Infraestructura débil ante las inclemencias climáticas

Hace 5 Hs

Por estos días, en las páginas de LA GACETA asistimos a un debate inquietante: ¿estamos preparados para enfrentar los embates de una temporada de lluvias que, según los especialistas, serán más intensas y duraderas que las de otros años? La inminencia de la llegada de los efectos de la denominada corriente de El Niño pone en alerta a los vecinos de los barrios que habitualmente quedan bajo el agua cada verano, a los integrantes de los equipos de emergencia que deben intervenir cuando se producen hechos trágicos y a los funcionarios encargados de mantener la red de ríos, canales y desagües que atraviesan Tucumán.

La corriente de El Niño es un fenómeno que ocurre cada cierta cantidad de años en el océano Pacífico, a la altura del Ecuador. Genera un calentamiento en el mar que deriva en una alteración climática que repercute en distintas regiones. Si bien en Argentina se espera que el mayor impacto de las lluvias ocurra en el Litoral, el NOA no escapará a estas anomalías.

En Tucumán se vienen realizando trabajos de limpieza en canales y desagües. También hay obras en distintos puntos de la capital y en algunos lugares del interior para intentar evitar que se repitan las terribles postales que nos dejó el año pasado. Todo eso es positivo. Frente a las inclemencias climáticas, cualquier trabajo de infraestructura que se pueda suma acarreará un efecto beneficioso.

Pero si nos limitamos al área metropolitana del Gran Tucumán, vamos a advertir que la infraestructura destinada a canalizar el agua ha quedado obsoleta hace mucho. El canal Sur fue pensado para una ciudad muy diferente a la actual. Y el Norte es una estructura centenaria que ha quedado atenazada por el crecimiento urbano. Al mismo tiempo, la impermeabilización de los suelos por el avance irrefrenable del concreto impide que hoy buena parte del agua que baja desde el oeste sea absorbida por la tierra. Las últimas grandes obras de infraestructura hídrica del área metropolitana se pensaron en la década del 60. Pasó más de medio siglo y son las mismas con las que contamos hoy. Salvo el canal San Luis, en Yerba Buena, poco y nada se hizo desde entonces. El problema es que la ciudad (entendida como la capital más Yerba Buena, Tafí Viejo, Las Talitas, Alderetes, Banda del Río Salí y Lules) se ha modificado de manera drástica. Hoy, el canal Sur ataja el agua que baja desde el piedemonte y la que llega desde la zona noroeste a través de distintos canales que se extienden por San José, Villa Carmela y barrios capitalinos como los Oeste I y II. Es por eso que suelen producirse situaciones tan paradójicas como dolorosas: cuando llueve fuerte en Yerba Buena, hay barrios en el extremo sur de la capital, como Los Chañaritos, por ejemplo, que se inundan aunque en sus calles no haya caído una gota, porque el canal Sur termina desbordando allí.

Las obras y los trabajos de mantenimiento que se están realizando ahora son importantes; seguramente ayudarán a aliviar la situación. Sin embargo, no solucionarán el problema de fondo: la enorme debacle en infraestructura que padece Tucumán. Y no es culpa de un solo gobierno. Son décadas y décadas de gestiones políticas que han mirado para otro lado. Remontar ese atraso demandará años. Por eso es importante empezar cuanto antes.

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