Mercedes Sosa y Tucumán, protagonistas en la historia de Jorge Luengo, el fotógrafo de Tinelli y de Maradona
En homenaje al valor de la fotografía en los diarios y revistas, recordamos la increíble historia del reportero gráfico tucumano Jorge Luengo. El detrás de escena de su ingreso a la revista Gente. El encuentro con Mercedes Sosa que empezó a cambiar su destino profesional. Cómo llegó a ser el fotógrafo de Marcelo Tinelli y de Diego Maradona. El periodista Hugo Ferrer, director de Grupo Crónica e integrante de Adepa, escribe esta historia jamás contada. Y también sobre la revalorización del periodismo, las coberturas y el compromiso con la sociedad.
Hugo Ferrer
Para LA GACETA
Bernardo Neustadt fue un periodista transgresor e influyente. Líder de opinión, generaba debates. Amado y odiado. Tuvo amigos, enemigos y muchos detractores. Trabajaba en Radio América, conducía Tiempo Nuevo en Telefe y escribía en el diario Ámbito Financiero y en las revistas Gente y Somos, de Editorial Atlántida. Su opinión generaba tendencias. ¿Qué sería de su vida hoy entre tantos algoritmos? Al margen de esto, en 1993 lideró una campaña solidaria para recuperar una bebé robada en un hospital. Ofreció 15.000 dólares. El país estuvo conmovido por el caso.
El lunes 26 de abril de 1993, a las 5.20 de la mañana nació Eliana Garelli en el hospital Santojanni. Su mamá, Gladys Morel, estaba en la habitación. Habían pasado casi nueve horas del nacimiento. Alrededor de las 14, apareció una mujer: peluca platinada, guardapolvo blanco, jeans, tacos altos y con una carpeta, con el logo del hospital, en la mano. Le dijo que era neonatóloga: “Me voy a llevar a la bebé porque está muy amarilla. Vamos a llevarla a la lámpara”. La tomó en brazos. Y se fue. Pasaron las horas y Gladys fue a neonatología. Ella pensó: “Me la van a dejar morocha”. Preguntó una y otra vez. En la tercera, escuchó: “Cierren todas las puertas”. Y se le vino el mundo abajo. Le habían robado a su beba.
María Rosa Díaz de Bonis era cosmetóloga. Fingió ser empleada. Una excusa fue clave.
Gladys Morel tenía 26 años y Tomás Garelli, 22. Los padres de Eliana, conmovidos. Tenían tres varones. De origen humilde, vivían en la Villa 15 de Ciudad Oculta. Denuncia y escándalo. La secuestradora, que no podía tener más hijos biológicos y había fingido un embarazo ante su entorno (incluso a su propio marido), se fugó en un auto.
La búsqueda se extendió por todo el país. Cada día, más angustia. Gladys no dejó de hacer notas y pedir por su hija. Llanto, dolor y ruegos. En las tapas de los diarios, las radios y la tevé el tema siguió vigente.
La recompensa de Bernardo Neustadt dio su resultado. Hubo un llamado a la radio. Un oyente que dijo llamarse Fabián pasó el dato certero. A tal punto que cobró la recompensa y Neustadt pasó en su programa el momento del pago.
El viernes 7 de mayo de 1993 por la noche hubo un allanamiento en la calle Sourdeaux 70, en Bella Vista, a 35 kilómetros de Capital Federal. Casa de dos pisos. Policías, patrulleros, orden judicial y un estruendo. María Rosa, la secuestradora, se había suicidado en el baño.
Eliana fue recuperada. Después de los estudios en el hospital Larcade de San Miguel, fue entregada a su madre, Gladys Morel. La beba lloraba: “La puse sobre mi pecho y se calmó”.
El regreso a Ciudad Oculta fue conmovedor.
