El juicio por el crimen de Érika: “Sosa no la mató y vamos a demostrarlo”, dijo el defensor del acusado.

En una primera audiencia marcada por la tensión, la Fiscalía pidió perpetua para “El Militar” y seis años para los otros dos acusados. Las defensas rechazaron los cargos y anticiparon sus estrategias.

JUICIO. “Sosa no mató a Érika y eso lo vamos a probar”, dijo el abolgado de El Militar. LA GACETA/FOTO DE ANALÍA JARAMILLO
JUICIO. “Sosa no mató a Érika y eso lo vamos a probar”, dijo el abolgado de "El Militar". LA GACETA/FOTO DE ANALÍA JARAMILLO

Resumen para apurados

  • En Tucumán comenzó el juicio contra Felipe Sosa, acusado de asesinar a golpes a Érika Álvarez en enero, hecho por el cual la fiscalía solicitó la pena de prisión perpetua.
  • La fiscalía acusa a Sosa y a dos presuntos cómplices de ocultar el cuerpo y alterar pruebas, mientras que la defensa sostiene su inocencia y cuestiona las pericias médicas.
  • El juicio oral se extenderá hasta el 11 de diciembre, fecha en que el tribunal definirá las condenas por femicidio y encubrimiento agravado bajo fuerte expectativa pública.
Resumen generado con IA

Bajo un fuerte clima de tensión, se desarrolló la primera audiencia del juicio por el crimen de Érika Antonella Álvarez. La jornada estuvo signada por los planteos que anticiparon lo que podría suceder a lo largo del debate que, según las estimaciones, finalizaría el 11 de diciembre.

El fiscal Pedro Gallo confirmó la teoría del caso que viene sosteniendo desde hace varios meses. Según su hipótesis, la joven fue asesinada a golpes por Felipe “El Militar” Sosa durante la madrugada del 7 de enero en su casa de Yerba Buena. Luego, según expuso, se deshizo del cuerpo de la víctima en un descampado de Manantial Sur. Reiteró su pedido de prisión perpetua para el acusado por el delito de femicidio.

Sobre Justina Gordillo, empleada judicial y expareja de Sosa, dijo que ayudó a ocultar el cuerpo, eliminar pruebas y rastros, brindar información y buscar un beneficio económico a partir de la situación que atravesaba el principal imputado. Solicitó que sea condenada a seis años de prisión por encubrimiento triplemente agravado.

Para Jorge “Chicho” Díaz, empleado de confianza del “Militar”, solicitó la misma pena porque, a su criterio, eliminó pruebas y escondió un arma de fuego que le había entregado Sosa. También recordó que Nicolás Navarro Flores fue condenado mediante un juicio abreviado a tres años de prisión de cumplimiento efectivo. “A lo largo del debate, señores jueces, podrán confirmar, con los testimonios, las pericias y las pruebas, esta teoría del caso”, indicó Gallo.

“Las defensas técnicas de los acusados básicamente lo que van a decir es que aquí no ha pasado nada, que esto fue un accidente, que hay que buscar por otro lado. Pero nosotros les vamos a demostrar qué pasó y vaya que pasó mucho. Érika fue brutalmente asesinada por Sosa en el interior de su domicilio. A partir de allí, la gente más cercana a él, es decir, Gordillo, Díaz y Navarro, pusieron en marcha todo un despliegue de maniobras y recursos destinados a que este hecho quede impune, quede en la nada”, añadió.

A LA IZQUIERDA. Justina Gordillo, empleada judicial y expareja de Sosa. LA GACETA/FOTO DE ANALÍA JARAMILLO A LA IZQUIERDA. Justina Gordillo, empleada judicial y expareja de Sosa. LA GACETA/FOTO DE ANALÍA JARAMILLO

“A lo largo de la investigación hemos observado el trabajo que se hizo. Hemos llegado a la conclusión de que la prueba recolectada es abrumadora. Compartimos en un todo lo sostenido por el representante del Ministerio Público”, sostuvo Carlos Garmendia, querellante en representación de los padres de la víctima.

