La tasa de morosidad de las familias argentinas ha llegado en agosto al 19,5%, un nivel que no encuentra registros recientes y que marca que el endeudamiento es cada vez más profundo. Los datos oficiales corroboran que el problema es de ingresos en un momento de reacomodamiento de precios, particularmente en lo que hace a los servicios privatizados. Durante décadas, los gobiernos han contribuido para que, a través de subsidios directos e indirectos, ese costo del hogar tuviera el menor peso relativo posible. Pero, en algún momento, el consumo sin un uso racional iba a sacar factura.
El costo de vida, que es la cantidad de dinero necesaria para mantener un determinado nivel de las familias, cubriendo gastos como vivienda, alimentación, impuestos y atención médica, ya no es suficiente en un contexto en que la inflación se estabiliza en torno a un 2% mensual.
Considerando conjuntamente la masa salarial de los trabajadores registrados y los ingresos correspondientes a los haberes jubilatorios, durante los últimos tes años se produjo una pérdida acumulada de 8,3 puntos porcentuales en los ingresos de trabajadores y jubilados, advierte el Centro de Economía Política Argentina (CEPA). Esta caída fue parcialmente compensada mediante el acceso al crédito de los hogares. En concreto, el endeudamiento atrasó los efectos del ajuste. El ingreso disponible se redujo sensiblemente. Mientras los salarios registrados acumulan, desde enero de 2024, una suba de 253%, los servicios esenciales aumentaron muy por encima de ese guarismo, detalla el CEPA. La brecha entre ingresos y gastos obligó a muchas familias a recurrir al endeudamiento para sostener su nivel de consumo.
Un reciente informe del Centro de Estudios de la Ciudad (CEC), en el marco del “Mapa de la Deuda”, ha revelado que el 30,5% de las personas que hicieron una refinanciación de sus deudas durante 2026 volvió a caer en mora. En contraposición, apenas el 18,9% logró registrar una mejora efectiva en su perfil financiero tras renegociar sus compromisos.
Los bancos y las entidades no financieras están promoviendo distintas alternativas para que los morosos puedan regularizar sus obligaciones. El problema, como se dijo antes, es que los ingresos no corren a la misma velocidad que el costo de vida y, así, el problema se convierte en un loop.
En el Congreso Nacional se analizan varias iniciativas que tienden a establecer mecanismos de prevención del sobreendeudamiento, modificar las condiciones de acceso al crédito y propiciar herramientas para la reestructuración de las deudas de las familias.
El estrés financiero es evidente. El porcentaje residual de usuarios permanece en una zona de fragilidad constante, donde cualquier imprevisto cotidiano reactiva el ciclo de morosidad, indica el CEC. Por esa razón, urgen medidas que tiendan a facilitar mecanismos financieros para honrar las deudas, a tasas, montos y plazos razonables.