Esa noche del viernes 7 de mayo seguí todo lo que pasaba desde la redacción de la revista Gente, donde era Jefe de Redacción. Un flash de noticias de Telefe fue determinante. La periodista Fanny Mandelbaum era la protagonista cubriendo en el lugar. Y también fue clave en la búsqueda. De repente, vi un “lamparazo” que iluminó una parte de la pantalla. Al equipo periodístico de Gente que estaba haciendo la Recorrida Nocturna por la Capital Federal lo derivamos a la villa. E hice un pedido especial: “Busquemos al fotógrafo que está ahí. Vi un ‘flashazo’. No tenemos fotos de la llegada de la mamá y la beba”.
En la madrugada del sábado 8, me llamó Jorge Amado, el responsable del equipo de las recorridas. “Encontramos al fotógrafo. Se comprometió a que el lunes irá a la redacción con las fotos.”.
Lunes 10 de mayo. Azopardo 579, en la Capital Federal. Pasado el mediodía la recepcionista del tercer piso de Editorial Atlántida, Laura Díaz Olmos avisó que me buscaban.
Fui al hall central, piso de mármol blanco y negro, casi como si fuera un damero. Ahí me esperaba una persona de larga cabellera: “colita” de pelo casi hasta la cintura.
“Yo soy el fotógrafo”. Era, es, Jorge Luengo. Vivía en la Villa 15 en Ciudad Oculta. Llegó con su Pentak K1000, la misma cámara que utilizó para hacer las fotos de Gladys Morel y Eliana: el regreso al barrio, el primer baño, el cambio de pañales, la ropita nueva, los besos y abrazos de los padres y la reunión familiar. Todo ese material se publicó en Gente. Exclusivo. No podía ser de otra manera. Y le dimos el crédito, la firma de las fotos.
¿Cómo le pagamos? Como se hacía en esa época a los colaboradores circunstanciales: con algunos packs de 12 rollos cada uno. Eran de Kodak color, de diapositivas. Y también con rollos en blanco y negro. Casi como tener oro en las manos. Todos los viernes los jefes de fotografía Eduardo Forte y Aldo Abaca me dejaban varios packs para cubrir estas eventualidades. Así, nos colmamos de primicias.
Luengo me confesó sus ganas de trabajar en Gente. “Llamame el viernes”, le dije. La idea era que se sume al equipo que realizaba los fines de semanas las Recorridas Nocturnas por los teatros, cines, restaurantes y boliches para hacerle fotos a los famosos. La sección El Show de los personajes, fue una de las más leídas y atrapantes de la revista.
Llegó el viernes. Sonó el teléfono de redacción, el 34 6316 (en la época del sin el 11 y el 4 delante). Llamó Luengo. “No hay nada. Volvé a llamarme el próximo viernes” .
A la semana siguiente, lo mismo. Nada.
El tercer viernes, cuando Luengo fue al único teléfono público cercano que tenía en el barrio vio una larga cola. La mayoría esperaba para hablar al exterior: ese era un teléfono de los “colgados” y era “gratuito”. Sin cospeles. “No puedo esperar, tengo que llamar ahora”. Fue a ver “al capo” del lugar, quien se lo resolvió rápido: dos tiros al aire, estampida y el teléfono le quedó libre.
Llamó Luengo. Sonó el teléfono en la redacción. Atendí. “Venite ahora. Vas a hacer la Recorrida Nocturna.”
Me reconoció que no conocía a muchos famosos, salvo a Mercedes Sosa. El destino es así: en el teatro Ópera justo esa noche ella hacía un recital. Era la gran prueba de fuego. Debut y despedida o seguir. Fue al teatro. Hizo las fotos del show. Luego, faltaban las de Mercedes Sosa para Gente. En el camarín “chapeó” que era de Tucumán, como ella, y argumentó: “Hoy empiezo a trabajar, si no hago la foto me echan”. Mercedes se compadeció. Click, click, click.
Y así empezó su camino de notas, grandes reportajes, viajes y coberturas. La amistad con Maradona lo catapultó a hacerle fotos exclusivas y ser su amigo.
