La ética pública no se reduce a meros logros macroeconómicos, como arrogantemente pretenden instalar sectores que disocian el superávit fiscal de la realidad social. En su carta “Ética y función pública”, el lector Juan Manuel García González cita correctamente a Platón en “La República”, para recordarnos que un Estado justo, exige que cada orden cumpla su misión. Sin embargo, su análisis incurre en una flagrante contradicción conceptual y una grave amnesia histórica. Exigir “valores” abstractos, ignorando los principios operativos que materializan la justicia, es caer en un idealismo estéril. Un funcionario público comprometido con el bienestar colectivo sabe que el principio rector de la gestión es la defensa de la soberanía y la dignidad de su pueblo. De nada sirve proclamar la templanza platónica si, en la praxis política, se avala la entrega patrimonial a especuladores financieros vinculados a corporaciones globales, o se legitima la crueldad tecnocrática de Caputo, Sturzenegger y los hermanos Milei, quienes subordinan el bienestar popular a la timba financiera. Una persona puede ser constante, trabajadora, fiel con su equipo de trabajo (son sus valores), pero dedicarse a estafar (presuntamente) a miles de personas como en el caso $Libra, solo por citar un ejemplo (esos son sus principios). Los principios de una persona, Sr. García González, son los que organizan y dejan expresar a sus valores en la vida cotidiana. La verdadera justicia no radica en justificar el desamparo con estadísticas deshumanizadas, sino en la sintonía ética entre el gobernante y su comunidad. Platón señalaba que la injusticia es el dominio que va contra la naturaleza y, sin lugar a duda, no hay nada más opuesto a la naturaleza de una Patria, que someter a sus trabajadores y jubilados, al desamparo en nombre de dogmas de mercado. La ética pública es, por definición, nacional y popular. El funcionario justo no es un burócrata frío condicionado por el capital transnacional, sino aquel que asume la responsabilidad histórica de edificar una comunidad organizada, donde la economía esté verdaderamente al servicio del bienestar del hombre.
Javier Ernesto Guardia Bosñak
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