Cartas de lectores: el diputado de la libertad

Hace 3 Hs

Famaillá fue el punto final de la gran aventura. Marco Manuel Avellaneda, luego de cerciorarse que todo estaba perdido, abandona el campo de batalla rumbo al norte por las serranías de Raco, en busca de la estancia de los Huidobro, donde cambiará su cabalgadura. Va pensando en palabras dirigidas a la tropa. “¡Soldados! ¡Los bárbaros no dominarán a Tucumán sino después de haber pisoteado mi cadáver!” Sigue cabalgando con un puñado de compañeros, ya en la oración y entre la penumbra de la tupida vegetación aparece una partida de 70 hombres que escolta a Lavalle a cargo del comandante Gregorio Sandoval. Manuel Oribe, lugarteniente de Rosas, les pisa los talones. Cabalga, sin saber que va a una celada. Apenas llegados a La Alemanía, Sandoval decide pasarse al bando de su perseguidor, tomando como prenda al tucumano. La suerte del Gobernador de Tucumán está echada. En Metán un día como hoy, hace 185 años, fue asesinado por decapitación y su cabeza enviada por Ferreyra, su verdugo, al gobernador Celedonio Gutiérrez. Ejecutan de forma ordinaria a sus  camaradas M. Vilela, L. Casas, G. Suárez, J. Espejo y L. Souza. La cabeza de Marco permanece por dos semanas clavada en una lanza a la sombra de ischibiles en la plaza pública (Independencia) hasta que la rescata la Sra. Fortunata García, que luego de esconderla y asearla le da sepultura en el cementerio (ex casa del Buen Pastor). El cuerpo del jefe de la Liga del Norte contra Rosas fue luego desnudado y su ropa repartida entre la tropa de Oribe. Benigno Oliden, subordinado del oriental , curte “el cuero” del “Mártir de Metán” y con los tientos hace una manea y un fiador para uso personal. El 6 de febrero de 1856, en un artículo publicado en “El Nacional” de Montevideo, el presidente Sarmiento pide al gobierno de Uruguay deponer de la jefatura política de la provincia de Maldonado a B. Oliden. Gracias a Fortunata García, cuando la familia Avellaneda regresa de su largo destierro en Bolivia “supieron en qué punto del cementerio se debían arrodillar”. P. Groussac.  Escribía Marco Manuel Avellaneda: “Yo esperaba que los horribles recuerdos del pasado nos harían pensar mucho en el porvenir y nos compelerían a trabajar con firmeza, con valentía, con heroísmo para consolidar el nuevo orden de cosas que hace indestructible el imperio de las leyes y de la libertad”. Marco M. Avellaneda fue el héroe civil de la persecución federal, quien dio su vida por un ideal de Libertad.

Lorenzo Santiago Marcos 

lorenzomarcos49@hotmail.com


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