Mide 180 km y sobrevivió 4.500 años: cuál es y dónde está la planta más grande del mundo
Investigadores descubrieron que una gigantesca pradera marina de 200 kilómetros cuadrados en Australia es, en realidad, un único organismo clonado. Con 4.500 años de antigüedad y una condición genética poliploide única, el ejemplar enfrenta los desafíos del cambio climático tras sobrevivir a milenios de evolución.
Resumen para apurados
- Científicos hallaron en 2022 en Shark Bay, Australia, la planta más grande del mundo: una pradera marina clonada de 180 km generada a partir de una única semilla hace 4.500 años.
- Mediante análisis de ADN, los expertos confirmaron que este organismo poliploide creció sin cesar por rizomas, resistiendo aguas extremas gracias a su genética duplicada.
- El espécimen sostiene un hábitat clave y almacena carbono, pero el calentamiento global y las olas de calor marino amenazan su supervivencia y la estabilidad del ecosistema.
Hacia el fondo poco profundo de la bahía de Shark Bay, frente a las costas del sur de Australia, la vida terrestre encuentra sus análogos entre pastizales de un verde brillante que en nada se parecen a las algas posadas sobre la composición marina de rocas y suelo. Raíces, tallos, flores y hasta frutos surgen de esta inmensa vegetación que, a la vista ingenua, pareciera una colonia de seres homólogos, pero que sorprende por su inmensidad: un único espécimen clonado que se expandió masivamente por 180 kilómetros de suelo marino.
En el año 2022, científicos de la Universidad de Australia Occidental (UWA) descubrieron este ejemplar que antecedió a grandes eras del planeta Tierra, el cual surgió de una sola semilla y desde allí cruzó el tiempo unos 4.500 años. La llave del pasado está en las aguas poco profundas de Shark Bay, donde la Posidonia australis, una variedad que a su suerte y sin ninguna intervención humana logró extenderse hasta convertirse en el vegetal más grande del mundo.
El hallazgo genético que asombró a la ciencia
Conocida también como hierba de bola de fibra, hierba de cinta o "hierba de Poseidón", la Posidonia australis se encuentra comúnmente a lo largo de las costas del sur de Australia. Inadvertida durante mucho tiempo, se pensaba que se trataba de una multiplicidad de plantas, hasta que la curiosidad llevó a los expertos a analizar genéticamente el fondo marino.
“A menudo nos preguntan cuántas plantas diferentes crecen en las praderas marinas y esta vez utilizamos análisis de ADN para responder a esa pregunta”, afirmó la bióloga evolutiva y coautora, la Dra. Elizabeth Sinclair, de la Facultad de Ciencias Biológicas y del Instituto de los Océanos de la UWA, en un comunicado.
Más de 200 kilómetros cuadrados de una misma planta
Así pues, utilizaron técnicas de secuenciación para intentar resolver la incógnita. “La respuesta nos dejó boquiabiertos: ¡solo había una!”, añadió Jane Edgeloe, estudiante e investigadora de la UWA. “Una sola planta se extendió a lo largo de más de 180 km en Shark Bay, convirtiéndose en el ser vivo más grande conocido en la Tierra”, completó.
Los biólogos detectaron que de una semilla creció la Posidonia australis, la cual cubre unos 200 kilómetros cuadrados (77 millas cuadradas, unos 20.000 campos de rugby o poco más de tres veces el tamaño de la isla de Manhattan).
Muestras de laboratorio y un hábitat vital
Edgeloe explicó que se examinaron unos 18.000 marcadores genéticos en busca de variaciones que pudieran ayudar a seleccionar ejemplares para proyectos de restauración. Sin embargo, evidenciaron que el mismo organismo se había propagado mediante rizomas, del mismo modo en que el césped se extiende desde sus bordes mediante estolones. “Los 200 kilómetros cuadrados de campos existentes parecen haberse expandido a partir de una sola plántula colonizadora”, señaló.
Esa única vegetación se extiende hoy como un gran colchón que proporciona hábitat a una amplia variedad de especies marinas, incluyendo tortugas, delfines, dugongos, cangrejos y peces. Los rizomas de la hierba de cinta pueden crecer hasta 35 cm al año; utilizando ese ritmo, los autores de la investigación —publicada en Proceedings of the Royal Society B— estiman que el espécimen habrá necesitado al menos 4.500 años para extenderse tanto como lo ha hecho.
Resistencia extrema y una genética inusual
La coautora de la investigación en la UWA comentó que no le habían dado un apodo a la planta, y que las muestras extraídas de la pradera tenían inicialmente 116 etiquetas diferentes con coordenadas GPS cuando se almacenaron en una heladera a baja temperatura para su análisis genético. La planta formó enormes y densas praderas que, en algunas zonas, se extienden hasta donde alcanza la vista. Las cintas del vegetal miden solo 10 cm de largo en algunos lugares, pero llegan a medir hasta un metro en otros.
La Posidonia australis logró sobrevivir a las condiciones más adversas, lo que la convierte en un ser vivo sumamente resistente. El organismo logró instalarse en zonas donde la salinidad duplica la del resto de la bahía, y puede prosperar en temperaturas del agua tan frías como 15 °C y tan cálidas como 30 °C.
Amenazas climáticas sobre un pulmón oceánico
El secreto de su extrema resistencia y longevidad radica en una peculiaridad biológica: posee el doble de cromosomas de los que debería. Al tratarse de un híbrido de dos linajes progenitores, la planta conservó el 100% del genoma de cada una en lugar del 50% habitual, convirtiéndose en un organismo poliploide. "Las plantas poliploides suelen habitar en lugares con condiciones ambientales extremas; a menudo son estériles, pero pueden seguir creciendo si no se las molesta", explicó Sinclair. Al ser estéril o carecer de reproducción sexual tradicional, el espécimen no dispersa semillas, sino que ha dependido de su capacidad de autoclonación continua y de pequeñas mutaciones genéticas sutiles para expandirse durante milenios.
Con una extensión de 20.000 hectáreas, este organismo supera con creces a otros colosos terrestres, como la famosa arboleda de álamos temblones Pando en Utah, considerada durante años el ejemplar vivo más grande del planeta. Sin embargo, su estatus milenario no lo vuelve inmune a los riesgos modernos. Expertos en conservación advierten que su futuro peligra ante la crisis climática: entre 2010 y 2011, una severa ola de calor marina destruyó casi un tercio de este ecosistema único. Proteger este pulmón oceánico es crucial, no solo por albergar una biodiversidad invaluable, sino porque la pérdida de estos pastizales submarinos podría liberar a la atmósfera toneladas de dióxido de carbono almacenado.








