Sumar datos idealistas como los créditos hipotecarios, swaps condicionales y proyecciones futuras no significa tener respaldo financiero para frenar una corrida cambiaria de alto riesgo para el gobierno. Para los operadores del mercado el blindaje presidencial de U$S 125.000 millones es una billetera ficticia porque se trata de un registro contable sin la solidez financiera necesaria para detener una crisis cambiaria impulsada por la presión al tipo de cambio. Las corridas cambiarias no se controlan con una contabilidad dibujada; se las frenan con dólares líquidos y disponibles porque la fragilidad financiera a la vista de los mercados es una debilidad política. Al confrontar las reservas líquidas del Banco Central con los U$S 125.000 millones, el peregrinaje de Caputo a Bangkok para destrabar U$S 869 millones y las ganancias obtenidas por el Deutsche Bank por la intermediación de Caputo en las maniobras con el oro, encendió las alarmas de una posible crisis cambiaria imposible de frenar con una billetera dibujada. En repuesta a la fantasía presidencial, el FMI reaccionó recortando las proyecciones de crecimiento del PBI, que se traducen en recesión económica, aumento de la inflación, del desempleo, del riesgo para negociar la deuda etc. Simultáneamente el JP Morgan subió el riesgo país hasta los 710 puntos básicos como repuesta al presidente por la sobreactuación en temas que no son de su dominio. La drástica e inmediata reacción del mercado al anuncio del Presidente muestra que las estatuillas barnizadas y los tibios aplausos en sus numerosas conferencias fueron la zanahoria para lograr la colonización del país y la apropiación de sus recursos naturales.
José Emilio Gómez
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