Resumen para apurados
- Expertos audiovisuales debatieron en la Expocon 2026 en Tucumán la adaptación del cine ante la pérdida de atención y el auge de redes sociales.
- El análisis abordó el auge del video vertical, la necesidad de fidelizar comunidades digitales previas al estreno y la inclusión de nuevos lenguajes en festivales.
- La industria prevé un ecosistema donde el contenido breve de redes y el largometraje tradicional coexistan, complementándose sin anularse mutuamente.
Ya no se trata solamente de qué historias contar en las pantallas, sino también de dónde, cómo y durante cuánto tiempo está dispuesto a mirarlas el público. Esta transformación, que atraviesa a toda la industria del cine, fue el eje de un debate que reunió a productores, representantes de festivales y creadores de contenido en la segunda jornada de la Expocon 2026. La charla “Pantallas que mutan, de la sala al scroll ¿nuevos formatos, nuevas audiencias?” fue moderada por el periodista y realizador audiovisual Álvaro Medina.
Los especialistas plantearon que las nuevas formas de consumo obligan a repensar viejas reglas. La velocidad, la fragmentación de las audiencias y el crecimiento de las plataformas digitales conviven, sin embargo, con una pregunta que atraviesa al sector: ¿Qué lugar ocupan las historias en esta nueva sociedad?.
Ayelén Bustos, productora y artista visual, abrió la charla a partir de su trabajo con un proyecto de animación independiente. La experiencia, explicó, invirtió el circuito tradicional. En lugar de comenzar por los festivales o por los canales de televisión, la producción apostó por llegar directamente a las plataformas digitales y construir su recorrido desde allí. La animación, además, permitió contar una historia apoyada en lo visual y en lo expresivo en vez de lo literal y el diálogo: “No hacen falta grandes producciones”, sintetizó.
Para la productora, la transformación tecnológica también modificó la relación entre quienes producen contenido y quienes lo consumen. Frente a un escenario en el que las audiencias tienen acceso prácticamente inmediato a las producciones, las estrategias de expectativa propias de la televisión pierden peso y cobran mayor importancia las comunidades que se construyen alrededor de una obra.
La promoción empieza mucho antes del estreno y se extiende a las redes sociales. La audiencia deja de ser solamente el destino final de una producción para convertirse también en parte del proyecto.
El futuro del documental
Armando Ruiz Morellón, coordinador de producción del Festival Internacional de Cine de Guadalajara, uno de los más importantes de México y con 42 ediciones, describió un escenario similar: las instituciones vinculadas al cine también deben ampliar sus fronteras para acompañar las nuevas formas de narrar.
Entre los cambios incorporados por el festival mencionó la creación de un espacio dedicado a los videojuegos, entendido no solamente como una industria tecnológica sino también como un territorio de experimentación narrativa.
Pero para él, la transformación no pasa necesariamente por abandonar los formatos tradicionales. “El futuro del documental no va hacia nuevos formatos necesariamente, sino a desde dónde se cuentan las cosas”, afirmó. En ese sentido, destacó el crecimiento de las historias contadas desde una perspectiva personal. “La línea siempre va mucho hacia lo personal, contar las cosas desde un lugar propio hacia afuera”, sostuvo.
Las redes sociales aparecen también como una herramienta para acercar el cine independiente a nuevas audiencias. Allí, dijo, empiezan a ganar terreno los llamados “influencers de cine”, que construyen sus recomendaciones desde la experiencia personal y no necesariamente desde la crítica especializada.
Si los festivales deben abrirse a nuevas formas de narración y las producciones necesitan encontrar otras maneras de llegar al público, para Migue Wiernes Angeluk, fundador y CEO de WE Latam, el cambio debe comenzar incluso antes de producir.
Su propuesta parte de invertir la lógica tradicional: primero se define la comunidad a la que se quiere llegar y la manera en que esa audiencia consume contenido. A partir de allí se diseña la historia, se decide cómo distribuirla y, finalmente, se analizan los datos para volver a iniciar el proceso.
Según el CEO, esa capacidad de construir y sostener una audiencia es más importante que alcanzar una masividad momentánea. “Lo que vale es la comunidad fidelizada. El éxito es la comunidad fiel”, planteó.
En este nuevo esquema, además, los tiempos de producción se acortan. Lo que antes podía demandar meses de trabajo ahora puede pensarse en cuestión de días, en una dinámica determinada por la velocidad con la que circula y se consume el contenido.
La discusión sobre las nuevas audiencias también tuvo una dimensión local con la participación de Pablo Salcedo, vicepresidente del CIAT y presidente de la Comisión de Filmaciones de Tucumán, cuyo trabajo se vincula con el desarrollo de la actividad audiovisual en la provincia.
Desde ese lugar, Salcedo representa una de las piezas necesarias para que las nuevas posibilidades de producción no queden solamente en el terreno de las plataformas: la articulación entre el sector público y el privado.
En una industria que necesita financiamiento, infraestructura, espacios de producción y condiciones para atraer proyectos, esa conexión aparece como otro de los desafíos para el crecimiento del audiovisual tucumano.
60 segundos para generar dopamina
El cambio de escala se vuelve todavía más evidente cuando el soporte deja de ser la pantalla de cine o el televisor y pasa directamente al teléfono.
Marcos Melo, de Vyco, centró su intervención en el crecimiento del formato vertical, al que definió como una industria instalada y no como una moda pasajera. Pero el fenómeno, explicó, no consiste simplemente en adaptar una producción horizontal a una pantalla vertical. El formato trae consigo un lenguaje propio y modifica la manera de construir las historias. “El tiempo de entretenimiento es cada vez más escaso”, explicó.
En ese contexto, el relato debe captar la atención prácticamente desde el primer instante. Los episodios pueden durar entre 60 y 90 segundos y deben plantear y resolver conflictos rápidamente. Los primeros planos adquieren mayor importancia, mientras que la locación pierde protagonismo frente a la acción y a la necesidad de sostener el interés del espectador.
La lógica es sencilla: terminar un episodio dejando al usuario con ganas de ver el siguiente. “El formato ya está instalado, no es una tendencia”, resumió Melo.
La conclusión, sin embargo, no es que el contenido breve vaya a reemplazar al largometraje. La competencia, sostuvo, es otra: no se disputa contra una película o una serie, sino contra todo aquello que reclama la atención del usuario.
El largometraje, el streaming, el contenido vertical, los videojuegos y las redes sociales no necesariamente tienen que disputar el mismo espacio. Pueden formar parte de un ecosistema audiovisual en el que cada soporte encuentra su propio lenguaje y su propia audiencia.
La discusión que dejó la Expocon no fue, entonces, si el cine tradicional va a desaparecer frente a las redes sociales. La pregunta parece ser cómo contar historias capaces de sobrevivir en un mundo donde la atención dura cada vez menos, sin renunciar por eso a las que necesitan tiempo para ser contadas. “Necesitamos trabajar juntos y en comunidad”, cerró Bustos.
Producción periodística: Valentina Aranda Zóttola












