Cuando una persona fallece, además del impacto emocional que atraviesa su familia, aparece una cuestión inevitable: ¿qué sucede con los ingresos que esa persona aportaba al hogar? Nuestro sistema previsional contempla la pensión por fallecimiento como una prestación destinada a proteger a determinados integrantes del grupo familiar. Sin embargo, hay dos preguntas que aparecen permanentemente en las consultas: ¿cuánto voy a cobrar? y ¿hasta cuándo tengo derecho a percibir la pensión?, y las respuestas no son iguales para todos.
Primero: ¿sobre qué monto se calcula la pensión?
Una de las primeras cuestiones que debemos analizar es si la persona fallecida ya se encontraba jubilada o si todavía estaba en actividad. Cuando fallece una persona jubilada, el cálculo parte del haber previsional que venía percibiendo. En cambio, cuando fallece un trabajador en actividad, debemos analizar su historia laboral y previsional, sus remuneraciones o rentas y, fundamentalmente, su condición de aportante al sistema. Por eso, ante el fallecimiento de un trabajador activo, no alcanza simplemente con saber cuántos años trabajó. El análisis de sus aportes y de su situación previsional resulta determinante para establecer el derecho y calcular la prestación correspondiente.
¿Quiénes pueden cobrar una pensión?
Entre los principales beneficiarios encontramos al cónyuge, al conviviente que reúna los requisitos legales y a los hijos que se encuentren dentro de las condiciones establecidas por la normativa. Y aquí aparece una cuestión muy importante: no todos los beneficiarios tienen derecho a cobrar durante el mismo tiempo. En términos generales, el cónyuge o conviviente conserva el derecho a la pensión de por vida.
En el caso de los hijos, la situación es diferente. Como regla general, tienen derecho hasta los 18 años de edad. Existe una protección distinta para los hijos que se encuentren incapacitados para el trabajo y a cargo del causante, siempre que se reúnan los requisitos establecidos legalmente. En estos casos, el derecho a percibir el beneficio no se extingue.
Un ejemplo para entenderlo mejor
Pensemos en una familia integrada por una mujer, su esposo y dos hijos menores. El esposo fallece y se reconoce el derecho a pensión de la cónyuge y de ambos hijos. En ese momento, el haber de pensión debe distribuirse entre los tres beneficiarios conforme a los porcentajes previstos por el sistema, pero los hijos van creciendo y perdiendo el derecho al beneficio al cumplir los 18 años, y, lo que parece que quedaría en este caso para la madre no es asi, ya que de camino a la mayoría de edad de los hijos, hay porcentajes del monto del haber que se va perdiendo… por ello es fundamental no solo determinar el derecho al beneficio, sino además quienes lo tienen, hasta cuando lo van a percibir y qué montos corresponden cobrar a cada derechohabiente.
Por eso, la composición de una pensión puede modificarse a lo largo del tiempo y resulta importante analizar cómo corresponde liquidar el haber en cada etapa.
¿La pensión reemplaza el ingreso que tenía la familia?
Este es, para mí, uno de los puntos más importantes. Muchas familias creen que, ante el fallecimiento de quien genera la mayor parte de los ingresos, la pensión permitirá mantener aproximadamente el mismo nivel económico, y no necesariamente es así. La prestación previsional se determina conforme a reglas, bases de cálculo y porcentajes establecidos legalmente. Por lo tanto, el ingreso que recibe la familia después del fallecimiento puede ser sensiblemente inferior al que ingresaba al hogar mientras esa persona estaba en actividad. Y esa diferencia puede resultar especialmente importante cuando existen hijos pequeños, gastos educativos, créditos, alquileres o simplemente una estructura familiar que dependía económicamente de ese ingreso.
La importancia de revisar la liquidación
Una pensión no debería analizarse solamente desde la pregunta “¿me corresponde o no me corresponde?” También debemos preguntarnos: ¿Está correctamente determinado el haber? ¿Se consideraron adecuadamente los aportes y remuneraciones? ¿Quiénes son los beneficiarios? ¿Cómo corresponde distribuir la prestación? ¿Hasta cuándo tiene derecho cada uno?
La intervención profesional permite revisar no solamente el acceso al beneficio, sino también su correcta liquidación y las modificaciones que puedan producirse durante su percepción. Porque detrás de una pensión no existe solamente un expediente previsional. Existe una familia que acaba de perder a uno de sus integrantes y que necesita saber con claridad con qué protección económica contará a partir de ese momento. Y también aquí aparece una enseñanza que excede al Derecho Previsional: conocer anticipadamente qué cobertura tendría nuestra familia si nosotros faltáramos nos permite detectar si existe una brecha entre la protección que brinda el sistema y los ingresos que realmente necesitarían quienes dependen de nosotros. Prever no significa pensar que algo malo va a ocurrir. Significa conocer hoy qué protección tendrán mañana las personas que más queremos.