La postura de la defensa de Sosa

“Sosa no mató a Érika y eso lo vamos a probar”, sostuvo Marcelo Cosiansi, defensor del acusado de femicidio. “Lo primero que debemos aclarar es que una persona que mata a alguien no llama a todo el mundo para avisar lo que hizo”, señaló el letrado ante el silencio generalizado de la sala de audiencias.

El defensor, que trabaja junto con el abogado Rubén Flores, adelantó que cuestionará los resultados de las pericias que realizaron los forenses. “Tres médicos diferentes llegaron a conclusiones distintas. Eso fue porque pretendieron demostrar que mi asistido fue el autor del crimen. No estamos diciendo que Érika no haya muerto en su casa, decimos que él no la mató”, insistió durante los alegatos de apertura.

“Antes que nada, me gustaría pedirle disculpas a la familia de Érika porque aquí vamos a tocar varios temas sensibles”, anticipó Cosiansi. “Acá hay una realidad: ella estaba relacionada con un narco poderoso. Esa línea nunca se investigó. Habría que profundizarla porque puede tener que ver con el crimen. No se puede descartar nada”, añadió.

“Sosa entró en pánico y decidió, erróneamente, ocultar el cuerpo para evitar sufrir algún tipo de represalias. Hasta a mí, al descubrir tantos nombres de personas vinculadas al tráfico de drogas, me dio miedo”, sostuvo.

Un rechazo punto por punto

María Florencia Abdala y Camilo Atim rechazaron de lleno las acusaciones formuladas por Gallo. “Se dice que ella ayudó a esconder el cuerpo de la víctima. Según la investigación, el cuerpo fue abandonado el jueves, en el horario en que ella estaba trabajando. Se puede hablar de sus ingresos y egresos de la vivienda de Sosa, pero fueron después de que el cuerpo ya había sido arrojado en el lugar donde se la encontró”, indicó Atim.

“Tampoco se la puede acusar de haber borrado rastros por haber retirado y estacionado en la casa del imputado una camioneta de un lavadero al que ella no la había llevado. Cumplió con una orden que le había dado Sosa”, añadió.

Abdala, por su parte, cuestionó que se le haya atribuido participación en un supuesto plan de fuga y la búsqueda de un beneficio económico. “Se demostrará que se había pactado un viaje de vacaciones para esa fecha. Ella, con una autorización judicial, viajaría a Buenos Aires con las dos hijas de Sosa para encontrarse con él. Tampoco nos dicen cómo, cuándo y dónde habría consistido su colaboración”, indicó. “Sobre la moto que supuestamente compró ella para que él se fugara, él la adquirió, él la retiró y él la tenía en su poder. Decidieron ponerla a su nombre, pero ella nunca la tuvo”, aclaró.

“El poder que firmó tiene que ver con un proyecto familiar y nada más. No hubo ni una transferencia a su nombre y la única extracción fue de $1 millón para señar un departamento que él estaba por ocupar”, finalizó Abdala.

La mala suerte de un trabajador

“Tuvo la mala suerte y la desgracia de haber ido a trabajar el 7 de enero a la casa de su jefe. Él está aquí por la desgracia de presentarse en ese lugar”, sostuvo Juan Pablo Bello, defensor de Díaz. “Vamos a probar que volvió a la vivienda porque se había dejado el celular”, añadió durante su alegato de apertura.

ACUSADO. Jorge 'Chicho' Díaz, empleado de confianza de Sosa. LA GACETA/FOTO DE ANALÍA JARAMILLO ACUSADO. Jorge 'Chicho' Díaz, empleado de confianza de Sosa. LA GACETA/FOTO DE ANALÍA JARAMILLO

Bello relató que Díaz se presentó el 6 de enero para cambiar las cubiertas de la moto de Sosa, tal como se lo había ordenado. Coordinaron que regresaría al día siguiente a colocárselas y cortar el césped. “No sólo cumplió con lo que pidió su empleador, sino que además, tal como se lo había solicitado, llevó una escopeta a la base de una agencia de seguridad. Por esa razón, desde hace ocho meses está detenido”, finalizó.

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