Cartas de lectores: Don Orione, un corazón que volvió a Argentina

El 9 el papa León XIV llegará al Pequeño Cottolengo Don Orione, en Claypole, Buenos Aires. Allí encontrará a quienes viven y trabajan en esa verdadera ciudad de la caridad. Pero detrás de esa visita papal hay una historia que merece ser contada. Es la historia de un sacerdote italiano que amó profundamente a la Argentina y que, antes de regresar definitivamente a Italia, dejó una promesa que habría de cumplirse de una manera extraordinaria. Luis Orione nació en Pontecurone, Italia, en 1872. Fue alumno de San Juan Bosco en Turín y se ordenó sacerdote en 1895. Desde muy joven se dedicó a los pobres, los niños abandonados, los enfermos y todos aquellos que la sociedad dejaba al margen. En 1903 fundó la Pequeña Obra de la Divina Providencia, que habría de extenderse por numerosos países. Su vida quedó resumida en una frase: “Sólo la caridad salvará al mundo”. Llegó por primera vez a la Argentina en 1921 y regresó entre 1922 y 1924. Pero fue durante su tercera permanencia, entre 1934 y 1937, cuando su obra adquirió una dimensión decisiva. Recorrió el país, predicó, fundó comunidades y multiplicó sus iniciativas destinadas a los más necesitados. El 28 de abril de 1935 colocó personalmente la piedra fundamental del Pequeño Cottolengo de Claypole. El terreno tenía 21 hectáreas y entonces parecía estar en medio del campo. Un año después, el 21 de mayo de 1936, el Cottolengo abría sus puertas con seis pabellones y una iglesia. Cuando regresó a Italia, Don Orione había quedado profundamente unido a nuestro país. En una carta de 1937 escribió: “En Argentina he hallado para siempre mi segunda patria”, y expresó su deseo de volver “vivo o muerto”. Y volvió. No regresó con sus pasos por las calles que había recorrido décadas antes. Volvió su corazón. Y quedó allí, precisamente en Claypole, junto a aquellos pobres, enfermos y desamparados a los que había querido dedicar su vida. El Papa llegará a una obra fundada por un santo y podrá encontrarse con quienes fueron durante décadas el centro de su caridad. Y probablemente rezará también ante aquella reliquia que representa, de algún modo, el cumplimiento de una antigua promesa. Hay, además, una pequeña historia personal que me une a Claypole. Solo una vez estuve allí, en los años 70, cuando un hermano de mi madre tenía una casa quinta en esa localidad. Fui con mis padres a visitarlo y, desde Claypole, seguimos viaje hasta Glew para conocer la pequeña iglesia donde Raúl Soldi estaba realizando sus célebres pinturas. Nunca imaginé entonces que aquel Claypole de quintas, caminos de tierra y paisaje rural algún día recibiría la visita de un Papa. Seguramente tampoco lo imaginaban mi tío, mis padres ni yo. Don Orione falleció el 12 de marzo de 1940 y, cuando su cuerpo fue exhumado en 1965, se encontró intacto. Fue puesto en el Santuario de la Virgen de la Guardia de Tortona, Italia. Juan Pablo II lo beatificó en 1980 y lo canonizó en 2004. El 29 de agosto del año 2000, su corazón fue traído desde Italia a la Argentina y depositado como reliquia en el Cottolengo. Don Orione prometió volver, vivo o muerto. Volvió su corazón, y quedó para siempre en Claypole. Ahora, un Papa llegará hasta allí para rezar ante él.

Juan L. Marcotullio

Marcotulliojuan@gmail.com

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