¿Cómo puede ser? ¿Cómo se explica que San Martín haya tenido un 2-0 cómodo, haya controlado durante buena parte del partido y termine regresando de Jujuy con un 2-2 que sabe a derrota? La pregunta queda instalada porque el equipo volvió a cometer errores que ya había mostrado en Rafaela y dejó escapar, otra vez, una victoria que parecía tener en el bolsillo. En un momento en el que cada punto vale muchísimo, el “Santo” volvió a tropezar con las mismas piedras y profundizó una crisis que ya no admite demasiadas excusas.
El primer tiempo había entregado una imagen diferente. San Martín entendió que para no quedar expuesto debía defender hacia adelante. La presión alta fue el mecanismo elegido para esconder los problemas que venía mostrando en el retroceso y funcionó durante largos pasajes. Santiago Briñone y Gabriel Carabajal fueron importantes para sostener esa intensidad, recuperar rápido y evitar que Gimnasia pudiera avanzar con comodidad. El equipo jugó lejos de Darío Sand, controló el partido y encontró el premio en los pies de Mauro Verón.
El delantero tuvo la contundencia que tantas veces le faltó al equipo. Verón aprovechó sus oportunidades, se despachó con un doblete y permitió que San Martín se fuera al descanso con una ventaja que parecía encaminar la noche. El 2-0 no era producto de la casualidad: el “Santo” había sido superior, había presionado bien y había conseguido llevar el partido al terreno que más le convenía.
Pero el segundo tiempo volvió a desnudar el problema que acompaña a este equipo desde hace demasiado tiempo: no sabe cerrar los partidos. Gimnasia salió decidido a buscar el descuento y San Martín no pareció comprender que el partido había cambiado. En lugar de sostener la intensidad, manejar la pelota y obligar al rival a correr detrás de ella, comenzó a replegarse. Y otra vez apareció la pelota parada como una amenaza conocida.
Abel Argañaraz ganó las espaldas de Guillermo Rodríguez y marcó el 1-2. El gol devolvió la vida al local y llenó de dudas a San Martín. Minutos después llegó otra acción que terminó de explicar el empate. Ezequiel Parnisari, de flojo partido, tomó a un rival dentro del área y, ante la salida de Sand, la pelota terminó ingresando. La jugada dejó además la sensación de que, si el balón no terminaba en el arco, Gimnasia tenía argumentos para reclamar un penal. Otra vez, una situación evitable terminó costándole caro.
Alejandro Orfila tampoco encontró respuestas desde el banco. En el intento por modificar el partido terminó desarmando una estructura que había funcionado durante el primer tiempo. Sacó a dos de los mejores futbolistas de la noche, Briñone y Carabajal, y el equipo perdió parte de la energía y del control que había tenido. Víctor Salazar tampoco logró rendir en el puesto que ocupó y el entrenador debió improvisar con Alejandro Galván. La posibilidad de reconstruir la dupla de García, como había ocurrido frente a Chacarita, tampoco prosperó: ingresó Matías “Caco” García y también Nicolás Castro, pero las variantes no consiguieron devolverle equilibrio al equipo.
Además, San Martín terminó perjudicado por una decisión arbitral que pudo haber cambiado el desenlace. En la jugada que terminó con el gol de Diego Diellos, Bruno Cabrera estaba habilitado, pero el asistente levantó la bandera y la acción fue anulada. El tanto debió valer y hubiera significado el 3-2 para el “Santo”. De todos modos, el error arbitral no debería ocultar el problema central: San Martín tuvo el partido controlado, ganaba 2-0 y permitió que Gimnasia lo empatara por falencias que ya había pagado una semana atrás en Rafaela.
El punto no alcanza. Con cinco fechas por delante y lejos del Reducido, las matemáticas mantienen una posibilidad, pero el fútbol empieza a mostrar otra realidad. San Martín vuelve de Jujuy con un empate que tiene sabor a derrota y con una certeza incómoda: si no corrige sus errores, la temporada se acercará a un final desfavorable.










