Transforman materiales descartados en arte y convierten a los alumnos en autores de una experiencia colectiva
En el contexto del Día del Maestro, Jacqueline Mamaní reflexiona sobre su vocación docente y el reconocimiento a una propuesta que crece desde 2024. "El arte puede generar conciencia”, remarca.
Resumen para apurados
- En Tucumán, la docente Jacqueline Mamaní y sus alumnos crean murales con plásticos reciclados para generar conciencia ambiental a través del arte colectivo.
- La iniciativa Travesía Berni sumó a 210 estudiantes que recolectaron descartes junto a vecinos para crear 16 murales donados a instituciones locales.
- Tras ganar el Premio Fundación Vicente Lucci, la escuela incorporará nuevas herramientas para expandir el reciclaje y el impacto comunitario del proyecto.
“Uno piensa que todo termina en el cuaderno, pero mi idea es que los chicos sean protagonistas todo el tiempo”, dice Jacqueline Mamaní y resume una forma de enseñar que no se conforma con el aula: busca salir hacia la comunidad, transformar materiales descartados en arte y convertir a los alumnos en autores de una experiencia colectiva. Tiene 20 años de trayectoria en la Escuela Secundaria Barrio Aeropuerto, de Cruz Alta, y hoy, en el Día del Maestro, mira su recorrido desde una certeza: sin sus estudiantes, nada de esto habría alcanzado la dimensión que tomó.
Mamaní es profesora de Educación Artística. En esa escuela coordina el Proyecto Solidario Travesía Berni Eco Artística, una iniciativa que nació en 2024 y que ya transita su tercer año. El trabajo propone convertir plásticos que antes iban a la basura en collages, murales y composiciones inspiradas en Antonio Berni.
No se trata solamente de reutilizar envases. Tampoco de hacer una actividad artística aislada. La propuesta une arte, conciencia ambiental, participación comunitaria y protagonismo estudiantil. En el camino, logró el Premio Fundación Vicente Lucci 2026, un reconocimiento que valoró el proceso construido dentro de la escuela y su vínculo con la comunidad.
“El proyecto busca transformar los materiales plásticos que habitualmente desechamos, especialmente los que se acumulan en las casas. Entonces, los reutilizamos para darles una producción diferente y, sobre todo, artística”, explica la docente.
Los alumnos recolectan envases de champú, detergente, aromatizantes para ropa, suavizantes, jabón líquido, tapitas, botellas y otros plásticos que puedan recortarse. También usan cartón como soporte. Con esos elementos trabajan la técnica del collage, exploran colores, texturas y formas, y luego los incorporan en murales de grandes dimensiones.
La elección de Berni no fue casual. Mamaní cuenta que el artista utilizó materiales descartados que encontraba en zonas periféricas y villas urbanas, y que uno de los personajes involucrados con el artista, Juanito Laguna, permitió abrir otra lectura dentro del aula. “Los chicos se sintieron muy identificados con él porque era un niño de la calle, pero no desde una mirada triste o pobre, sino más bien como un niño con esperanza, con sueños, con alegría”, señala.
A partir de esa referencia, el proyecto tomó una dirección propia. El objetivo no fue copiar una estética, sino pensar qué puede decir una escuela de su comunidad a través de los materiales que esa misma comunidad desecha. “La idea fue darles a los chicos la oportunidad de generar posibilidades distintas y, sobre todo, a partir del arte, crear conciencia ambiental”, sostiene.
El descarte vuelve al aula
La escuela cuenta con un ecopunto donde padres y vecinos acercan envases. Allí comienza una cadena que después llega al aula. Según Mamaní, la participación de la comunidad resulta clave porque los materiales adquieren un nuevo sentido.
En estos tres años, el proyecto ya permitió realizar alrededor de 16 murales con tapitas y envases. Algunos fueron donados a la Municipalidad de Banda del Río Salí y a instituciones de la zona, como la Escuela Alfredo Guzmán, jardines y maternales.
“No costó que los chicos entendieran un diseño. Al contrario, muchos de ellos son excelentes dibujantes y, de hecho, hacemos los murales juntos”, destaca Mamaní y agrega que lo novedoso fue descubrir que una producción artística podía salir del aula y transformarse en un mensaje para otros. La docente trabaja con alumnos de primer y segundo año de la secundaria. Desde 2024 hasta ahora, alrededor de 210 estudiantes pasaron por la experiencia. Para muchos, el collage no era una técnica desconocida, pero el sentido solidario y ambiental sí marcó una diferencia.
Ese cambio también modificó la mirada sobre la basura. “Ellos mismos buscan los plásticos. Son comprometidos”, cuenta. Ese gesto cotidiano resume buena parte del proyecto: los estudiantes ya no ven solo un envase descartado, sino una posibilidad.
El Premio Fundación Vicente Lucci llegó como consecuencia de ese recorrido. La institución recibió certificados, hubo reconocimientos para dos alumnos expositores y también para la directora y Mamaní como coordinadora. Además, la escuela obtuvo un monto de dinero para continuar con la iniciativa. Ese aporte será destinado a herramientas de trabajo.
Además, la proferosa será distinguida entre 150 docentes por el Ministerio de Educación el lunes, a las 9.30, en la sede del Colegio de Graduados en Ciencias Económicas ubicado en Crisóstomo Álvarez 765.
La docente remarca que el valor del reconocimiento no está solamente en el premio, sino en que otros hayan visto el proceso desde el comienzo.
Un reconocimiento compartido
Antes de Travesía Berni, Mamaní ya había participado en otro proyecto de memoria sobre el Ingenio Villa Amalia, premiado en Córdoba en 2016. Esa experiencia, recuerda, la llevó a pensar qué podía hacer en otros lugares, porque tienen problemáticas distintas. En barrio Aeropuerto, la respuesta apareció ligada al ambiente, a la modalidad agro de la escuela y al compromiso de los alumnos. “Me genera mucha emoción saber que una no trabaja sola, que no trabaja en vano”, expresa.
En el Día del Maestro, la docente habla de un camino compartido. Reconoce que muchas veces pensó en cambiar lo que hacía, que se enojó o renegó por distintas situaciones, pero también dice que experiencias como esta son las que quedan “en el corazón, en la memoria” y ayudan a seguir adelante.
“El reconocimiento para mí significa un montón. Yo, como docente, quiero seguir dándolo todo, como siempre lo hice”, afirma. Para Mamaní, la exigencia diaria forma parte de su manera de entender la profesión. “A veces mis compañeros me dicen que cumplo demasiado con muchas cosas, pero es parte de mi formación. Tengo que valorarla y respetarla”, sostiene.
Aun así, insiste en que el centro de la experiencia no está en su figura, sino en los alumnos y en lo que pudieron construir. “A pesar de que uno a veces cree que todo queda en el aula, sobre todo con el arte, vemos que podemos generar conciencia”, señala.
Y cierra con una certeza que resume su forma de entender la docencia: “Esto no es solamente un reconocimiento a mi trabajo, sino un compromiso de todos. Yo soy solo una representante. Sin los alumnos, este proyecto no hubiese sido posible ni hubiese tomado la dimensión que tomó. Lo que yo quiero agradecer en mi profesión son los alumnos que tengo, a los que tuve y, por supuesto, con gran alegría, a los que voy a tener”.