También con Tinelli
Con Marcelo Tinelli empezó en Ideas del Sur. Ahí también compartimos algunos años juntos. Luengo también era su fotógrafo exclusivo en los programas que se emitieron por Telefe, Canal 13 y Canal 9. Y las fotos personales y las producciones especiales para diarios y revistas, que lideraba junto a Gabriela Galaretto. Además, las coberturas del vóley, fútbol y básquet y eventos sociales. Hasta hizo una muestra de sus fotos en Bolívar, de donde es Tinelli. Yo también nací ahí y en el mismo hospital. El hilo rojo de la vida y el periodismo.
Una vida entre el libro y un documental
Mientras una productora internacional está realizando una biopic sobre su historia de vida, Luengo disfruta de lo que fue el lanzamiento del libro Diego y lo que viene
El 10 de noviembre de 2026 se cumplirán 25 años del partido de despedida de Maradona en la cancha de Boca. El mismo día que el Papa León XIV termina su visita a la Argentina, esa fecha queda también imborrable para los que recuerdan aquella tarde en la Bombonera. Luengo fue el fotógrafo exclusivo de Maradona. Lo siguió antes, durante y después del partido. Todas esas fotos están en las 125 páginas de la edición -tapa dura y con alta calidad de impresión- realizada por Grupo Octubre. En primera persona, relató todas las vivencias. Todo queda en la memoria…y en las fotos.
• “Nací y crecí en Tucumán. Mi papá era albañil y mi mamá trabajaba en casas de familia. En una de esas casas, le daban la revista Gente y ella la traía a casa. Ese fue mi primer contacto con la fotografía. A los 13 me regalaron mi primera cámara de fotos. Todavía recuerdo la sensación cuando la tuve en mis manos: se me puso la piel de gallina”.
• “Ese año empezaba la secundaria y, como todo pibe futbolero, ya era fanático de Diego Maradona. Recuerdo que me agarró un bajón terrible cuando me enteré de que César Luis Menotti, el director técnico de la selección del 78, lo había dejado afuera de la lista de los que iban a jugar el Mundial. Toda mi vida estuvo marcada por el Diego, desde mi historia personal y familiar hasta la que luego me acercó a Maradona como fotógrafo y amigo”.
• “Creo que existió alguna especie de energía o mística que fue marcando mi vida y me hizo llegar a lugares que jamás hubiera imaginado, como aquel día del partido de despedida en La Bombonera, donde fui el único fotógrafo habilitado en la cancha por el mismo Diego. Pero mi historia, y en parte la de este libro, tiene que ver con algo más grande: cómo un fanático, el pibe de Tucumán que yo fui, que saltó el alambrado y corrió medio campo de juego para abrazar a su ídolo antes de que lo sacaran los guardias, en un partido al que había llegado sin entrada porque no tenía plata ni para el colectivo, terminó cumpliendo su sueño. El sueño de ser fotógrafo. Sin imaginar siquiera ese otro sueño cumplido que sería convertirme en el fotógrafo de la leyenda más grande del fútbol”.
• “Le hacía milanesas, puchero, pescados y asados. Le saqué muchas fotos, muchísimas. Debo tener más de mil. Pero me llevo en el alma las ocho que tenemos juntos y la feria de Diego: la foto en la que está durmiendo en una hamaca, y su mamá, la Tota, lo besa en la frente.”
•“Diego Maradona fue muy generoso. Así como me ayudó a mí ayudó a muchos otros. Incluso a jugadores que ya estaban sin trabajo o que estaban pasando por alguna enfermedad, él siempre estuvo atento a lo que necesitaran. Un poco para devolver esa generosidad surgió la idea de hacerle un gran homenaje, en su casa, la Bombonera.”
• “Cuando Diego se enteró de que yo vivía en la villa a pesar de ser fotógrafo de la revista Gente no dudó en ayudarme. Esa mano tendida en nuestro primer encuentro se transformó en un puente que nos unió para siempre”.








