Luego de permanecer ocho años con sus puertas cerradas por problemas estructurales, la Iglesia San Francisco se prepara para abrir sus puertas a tucumanos y turistas, a partir del 4 de octubre, según se estimó, cuando se prevé que regresen las misas a uno de los templos más antiguos de San Miguel de Tucumán.
La iglesia lleva un proceso sostenido de recuperación fue impulsada por la Comisión de Puesta en Valor del Conjunto Franciscano, la Municipalidad de San Miguel de Tucumán, junto con el Gobierno provincial, pero sus problemas de arrastre son de larga data. Su construcción comenzó en 1873, y se inauguró el 26 de septiembre de 1891. Declarado monumento histórico nacional en 1963, en 1994 la Intendencia lo declaró Bien de Interés Municipal. El templo tiene alto valor histórico, cultural y artístico. El predio del convento funcionó en 1812 como cuartel general del Ejército del Norte comandado por el general Manuel Belgrano y en ese suelo recibieron sepultura los héroes caídos en la Batalla de Tucumán el 24 de septiembre de ese año. Durante el combate sirvió además como hospital para atención de los heridos.
Un editorial de LA GACETA de enero de 1985 titulaba: “Iglesia histórica en peligro”. Comentaba que el convento se encontraba en peligro de derrumbe. Estaban descascaradas las figuras de las paredes, pintadas por el artista italiano Aristenes Papi, aproximadamente en 1925. Las imponentes arañas de cristal estaban opacadas por el polvo y no se podía admirar las imágenes de gran valor cultural como el Arcángel San Miguel que fue traído desde Ibatín cuando se trasladó la capital, o el Cristo Yacente que perteneció a los padres jesuitas, constructores del convento.
En la primera década de este siglo comenzó fuerte el impulso de restauración. El objetivo fue avanzar con la recuperación integral del edificio y preservar uno de los espacios históricos y culturales más significativos de la capital. La situación era muy compleja, porque la comisión había elaborado todos los planes de restauración pero no había fondos. Hasta que se logró consensuar apoyo financiero respetando los tiempos y los procesos de los especialistas. Así se fueron dando pasos que generaron expectativas positivas. Así se habilitó la pintura original de la iglesia y la reparación de los viejos techos. Se estudiaron los problemas en el suelo y en el subsuelo de la iglesia, la superposición de estructuras e instalaciones con las propiedades vecinas y se investigó la seria situación en el presbiterio y en la sacristía, necesitados de una intervención más profunda.
La reapertura significará el retorno de esta joya del patrimonio a la vida cotidiana de San Miguel de Tucumán. Es de esperar que se cumpla también con lo que estipulan los especialistas con respecto a los tiempos de la restauración y a los cuidados necesarios, a fin de evitar inconvenientes en la estructura, marcada por la fragilidad de su edad. Y que se pueda recorrer y disfrutar de un lugar que atesora la historia sus rincones.







