Resumen para apurados
- Científicos investigan casi 200 sismos registrados en dos meses en los Valles Calchaquíes, entre Salta y Catamarca, para determinar su origen tectónico o volcánico.
- La cifra representa un tercio de los movimientos medidos en ocho años. La actividad ocurre cerca de la caldera del volcán Galán y de fallas geológicas regionales activas.
- El CONICET y el INPRES planean instalar estaciones sísmicas temporales para monitorear el fenómeno, precisar su profundidad y evaluar el riesgo de una eventual erupción.
Los Valles Calchaquíes atraviesan un período de marcada actividad sísmica que concentra la atención de investigadores de distintas instituciones. En menos de dos meses se registraron alrededor de 200 movimientos en el área de influencia del volcán Galán, entre Salta y Catamarca. La cifra representa casi un tercio de los aproximadamente 750 eventos contabilizados durante los ocho años anteriores en esa región.
Los movimientos se distribuyen en distintos sectores de los Valles Calchaquíes, entre ellos Tacuil, Pucará, Colomé, Molinos y áreas ubicadas al oeste de Cafayate. El desafío de los especialistas es determinar qué mecanismo explica esta concentración de sismos y si existe alguna relación con el complejo sistema geológico que se encuentra debajo de la Puna.
Los investigadores manejan distintas posibilidades. Una de ellas apunta a la actividad tectónica propia de una región sometida a grandes esfuerzos por la interacción entre las placas de Nazca y Sudamericana.
Otra hipótesis contempla procesos vinculados con el sistema volcánico del Galán. También existe la posibilidad de que ambos mecanismos estén relacionados. En geología, estos fenómenos pueden encuadrarse dentro de procesos volcanotectónicos, en los que la deformación tectónica interactúa con la dinámica de un sistema magmático.
Para determinar qué está ocurriendo será necesario conocer con mayor precisión la profundidad, ubicación, distribución y características de cada terremoto.
La cercanía con el volcán Galán es uno de los elementos que despierta mayor interés científico. La enorme caldera está ubicada en Antofagasta de la Sierra, Catamarca, cerca del límite con Salta, y se formó hace aproximadamente 2,2 millones de años como consecuencia de una erupción de extraordinaria magnitud.
La estructura tiene cerca de 50 kilómetros de extensión de norte a sur y unos 24 kilómetros de este a oeste. En su interior se desarrolló posteriormente un domo resurgente y en la región todavía existen manifestaciones hidrotermales, circulación de fluidos profundos, emisiones de dióxido de carbono y anomalías térmicas.
Sectores como La Colcha, Aguas Calientes y Piscinas Burbujeantes presentan aguas termales y emanaciones gaseosas que muestran que existe un sistema hidrotermal activo.
Qué hay debajo del Galán
Las investigaciones realizadas entre 2000 y 2015 permitieron estudiar la estructura interna de la Puna y desarrollar una tomografía sísmica del Galán. Uno de los resultados fue la identificación de estructuras relacionadas con el sistema magmático cuya ubicación presenta relación con la profundidad de algunos de los movimientos registrados actualmente.
Sin embargo, los especialistas advierten que esa coincidencia no alcanza para afirmar que los nuevos sismos tengan un origen magmático.
A unos 30 kilómetros de profundidad también fue identificado el denominado Southern Puna Magma Body, una zona de baja velocidad sísmica interpretada como un gran cuerpo de material magmático parcialmente fundido.
Ese reservorio profundo constituye una fuente de calor que puede alimentar el sistema hidrotermal del Galán y contribuir a explicar las temperaturas elevadas y la circulación de fluidos por las estructuras profundas de la región.
Pero el escenario geológico no se limita al sistema volcánico. Los Valles Calchaquíes están atravesados por fallas capaces de producir terremotos independientemente de la actividad del Galán. Entre ellas aparece el sistema de fallas de las Cumbres Calchaquíes, integrado por estructuras inversas con actividad neotectónica que participaron en el levantamiento y la deformación del relieve.
Algunas de esas fallas afectan depósitos geológicamente recientes de la Cuenca de Santa María, una evidencia de que los procesos tectónicos continúan actuando en la región.
La profundidad, una de las claves
Para los investigadores, determinar a qué profundidad se producen los movimientos será fundamental. Los sismos profundos, que pueden localizarse cerca de los 180 kilómetros, están relacionados con la subducción de la placa de Nazca. En cambio, los movimientos más superficiales, en torno a los 12 kilómetros, pueden estar asociados con fallas locales.
La diferencia no es menor desde el punto de vista del riesgo sísmico. Un terremoto superficial puede producir efectos significativos aun cuando su epicentro se encuentre alejado de los principales centros volcánicos.
Por ese motivo, los especialistas consideran incorrecto relacionar automáticamente el aumento reciente de la sismicidad con una supuesta reactivación del Galán. Lo que está comprobado es el incremento de los movimientos; establecer qué los está produciendo requiere más información.
Un fenómeno que también se sigue desde Tucumán
La actividad sísmica de los Valles Calchaquíes también genera interés en Tucumán por la cercanía geográfica y porque algunos movimientos registrados en la región pueden ser percibidos en distintos puntos de la provincia.
Un antecedente reciente ocurrió el 5 de septiembre, cuando un sismo de magnitud 4,7 registrado en Salta fue percibido en San Miguel de Tucumán. El episodio tuvo una profundidad de unos seis kilómetros y también fue sentido en localidades de Salta y Jujuy.
La percepción de un movimiento no implica necesariamente que exista un riesgo extraordinario para Tucumán. La intensidad con que se siente un terremoto depende, entre otros factores, de su magnitud, profundidad, distancia al epicentro y características del terreno.
Por eso, el seguimiento de la actual secuencia sísmica en los Valles Calchaquíes resulta relevante para todo el NOA, aunque los científicos remarcan que todavía no existe evidencia suficiente para vincular directamente estos movimientos con una eventual actividad volcánica.
Buscan ampliar el monitoreo
Una de las alternativas que se analiza es instalar una red temporal de estaciones sísmicas alrededor de la caldera del Galán. La iniciativa involucraría al INPRES, el CONICET, la Universidad Nacional de Salta y grupos especializados.
El objetivo es obtener registros más precisos que permitan establecer dónde se originan los movimientos, a qué profundidad se producen y cómo evolucionan en el tiempo.
El monitoreo actual se realiza mediante los recursos disponibles del INPRES, con participación de equipos especializados, entre ellos el encabezado por la investigadora Agostina Venerdini, según infroman medios de la vecina provincia de Salta.
Para los científicos, contar con más instrumental permitiría establecer si la secuencia responde fundamentalmente a las fallas regionales o si existe algún grado de interacción con el sistema magmático.
Existen antecedentes internacionales de incrementos repentinos de la sismicidad alrededor de estructuras volcánicas que posteriormente disminuyeron sin generar consecuencias visibles en superficie. Por eso, una concentración de terremotos constituye una señal que debe ser estudiada, pero por sí sola no permite anticipar una erupción.







