especiales para fomentar la radicación de industrias, se manifiesta escéptico. "Los regímenes especiales se constituyen sobre argumentos como la necesidad de facilitar el proceso de aprendizaje (industria infante) o de objetivos geopolíticos, entre otros. Se asume que cuando desaparezca ese argumento, el régimen desaparecerá y la empresa subsistirá sin ?el privilegio?. La experiencia nos muestra que las empresas beneficiadas nunca aprenden o que los objetivos geopolíticos nunca desaparecen", expresa.
Estima García que el criterio es el de las ventajas comparativas. pero, se pregunta, ¿cómo se sabe qué actividad tiene ventajas comparativas? "Los empresarios saben que cuando los costos son mayores que los beneficios deben dejar de operar. En ese caso no tienen ventajas comparativas y será necesario reconvertirse".
En cuanto a la reconversión económica afirma que no es una decisión fácil. "Implica cerrar un empresa, dejar personas sin trabajo, buscar nuevas oportunidades de negocios. Mientras todo eso ocurre el tiempo pasa y los que quedaron desempleados y no consiguen un nuevo empleo presionan al gobierno para ?que haga algo?. Se viven momentos de mucha angustia y frustración".







