Volonté demostró su talento

La voz de la tanguera alcanzó registros particulares, sobre todo cuando cantó a capella un fardo portugués

18 Junio 2005
María Volonté demostró que tiene una voz talentosa para cualquier música, pero un porte de tanguera inconfundible. A pesar de los problemas de sonido que sufrió (debió cambiar tres veces el micrófono), su voz alcanzó registros particulares, pero seguramente fue cuando cantó a capella un fardo portugués cuando alcanzó su plenitud en la noche del jueves.
Al parecer, el frío y la lluvia amedrentaron a los tangueros, y fueron decididamente muy pocos los que pudieron gozar del espectáculo. "Si les gustó, coméntenle a sus amigos y parientes, para que la próxima vez que estemos aquí no quepa un alfiler", les pidió la cantante a los espectadores. Volonté, acompañada por César Angeleri (guitarra), Martín Keledjian (contrabajo) y Luciano Jungman (bandoneón), hizo un recorrido por la música ciudadana, incursionando en diferentes estilos: desde "La pulpera de Santa Lucía" hasta "Sur: regreso al amor", de Astor Piazzolla. Y no se olvidó de "El día que me quieras" (de Carlos Gardel) ni de clásicos como "La cumparsita", "El último café", "El choclo" y "Malena", con los que pudo calentar a un sector de la platea y arrancar algunos coros. Impregnando en los temas la mirada femenina ("la mujer fue protagonista desde sus comienzos", señaló), se despachó con "Atenti, pebeta", sugiriéndole a algunas damas de la platea, "tomar en cuenta los consejos". "En el amor hay que darlo todo y no pensar en el vuelto", indicó, y entonó un tema de su autoría, "Cornisas del corazón" (de 1999), en el que una pícara mujer logra engañar a su conquistador y dejarlo varado en París.
Pero no fue una noche de tango, nada más. Volonté interpretó el clásico vals de Chabuca Granda, "La flor de la canela", una chacarera, que el público acompañó con sus palmas, y cerró, finalmente (luego de una hora y media de show), con un emocionado "Como dos extraños".

Tamaño texto
Comentarios