Narcomenudeo: la niña que mostró la otra cara de la caída del “Rey del Paco”
La mujer que debía transportar dos kilos de droga desde Orán llegó a Tucumán acompañada por su pareja y su hija de dos años. Los tres quedaron atrapados en un operativo que expuso el costado más humano y vulnerable del narcotráfico.
Resumen para apurados
- La Policía Federal interceptó en Tucumán a una mujer que ingresaba cocaína ingerida para abastecer a Rogelio Villalba, junto a su pareja y su hija de dos años.
- La transportista viajó desde Orán tras ingerir dos kilos de droga. Ambos adultos contaban con antecedentes y pedidos de captura previos por narcotráfico.
- El caso visibilizó la extrema vulnerabilidad en los eslabones bajos del narcomenudeo y derivó en la intervención estatal para el resguardo de la menor en Sala Cuna.
La detención de Rogelio “El Gordo” Villalba mostró la otra cara del narcotráfico. Esa que deja al descubierto las vulnerabilidades y la miseria humana. En el caso aparecieron otras tres personas que nada tenían que ver con la red de narcomenudeo de la Costanera, pero sí eran un eslabón de la cadena.
Los investigadores de la División Antidrogas Tucumán de la Policía Federal habían descubierto que Villalba había comprado dos kilos de cocaína y que serían trasladados por una mujer que tragaría cápsulas con esa cantidad de droga. En la jerga, a estas transportadoras se las conoce como “capsuleras”, un mecanismo de transporte que aún sigue vigente.
Los pesquisas tuvieron que armarse de paciencia para poder concretar el arresto de la transportadora. Primero, porque el envío se canceló debido a que la mujer se había indispuesto. Después, porque “El Gordo Rogelio” había organizado una fiesta. Pero la tercera fue la vencida, aunque con sorpresas.
La “capsulera”, cuyo nombre nunca trascendió, tomó el micro en la terminal de Orán la noche del lunes 26 de septiembre. Pasadas las 7 del día siguiente, arribó a nuestra provincia. La esperaba una comisión de efectivos policiales que desconocía una situación particular: estaba acompañada por su pareja y su hija de dos años.
Se trataba de una familia boliviana que residía temporariamente en Orán. Él tenía prohibido permanecer en el país, luego de haber sido expulsado por una causa vinculada con las drogas. Ella contaba con un pedido de captura internacional por tráfico de estupefacientes.
El caso les generó un verdadero problema a las autoridades. El hombre fue trasladado a una comisaría; la mujer y la pequeña, a un hospital hasta que la primera evacuó las cápsulas con droga. Luego, ambas fueron llevadas a la sede de la Policía Federal, donde tuvieron que realizarse algunas reformas especiales para poder alojarlas.
Las autoridades intentaron en vano que algún familiar de Bolivia viniera a buscar a la pequeña. Los detenidos sabían que la presencia de la niña podría aliviar su situación procesal. Pasaron unos días y la pequeña fue llevada a la Sala Cuna. Por cuestiones legales nunca se supo qué fue de su destino. Lo que sí permanece en la memoria de los uniformados es la imagen de la niña correteando en el patio de la dependencia policial y disfrutando de los caramelos que le regalaban.








