Cartas de lectores: la Batalla de Tucumán

Hace 5 Hs

El 24 de Septiembre de 1812 no fue solo una victoria militar. Fue un milagro del pueblo y de la fe. Manuel Belgrano tenía órdenes de retroceder hasta Córdoba. El ejército venía golpeado y el poderoso ejército realista de Pío Tristán avanzaba para aplastar la Revolución ya conseguida en 1810. Todo indicaba que había que entregar Tucumán. Pero el pueblo tucumano no lo permitió. Vecinos, familias enteras, le pidieron a Belgrano que se quedara a pelear: Y él, desobedeciendo a Buenos Aires, decidió quedarse. Antes de la batalla, Belgrano se encomendó a nuestra Señora de la Merced, muy venerada por Tucumán, y le pidió por la victoria. En el campo de la Ciudadela, mientras la lucha era encarnizada, el cielo se oscureció por una inmensa invasión de langostas que confundió al enemigo. Al día siguiente Belgrano entró a la Ciudadela y en un gesto que quedó para la historia, colocó el bastón de mando en manos de la Virgen de la Merced y la proclamó Generala del Ejército Argentino. Desde entonces, cada 24 de Septiembre Tucumán celebra dos victorias, la de sus armas y la de la fe. La Batalla de Tucumán nos enseñó que la Patria se salvó aquí, porque el pueblo creyó, luchó y rezaron juntos. Hoy, a más de 200 años, creo que los tucumanos tenemos la misma obligación que aquellos vecinos. No podemos mirar para otro lado y esperar que otros nos salven. Como en 1812, nuestra provincia vuelve a ser el ejemplo de que cuando nos unimos, con fe y con trabajo, no hay crisis que nos derrote.

Rodolfo Ruarte                                                                      

Las Heras 516 - S. M. de Tucumán

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