Había una vez un día como hoy en el año 1920 cuando un grupo de jóvenes, llamados luego los “Locos de la azotea”, hicieron por primera vez en Argentina una transmisión de radio en la terraza del teatro Coliseo de Buenos Aires. Desde entonces, prender la radio y escuchar qué tenía para contarnos fue una actividad que pusieron en práctica muchos de nuestros abuelos, padres y hasta nosotros mismos. Puede resultar algo extraño para nosotros -acostumbrados a otras tecnologías- imaginar cómo en sus inicios la gente se reunía en familia alrededor de la radio para escucharla de forma grupal. Algo similiar sucedió tiempo después con la llegada de la televisión. Quizás para la mayoría de quienes crecimos en los ‘90, la radio era algo aburrido, cosa de “viejos”, solamente un lugar donde pasaban música. Nuestro radioteatro eran los dibujos animados, las series y novelas que mirábamos por la tele. Después de todo ¿Para qué escuchar la magia de la radio, si con la tele teníamos imagen y sonido a la vez? Todo un teleteatro. Lo que sí, los equipos de radio ya venían con casetera y disquetera, y también con el “cosito” circular para cambiar de emisora que siempre debe haber estado. Las series de la tele lanzaban sus casetes y CD con la música de “Chiquititas”, “Cebollitas” y muchas series más. Puede que en algunas familias la radio también se haya utilizado como despertador. Nosotros teníamos que contribuir los sábados a la mañana con la limpieza de la casa, entonces en las primeras horas de la mañana, la radio sonaba un poco más fuerte de lo habitual, como para no despertarte con semejante ruido. Para quienes veníamos a estudiar en la Universidad desde otras provincias teníamos que economizar en los gastos por la dificultad que implicaba enviar a los hijos a estudiar lejos de su hogar. Una de las cosas en que se podía ahorrar era en el cable, y de paso tendríamos una distracción menos para nuestros estudios. Pero, sin embargo, la falta de tele daba lugar para que nos amiguemos de un viejo artefacto, y que además, era gratuito: la radio. Durante muchos años este pequeño electrodoméstico fue uno de mis cables a tierra, aunque las ondas de radio iban por el aire. Escuchar una canción y luego otra, porque todas eran lindas, y a veces era difícil apagar la radio de noche y poder dormir. Luego llegaron los programas de actualidad y opinión, con entrevistas a distintas personas. Recuerdo un programa que salía a las 11 de la noche, se llamaba “La noticia deseada” y era co-conducido por Miguel Wiñazki. Unos 10 minutos antes del cierre del programa, él hacía una reflexión filosófica. Me gustaba mucho escucharlo y, aparte, la filosofía era cómo una terapia para mí. También recuerdo a “Los mejores de siempre” conducido por Roberto Rinaldi los domingos a medianoche. Las entrevistas eran muy cálidas, y la voz de los interlocutores tenían algo de especial, cómo si estuvieras escuchando una voz tenue que te relaja, un sonido que solo lo escuchabas en la radio. ¿Alguien en 2026? Escribe un usuario en YouTube cuando la canción vieja que conocimos en la radio le gusto mucho y quiere saber si hay alguien más que sienta lo mismo del otro lado de la pantalla. Hoy en día la radio se transmite además por streaming pareciéndose mucho a una especie de televisión por internet. La imagen sigue teniendo algún predominio por sobre el sonido. Podemos responderle al usuario aficionado a la radio que también en el 2026 estamos aquí, esperando por sintonizarla de nuevo.
Leonardo Esteban Charaf
leonardocharaf17@gmail.com






