Cartas de lectores: Batalla de Tucumán

Hace 5 Hs

No fue la del 24 de Septiembre de 1812 una jornada más en aquella Tucumán de principios del Siglo XIX. Tampoco el resultado de algo imprevisto; impredecible u otorgado por algún Dios o por selectivas fuerzas del cielo. Sencillamente, fue la culminación de meses de tensiones en una etapa de encrucijadas para la Revolución Independentista de la América del Sur, en las que el Gral. Manuel Belgrano demostró ser un verdadero revolucionario; Bernabé Aráoz un gran político y Gregorio Aráoz de La Madrid, un joven que marcaría a fuego el ADN tucumano, por su inteligente picardía y su inagotable rebeldía. Belgrano tenía tal nivel de convicciones, que consiguió que poblados enteros de Jujuy quedaran vacíos, sin habitantes, ni suministros que pudieran aprovechar las fuerzas Españolas que venían arrasando desde el norte. Bernabé Aráoz y la sociedad tucumana, convencieron al general revolucionario, desoír las órdenes del porteño Rivadavia que indicaban retroceder hasta Córdoba (entregando el Norte a los realistas). El ejército español acampaba en la actual Av. Constitución al 1.400/1.800 de Tafí Viejo (ruta 315 que la conecta con ruta 9) y, desde allí, aquel día comenzó a avanzar hacia el sur por el Camino Real (actual ruta 9), con el objeto de llegar a la actual plaza Independencia y allí librar la batalla. El joven Gregorio Aráoz de La Madrid, junto a su tropa, prendieron fuego a enormes campos de pastizales entre los actuales barrios de Los Pocitos y Lomas de Tafí, lo que obligó a las tropas realistas a desviarse hacia las laderas del pedemonte tucumano, encontrándose no solo con los gauchos de Aráoz que salían a degüello desde el monte, sino además, con una manga de langostas muy típicas en aquellos tiempos, provenientes de Santiago del Estero. El resto, es historia conocida, con un gran triunfo en la zona del actual Barrio de la Ciudadela, marcando el principio del fin del poder de aquella monarquía europea sobre nuestro suelo y el principio del camino por construir la Patria Grande. Rivadavia y el porteñismo mostraron su indignación por el revolucionario y sus rebeldes, condenando a Belgrano a morir abandonado y en la pobreza, destino que compartiría con San Martín, de no ser porque éste se dio cuenta a tiempo y decidió irse a Europa hasta su muerte. Tiempo después, Mitre se encargaría de contar la historia oficial, manteniendo la línea histórica de Rivadavia. La idea de la Patria Grande fue desmantelada y América del Sur, fragmentada. Tucumán, de ser central, pasó a ser periferia y mesa de prueba de futuras políticas conservadoras, como la de Onganía y el cierre de los ingenios; como el Operativo Independencia y como el terrorismo de Estado de la última dictadura. Y así, hasta el día de hoy, celebramos el 24 de Septiembre más como una fecha religiosa, que como lo que realmente fue: una jornada revolucionaria, cargada de política, convicciones, rebeldía, picardía e ideología, que deben ser reivindicadas y recuperadas, hasta ser libres, de una vez por todas.

Javier Ernesto Guardia Bosñak 

javierucr1970@gmail.com

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