Cartas de lectores: qué se espera de la universidad

Hace 6 Hs

La Universidad Nacional de Tucumán acaba de confirmar la elección de sus nuevas autoridades para conducir los destinos de nuestra casa de estudios. Es un momento importante, porque una universidad no es solamente una institución administrativa: es uno de los grandes reservorios de conocimiento, ciencia y cultura de una sociedad. Por eso, al escuchar el discurso de las nuevas autoridades, esperaba encontrar una palabra que considero esencial: excelencia. Me hubiera gustado escuchar hablar de una universidad con mayor calidad educativa, académica y científica. De mejores docentes, de investigación, de formación de investigadores, de publicaciones, de laboratorios, de innovación, de estudiantes preparados para competir en el mundo. Me hubiera gustado escuchar cómo se piensa recuperar y acrecentar el prestigio de nuestra Universidad Nacional de Tucumán. No lo escuché. Percibí, en cambio, un discurso más cercano a la política universitaria y a la demagogia que a la gran tarea académica que debería ocupar el centro de las preocupaciones de una universidad. No pretendo desconocer que los estudiantes necesitan asistencia, que existen problemas sociales y que la universidad debe ser inclusiva. Tampoco cuestiono la autonomía universitaria ni la democracia interna. Pero una universidad no puede olvidar para qué existe. La universidad existe, fundamentalmente, para enseñar, investigar y producir conocimiento. Hay ejemplos que deberían hacernos reflexionar. En California conviven dos universidades extraordinarias, separadas por pocos kilómetros: la pública Universidad de California, Berkeley, y la privada Universidad de Stanford. Son diferentes en su organización y en su financiamiento, pero comparten una ambición: la excelencia. Stanford tiene un lema hermoso: Die Luft der Freiheit weht, “Sopla el viento de la libertad”. Berkeley tiene otro, igualmente poderoso: Fiat Lux, “Hágase la luz”. Libertad y conocimiento. ¿Acaso puede haber dos palabras más apropiadas para definir una universidad? Berkeley es una universidad pública y compite en investigación científica y calidad académica con las mejores universidades privadas del mundo. Allí no se considera incompatible el carácter público con la exigencia, el mérito y la excelencia. Nuestra Universidad Nacional de Tucumán también nació con una ambición semejante. Juan B. Terán eligió para ella un lema que debería seguir interpelándonos: “Pedes in terra ad sidera visus”: los pies en la tierra y la mirada en las estrellas. Los pies en la tierra significan conocer los problemas de Tucumán, del NOA y de la Argentina. La mirada en las estrellas significa aspirar al conocimiento universal, a la ciencia, a la cultura, a aquello que trasciende las circunstancias políticas de cada época. La gratuidad de la universidad pública es una conquista extraordinaria. Pero la gratuidad no significa ausencia de exigencia. Al contrario: cuando una universidad es financiada por toda la sociedad, esa sociedad tiene derecho a reclamarle excelencia, transparencia, eficiencia y resultados. No alcanza con hablar de inclusión si no conseguimos que nuestros jóvenes reciban una educación de primer nivel. No alcanza con aumentar la matrícula si no aumenta también la calidad de la enseñanza. No alcanza con administrar una universidad: hay que hacerla crecer intelectualmente. Por eso, a las nuevas autoridades les pediría algo muy sencillo y, a la vez, profundamente ambicioso: que vuelvan a colocar la excelencia educativa, académica y científica en el centro de la Universidad Nacional de Tucumán. Que el mérito vuelva a tener valor. Que la investigación sea una prioridad. Que nuestros mejores estudiantes puedan convertirse en nuestros mejores investigadores y docentes. Que la universidad mire hacia el mundo y no solamente hacia sí misma. La política puede formar parte de la vida universitaria. Lo que no debería hacer es ocupar el lugar de la ciencia, de la enseñanza y del conocimiento. La Universidad Nacional de Tucumán merece recuperar aquella mirada que imaginó Juan B. Terán: los pies en la tierra, pero la mirada en las estrellas..

Juan L. Marcotullio                               

Marcotulliojuan@gmail.com

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