La misa de hoy: en la viña del Señor

Hace 3 Hs

“Cierto propietario plantó una viña, la rodeó de una cerca, edificó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó de allí. Cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus criados para percibirlos. Los labradores, a uno lo golpearon, a otro lo mataron y a otro lo lapidaron. Envió a otros criados en mayor número, pero hicieron con ellos lo mismo. Por último envió a su hijo, diciéndose que a él lo respetarán. Pero los labradores se dijeron: Este es el heredero. Matémoslo y nos quedaremos con su heredad. Lo echaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando venga el dueño de la viña, ¿que hará con aquellos labradores? Le contestaron: A esos malvados les dará una mala muerte y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo” (Mateo 21, 32-43.45-46).

I- El Evangelio se refiere al texto de Isaías que habla de una viña rodeada de cuidados, que produce uvas agrias. Nos revela la paciencia de Dios, que manda uno tras otro a sus mensajeros en busca de frutos, los profetas del Antiguo Testamento, para terminar enviando a su Hijo amado, al que matarían. La viña es ciertamente Israel y también lo somos la Iglesia y cada uno de nosotros. Meditemos hoy junto al Señor si encuentra frutos abundantes en nuestra vida, porque es mucho lo que se nos ha dado. Frutos de caridad, trabajo bien hecho, apostolado, jaculatorias, actos de amor a Dios y de desagravio a lo largo del día, contradicciones bien aceptadas, pequeños servicios a quienes rodean. Examinemos si somos origen de las uvas agrias que son los pecados y la tibieza, la mediocridad espiritual aceptada, las faltas de las que no hemos pedido perdón a Dios…

II- Dios no ha escatimado nada para cultivar y embellecer Su viña. ¿Cómo esperando que diera uvas, produjo agrazones? El pecado es el fruto agrio de nuestra vida. La experiencia de las propias flaquezas está patente en la historia. Hemos de fomentar el deseo de reparación cuando hemos ofendido tanto a Jesús, el Amigo de verdad. Él nos sonríe y devuelve la paz a nuestra alma. “Dile: Dame, Jesús, un Amor como hoguera de purificación, donde mi pobre carne, mi pobre corazón, mi pobre alma, mi pobre cuerpo, se consuman, limpiándose de todas las miserias terrenas… Ya vacío, llénalo de Tí” (J. Escrivá de Balaguer, Forja)

III- Las realidades terrenas y las cosas nobles de este mundo son buenas y pueden llegar a tener valor divino. Son los asuntos que tenemos entre manos lo que hemos de convertir en frutos para Dios. Cada jornada presenta incontables posibilidades de ofrecer frutos agradables al Señor. Para producirlos, hemos de empeñarnos en mantener la presencia de Dios a lo largo del día, acordándonos del Sagrario más cercano a nosotros. La Virgen nos enseñará a vivir cada día la urgencia de dar muchos frutos a Dios, y a evitar que en nuestra vida se den frutos agrios (Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal).

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