Resumen para apurados
- Lionel Messi anunció su retiro definitivo de la Selección argentina tras disputar la final del Mundial ante España, cerrando más de 20 años de trayectoria con la Albiceleste.
- El capitán confirmó su salida mediante un video tras una carrera con títulos históricos, seis mundiales y 125 goles, superando etapas adversas antes de la gloria máxima.
- Su partida marca el fin de la era más gloriosa del fútbol argentino moderno, dejando un legado imborrable y abriendo una etapa de profunda renovación en el equipo de Scaloni.
Era el 27 de mayo de 2025 y el reloj marcaba las 14.56 cuando llegó a mi casilla de mail el mensaje que había esperado durante toda mi vida: la acreditación para cubrir el partido de la Selección argentina contra Colombia, por las Eliminatorias sudamericanas, estaba aprobada. Lo leí y automáticamente pensé en aquel chico que usaba la camiseta de Barcelona y que se quedaba despierto hasta la madrugada para ver la Liga de España. Faltaban pocos días para cumplir uno de los sueños más grandes de mi vida: conocer y ver en una cancha, por primera vez, a Lionel Messi.
Hoy, ese recuerdo tiene otro peso. Messi anunció que se retira de la Selección después de haber disputado su último partido en la final del Mundial frente a España. La noticia confirma el cierre de una historia de más de 20 años con la camiseta albiceleste y obliga a mirar hacia atrás: los goles, los festejos, las finales perdidas, las lágrimas y todos esos momentos que marcaron a una generación. Mientras veía el video que publicó después de anunciar su despedida, con imágenes de toda su carrera y aquella frase que alguna vez resumió su sueño -“Quiero terminar mi carrera y haber ganado algo con la selección argentina”- volví inevitablemente a esas dos noches en las que tuve la posibilidad de verlo de cerca.
Lo que Messi significa para los que crecimos con él
Somos una generación que aprendió a querer el fútbol mirándolo a él. Crecimos discutiendo si era mejor que Cristiano Ronaldo, defendiéndolo cuando el país dudaba, sufriendo cada final perdida como si fuera propia y llorando de alegría cuando finalmente llegaron los títulos. Para muchos argentinos, Messi no fue solamente un futbolista: fue parte de nuestra infancia, nuestra adolescencia y nuestra manera de entender el fútbol. Por eso, aquella acreditación no significaba solamente cubrir un partido. Era la posibilidad de ver con mis propios ojos al jugador que había acompañado buena parte de mi vida.
Desde ese momento, todo fue adrenalina. La noche anterior, mientras subía al avión, ya sentía que algo iba a quedar para siempre en mi memoria. Al llegar a Buenos Aires y caminar por la calle Corrientes, me encontré con un mural de Messi envuelto en la bandera argentina junto a Diego Armando Maradona. Los dos grandes ídolos del fútbol argentino estaban unidos en una misma pared. Fue una primera señal de lo que me esperaba: una ciudad llena de camisetas, murales e imágenes del 10.
Después llegó el ingreso al Más Monumental. Había camisetas albicelestes por todos lados y un número que se repetía una y otra vez: el 10. Durante la entrada en calor, Messi salió a la cancha con una sonrisa enorme y un rompeviento para protegerse de los cinco grados de "la ciudad de la furia". Minutos antes, una pantalla había mostrado una camiseta de Newell's con el número 15 y una pancarta: “Leo', cambiamos la de Newell's por la tuya. Te queremos”. Después llegó el baile del "Dibu" Martínez, el tradicional truco de los caramelos entre Rodrigo De Paul y Leandro Paredes y Messi probando los reflejos del arquero con algunos remates.
El partido no fue el mejor para Argentina, que empató 1 a 1 con Colombia, pero durante los 90 minutos mi mirada estuvo puesta en un solo lugar. En cada córner, en las jugadas de balón detenido y en aquella acción que él mismo inició y terminó con un remate que pasó apenas cerca del palo. Después, en la zona mixta, apareció junto a Rodrigo De Paul, Nahuel Molina y el "Dibu". No quiso hablar, dolido por el resultado, pero levantó la mano para saludar a los periodistas entre los gritos de “¡Messi, Messi, unas palabras!”. Esa fue la postal con la que terminó mi primera vez viendo al 10.
Una despedida que tiene más valor
La segunda fue diferente. En su partido despedida de las Eliminatorias ante Venezuela estuve en las tribunas, como un hincha más, sin acreditación ni zona mixta. Messi marcó dos goles en el 3 a 0, se emocionó al salir al campo de juego y recibió el cariño de todo el estadio. Yo también terminé emocionado. En aquel momento todavía no sabía que el Mundial 2026, con la final ante España, sería su última experiencia con la Selección. Hoy, con su despedida confirmada, entiendo que aquellas dos noches fueron mucho más que dos partidos: fueron dos momentos irrepetibles junto al jugador que marcó mi vida y la de toda una generación.












