Le mandamos al cuerpo el mensaje equivocado, se cansa y complica la salud

El movimiento es tan importante como la pausa. La Organización Mundial de la Salud (OMS) describe al agotamiento como el Síndrome de Desgaste Profesional (Burnout) en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11).

ERROR. Creemos que el cansancio debe ir a la par de la productividad. Pero el cuerpo no se rige por las agendas, sino por los ritmos. Alterarlos afecta la salud.
ERROR. Creemos que el cansancio debe ir a la par de la productividad. Pero el cuerpo no se rige por las agendas, sino por los ritmos. Alterarlos afecta la salud. Donporque.com
20 Septiembre 2026

Resumen para apurados

  • Expertos y la OMS advierten hoy a nivel global que normalizar el agotamiento laboral perjudica la salud al elevar el riesgo de padecer depresión y ansiedad.
  • La cultura moderna asocia erróneamente el éxito al exceso de ocupación y la hiperconectividad, transformando el estrés sostenido en un síndrome de desgaste.
  • Especialistas instan a priorizar las pausas y la gestión emocional para evitar que el cansancio derive en patologías severas o desequilibrios crónicos.
Resumen generado con IA

Hay que aprender a parar y descansar. Sí, suena a un slogan lógico de vida. Sin embargo, en esta era parece estar olvidado o también confundido en cuanto a su significado. La Organización Mundial de la Salud (OMS) no considera el cansancio cotidiano como una enfermedad en sí misma, sino como un síntoma de alerta que, cuando se vuelve crónico, deriva en fenómenos médicos y sociales graves.

“Nos enseñaron que estar ocupados es sinónimo de éxito, que responder rápido es ser eficientes y que descansar es perder el tiempo o, incluso, un acto de pereza. Poco a poco, empezamos a medir nuestro valor por todo lo que hacemos y dejamos de preguntarnos cómo nos sentimos”, explica la especialista española Erica Di Cione, profesora nacional de Educación Física y especialista en bienestar integral, al sitio CuídatePlus. 

Con más de 268.000 seguidores en Instagram, Di Cione compara: “Sin darnos cuenta, nos subimos a una rueda de hámster que nunca deja de girar. Corremos cada vez más rápido, pero muy pocas veces nos preguntamos hacia dónde estamos yendo”.

La OMS identifica el estado como un fenómeno ocupacional resultado de un estrés crónico en el lugar de trabajo que no se ha gestionado con éxito. La OMS advierte constantemente que la falta de descanso razonable y el estrés sostenido elevan drásticamente el riesgo de desarrollar trastornos de ansiedad y depresión.

En negativo

El cansancio está "negativamente naturalizado". Los sociólogos, psicólogos y la propia comunidad médica coinciden en que vivimos en lo que se ha denominado la "sociedad del cansancio". Existe una tendencia cultural a normalizar e incluso glorificar el agotamiento permanente con una tramposa excusa de productividad. Estar ocupado y exhausto se ha transformado en un símbolo de estatus o compromiso.

La conectividad digital ininterrumpida que se vive genera cada vez más una delgada línea entre la vida laboral y la personal, lo que dificulta que el sistema nervioso entre en un estado real de recuperación.

Al ver que "todo el mundo está cansado", se asume el agotamiento constante como el precio inevitable de la vida moderna, en lugar de abordarlo como un desequilibrio que requiere cambios estructurales o atención médica. El mensaje central de los organismos de salud es claro: estar exhausto todo el tiempo no es normal ni saludable, y tratarlo como tal impide identificar causas de fondo, desde fallas en la organización del trabajo hasta patologías médicas no diagnosticadas.

Di Cione señala que “el cansancio no es un enemigo al que haya que vencer con más café, suplementación o más fuerza de voluntad. Es un mensaje". "Una invitación a revisar cómo estamos viviendo y qué lugar nos estamos dando a nosotros mismos. El bienestar no comienza cuando desaparece el agotamiento; comienza cuando dejamos de considerar que el cansancio es el precio inevitable de vivir y recuperamos el equilibrio entre el ser y el hacer”, analiza.

“Cada vez que una situación nos genera miedo, tristeza, enojo, frustración o angustia, tenemos una oportunidad de atender esa experiencia antes de seguir acumulándola. Habitar una emoción significa permitirnos sentirla, darle un espacio, comprender qué información trae y encontrar una manera saludable de expresarla”, agrega. 

Di Cione sugiere hacer una pausa para observarnos. “Aquello que no registramos, no expresamos o no aprendemos a regular no desaparece. El estrés sostenido, la desconexión de nuestras necesidades y la dificultad para gestionar lo que sentimos terminan impactando en nuestro bienestar”.

Tenemos que tener en cuenta que la mente y las emociones están ligadas a un cuerpo y funcionan en retroalimentación constante. “Muchas veces, el cuerpo es el último en hablar, aunque ya hubiéramos tenido algunos pensamientos, emociones o señales a las que no hicimos caso. El hecho de no escucharnos acaba por hacer que sea el cuerpo el que de la voz de alarma", señala la profesora.

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