Demasiado rápido

Análisis. Por Juan Carlos Di Lullo.

30 Septiembre 2005
No pudo envejecer, defraudar a su público o declinar en la popularidad. Los años no tuvieron la oportunidad de arruinar el romance de las cámaras con su rostro perfecto. Los tres filmes que dejó lo muestran como un gran actor, y no quedó margen para comprobar si sólo fueron elecciones afortunadas o si sus dotes interpretativas eran las de un elegido. Fuera del set, fue alguien a quien hoy se hubiera llamado "políticamente incorrecto". Se opuso públicamente a la guerra en Corea y con frecuencia escandalizaba a quienes lo rodeaban con actitudes excéntricas. Y el turbulento final del romance de su vida parece sacado de un libreto de Hollywood. Murió muy joven, y todo en su vida fue rutilante y efímero. ¿Qué sentido tiene preguntarse cómo hubiera sido a los 74 años? Los mitos no se explican; los ídolos no se interpretan: nacen, encandilan con su brillo y mueren. Y los rescata para siempre la memoria de millones de personas. Tal como pasó con James Dean.

Tamaño texto
Comentarios
NOTICIAS RELACIONADAS