Hay problemas que necesitan estudios. Otros necesitan tiempo. Y hay algunos que, después de tantos años de diagnósticos, editoriales, accidentes, reclamos y promesas, necesitan una sola cosa: que dejen de explicarlos y comiencen a resolverlos. El Camino del Perú pertenece, lamentablemente, a esta última categoría. He leído que desde la Municipalidad de Yerba Buena se hace “lo que se puede”. No dudo del esfuerzo de sus agentes. Al contrario: merecen reconocimiento quienes, desde la madrugada, ponen el cuerpo entre automóviles, motos, colectivos y camiones intentando ordenar lo que hace mucho tiempo dejó de ser tránsito para convertirse en caos. Pero precisamente por eso hay que decirlo: hacer lo que se puede ya no alcanza. No pueden unos pocos agentes, algunos conos, silbatos, balizas y semáforos cargar sobre sus hombros décadas de crecimiento urbano sin la infraestructura correspondiente. Ellos no son responsables de la imprevisión. Son, acaso, otra de sus víctimas. Y tampoco podemos seguir escuchando la eterna explicación de las jurisdicciones. Que hasta aquí corresponde a Yerba Buena. Que desde allí a San Miguel de Tucumán. Que aquella parte depende de Vialidad. Que esto debe resolverlo la Provincia. Que aquello pertenece a otro organismo. Borges imaginó laberintos infinitos. Nosotros hemos conseguido construir uno bastante más sencillo y, quizás, más absurdo: un laberinto de oficinas donde todos conocen la salida, pero nadie parece dispuesto a abrir la puerta. Mientras tanto, afuera, la gente circula. Y se accidenta. Porque el vecino no cruza una jurisdicción. Cruza el Camino del Perú. No le interesa saber dónde termina la competencia administrativa de un funcionario y comienza la del siguiente. Quiere llevar a sus hijos a la escuela, llegar al trabajo, volver a su casa. Desde hace años se publican editoriales, cartas de lectores, crónicas y reclamos sobre esta arteria. Se habla del crecimiento demográfico, del tránsito pesado, de la falta de vías alternativas, de semáforos, veredas, iluminación y cruces seguros. Entonces hay una pregunta que alguna autoridad debería contestar: ¿qué falta saber? Porque si conocemos el problema, conocemos sus causas y conocemos incluso algunas de sus soluciones, continuar diagnosticándolo empieza a parecer una manera elegante de no resolverlo. Machado escribió sobre caminos que nacen al andar. El nuestro lleva demasiado tiempo esperando que alguien se decida, finalmente, a hacerlo transitable. No necesitamos otra mesa para sacarnos una fotografía. Necesitamos una mesa de la que Provincia, Vialidad, San Miguel de Tucumán, Yerba Buena y quienes corresponda no se levanten hasta fijar responsabilidades, obras, presupuesto y plazos. Y después, que cumplan. Gobernar es resolver aquello que afecta a la gente, aunque para hacerlo haya que cruzar un límite municipal, llamar a otro funcionario o golpear la puerta de otra repartición. Por eso, después de tantos años, quizás haya llegado el momento de abandonar los eufemismos. Basta de decirnos quién no puede. Basta de explicarnos a quién no le corresponde. Basta de trasladar el problema de un escritorio al siguiente. Dígannos quién puede. Y, sobre todo: que lo haga.
Jorge Bernabé Lobo Aragón
jorgeloboaragon@gmail.com







