Hace 20 años, Carlos Podazza y Viviana Taberna impulsaron un proyecto de investigación sobre los aportes afros a la cultura latina, que derivó en el espectáculo “Cosa e’ negros”. El trabajo iba mucho más allá de un recital: era una indagación sobre las raíces de ritmos populares, mixturas culturales, incorporación de conceptos y palabras y las múltiples filtraciones que provienen de ese colectivo y que circulan cotidianamente en la actualidad.
En el marco del 66° Septiembre Musical, esa propuesta convocante y original regresa al escenario del teatro San Martín (avenida Sarmiento 601) esta noche a las 21, con el concepto “La Re-Vuelta”, y con una renovada propuesta especial que no es repetir lo hecho, sino profundizar lo aprendido sobre la riqueza y la influencia de la negritud en la música, la poesía y la danza latinoamericana, en tono de un homenaje a esos aportes.
Cumbia colombiana, festejo, landó peruano, saya boliviana, merengue dominicano, guaracha, candombe uruguayo, salsa, bossa nova y ritmos de raíz yoruba serán parte de una celebración que reunirá nuevamente a los dos impulsores de la indagación, para recrear una fiesta colectiva. Junto al dúo original, estarán Javier Podazza, Café Valdez, Carla Guzmán y Lucho Aragón, con el Coro de Niños de la Provincia de Tucumán dirigido por Andrea Cardozo y las bailarinas Daniela Ponce y Priscilla Palacios. “Será mucho más que un aniversario: significará el regreso de una idea que hizo del escenario un espacio de encuentro, ritmo y celebración”, auguran los organizadores.
En primera persona
“Esta vuelta me genera un sentimiento de mucha alegría, por tener una vez más la posibilidad de visibilizar, a través de la música, la danza y el canto, el gran aporte de esta cultura negra en el continente y, sobre todo, honrar la fortaleza de esta etnia para sortear todo lo sufrido y que ya conocemos a través de los tiempos”, destaca Taberna para LA GACETA.
La cantante recuerda todavía el estreno en julio de 2006 el primer show: “tuvimos la enorme sorpresa de tener que hacer dos funciones por la afluencia de público que desbordó la sala en la misma noche”. “Todo surgió como un gran deseo de mi parte de abordar un repertorio de música latinoamericana con raíces afro, y luego de escuchar mucha música y elegir repertorios, me decidí a hablar con Carlos para invitarlo a esta aventura y concretarla”, describe.
En un salto temporal, llega al presente. “Este regreso lo venimos charlando desde las ganas intactas de volver a realizar esta puesta. En una primera instancia decidimos la selección de los temas; luego definimos quiénes serían los músicos invitados y las voces de niños y el aporte de bailarinas que quisieran sumarse a esta celebración. Yo me encargue de toda la producción ejecutiva y artística; y Carlos de toda la parte musical y de los arreglos. Y contamos con la recepción y respuesta positiva del Ente Cultural de Tucumán en la persona de su presidenta Sandra Maldonado, como así también de la directora de Música y Danza, Cynthia del Carril, que nos brindaron la posibilidad de estar dentro de la grilla del festival”, plantea.
La primera tanda de “Cosa e’ negros” duró casi años y recorrió provincias del NOA y de Cuyo, aparte de distintos espacios en la provincia: “trabajamos más de 50 piezas musicales en las distintas funciones; perdí la cuenta de cuantos artistas fueron de la partida, porque la idea fue creciendo y nosotros tratando de ser cada vez mas respetuosos de lo que íbamos descubriendo de la presencia negra en el país y en Tucumán. En su momento, nos contactamos con la fundación África Vive, cuya función es dar a conocer y visibilizar los afrodescendientes de quinta generación que viven en la Argentina y que son argentinos. Trajimos a su Presidenta de entonces, la recordada Pocha Lamadrid, y a su vice Miriam Gómez, a desarrollar una semana intensa de actividades, mesas panel, intercambios, música, historia y letras. Fue algo hermoso y muy grande”.
“Para la puesta de esta noche decidimos elegir los temas más festivos, picarescos y rítmicos, justamente para estar a fin con la fiesta y dejar un poco de lado lo narrativo histórico y reflexivo”, describe.
Ganas presentes
“20 años no es nada, como dice el tango, porque las pilas siguen estando, las ganas siempre estuvieron. Tuvimos muchísimo e intenso trabajo con este espectáculo entre 2006 y 2014 y de ahí fue más esporádico, pero lo seguimos haciendo hasta hace unos tres años”, reivindica Podazza.
Por esa vigencia, “el regreso fue simple, potenciado por la oportunidad de estar en el Setiembre Musical, y con ese objetivo sumamos a los participantes de esta función, que vienen a ocupar lugares de otros participantes iniciales”. “Pero nos mantuvimos con el proyecto original, respecto de reivindicar y de destacar los aportes culturales de la negritud. Esa fue una investigación que hicimos oportunamente y que tuvo continuidad; mientras estemos con este proyecto, vamos a seguir con la continuidad de ese gesto”, añade.
Las dos décadas que pasaron desde el estreno hasta este retorno exceden lo musical por los cambios sociales que se registraron. “Hubo una evolución de la conciencia colectiva. Hoy, en los censos poblacionales, uno puede declararse afrodescendiente. Se detectaron cosas raras: por ejemplo, hacia el año 1870, en Salavina (Santiago del Estero) la población negra alcanzaba el 65% de los habitantes, pero en el siguiente censo ya no había negros. Tal vez hubo cuestiones políticas, necesidades de blanquear la región para que en Europa nos vean como una posibilidad de inversión, que llevaron a esta situación. Como decían ellos mismos, se tuvieron que convertir en café con leche porque no eran aceptados como negros. Hoy, la conciencia respecto de la negritud ha cambiado totalmente”, reconoce.
“Nuestro folclore es el resultado de todos los ritmos afros, que se expresa en la alegría que se manifiesta en cada una de las canciones del repertorio que elegimos. Entre la comunidad negra, era una manera de sobreponerse a los castigos a los que fueron sometidos como esclavos, que no hay que olvidar. Está todo sintetizado en algunos comentarios que se hacían desde la Iglesia en su momento, diciéndoles que ellos tenían que estar agradecidos por la vida que llevaban porque -de alguna manera- eran los representantes de Cristo en la tierra. Por supuesto, ellos no se quedaron con eso y a partir de los tambores y de sus ritmos dejaron su maca”, concluye.














