Paseo entre volcanes a más 4.000 metros de altura

Paseo entre volcanes a más 4.000 metros de altura

Paseo entre volcanes a más 4.000 metros de altura

La Puna es una de las regiones más favorables para el estudio de los volcanes, incluso permite entender procesos geológicos de otros planetas.

Álvaro Medina
Por Álvaro Medina 26 Junio 2022

Muy temprano, el grupo de la Expedición Norte parte desde la localidad de El Peñon por la Ruta 43 hacia la reserva natural Campo de Piedra Pómez. Amanece en la Puna gigante y la luz desnuda los paisajes imposibles: dunas enormes de arenas grises, extensas planicies salitrosas, grandes y negras estructuras de volcanes dormidos.

Aquí, la desmesura es un patrón.

CARACHI PAMPA. Una de las tantas postales multicolores de la laguna y el volcán del mismo nombre. CARACHI PAMPA. Una de las tantas postales multicolores de la laguna y el volcán del mismo nombre.

La Puna es una de las regiones volcánicas más grandes del mundo, hay tantos volcanes que no se los puede contar. Se identifican 31 volcanes activos a lo largo del límite entre Chile y las provincias de Catamarca, Salta y Jujuy, de ambos lados. Se considera volcán activo a todo aquel que haya hecho erupción en los últimos 10.000 años. Si a estos volcanes activos se suman los que tuvieron erupciones en los últimos 2,5 millones de años, se contarían aproximadamente 65. La última erupción se produjo en 1993 y fue la del volcán Lascar, del lado chileno. Las cenizas de la explosión llegaron incluso hasta Tucumán.

Mapa de volcanes activos en la Puna Mapa de volcanes activos en la Puna

“En la Puna se da todo el espectro de volcanes, desde los menos explosivos hasta los llamados supervolcanes, como es el caso del Galán, que dejó un cráter de 40 kilómetros de diámetro”, dice Iván Petrinovic. “Volcanes de aquí son utilizados incluso para estudiar otros planetas, por ejemplo para tratar de entender las depresiones volcánicas que hay en una luna de Júpiter”, explica.

Llegada a Piedra Pómez

Una hora y cuarenta kilómetros después, el contingente debe salirse de la ruta para seguir una huella en el desierto camino a la reserva. Al llegar, contemplan un paisaje extraplanetario: bloques curvados de piedras blancas recortadas por terrazas rojizas, una marea rocosa ocupando miles de hectáreas. Las extrañas formaciones resultaron de la gran explosión del volcán del cerro Blanco -hace 5.000 años-, uno de los activos de la región.

Paseo entre volcanes a más 4.000 metros de altura

Estudios del impacto de esa erupción en sitios arqueológicos comprueban que en ese momento había comunidades habitando la zona: seres humanos fueron trágicos testigos del imponente suceso. Oyeron a la tierra crujir, vieron la corteza ceder, sintieron temor tras el estallido y contemplaron el ascenso de monumentales columnas de ceniza, se supieron insignificantes ante la embestida a 100 kilómetros por hora de nubes incandescentes de rocas y gases con temperaturas de más de 400 grados: las terribles e inevitables corrientes piroclásticas. La naturaleza poderosa e indiferente entreverándose con la desesperación y la muerte en cuestión de segundos. Las cenizas de esa enorme explosión cubrieron la mitad del país.

“Es impactante ver y entender el origen de estos paisajes, que además son de una belleza que no deja cerrar los ojos”, opina Claudio, uno de los expedicionarios.

A las formaciones rocosas producidas por corrientes piroclásticas de grandes erupciones se suman rocas negras producto del enfriamiento de corrientes de lava, como es el caso del volcán Carachi Pampa. La cantidad de roca volcánica que se produjo en la región en los últimos 20 millones de años podría cubrir toda la península Ibérica. El 70% de la elevación de esta meseta de altura se debe a la actividad volcánica.

TURISMO. La reserva es visitada por turistas de todo el mundo. A lo lejos el volcán Carachi Pampa TURISMO. La reserva es visitada por turistas de todo el mundo. A lo lejos el volcán Carachi Pampa Foto de Álvaro Medina/LA GACETA

El volcán Galán

En otra jornada el grupo visitará el volcán Galán, a 4.700 metros de altura, uno de los más grandes del mundo. “En la Puna hay más de 20 calderas de colapso o supervolcanes como el Galán. Estas calderas de colapso son cráteres gigantes que se abren en la Tierra y que expulsan muchísimo magma en muy poco tiempo, son las erupciones más catastróficas que conoce el hombre. No tenemos ningún ejemplo en tiempos históricos, pero en base al estudio de estos volcanes expuestos vamos elaborando modelos de cómo son estas erupciones”, explica Petrinovic. La erupción del Galán se produjo hace alrededor de 2,3 millones de años.

VOLCÁN GALÁN. Vista de Laguna Diamante, en el centro del gigantesco cráter volcánico. VOLCÁN GALÁN. Vista de Laguna Diamante, en el centro del gigantesco cráter volcánico. Foto de Álvaro Medina/LA GACETA

El trabajo de los geólogos

Iván Petrinovic cuenta datalles de su trayectoria mientras recorre la Puna: experiencias en la Antártida, a 35 grados bajos cero, y exploraciones a otros volcanes del mundo. 

Vulcanismo


La Puna deja al descubierto la información de los volcanes. “Es un lugar privilegiado porque todas las rocas se hallan expuestas gracias a la aridez y a la falta de vegetación. En otros lugares la roca volcánica se encuentra a miles de metros bajo tierra. La región puneña permite estudiar y comprender más fácilmente el funcionamiento de los volcanes y aplicar ese conocimiento a otros lugares del mundo e incluso a investigaciones en otros planetas”, comenta Petrinovic a los viajeros.

El conociemiento de los volcanes se aplica, entre otras cosas, al turismo y a la minería. “La vulcanología aporta a la exploración. Las empresas y los organismos deben asegurar que la explotación sea sustentable. Este control es muy importante porque, en muchos casos después de los 3.000 metros de altura, las únicas actividades que pueden desarrollar los pueblos son el turismo y la minería”, opina.

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