Resumen para apurados
- En Argentina, las familias recurren al crédito para cubrir gastos básicos debido a que los salarios aumentaron por debajo de rubros esenciales como servicios y vivienda.
- La brecha se profundizó tras fuertes subas en tarifas, lo que obligó a los hogares a utilizar financiamiento para afrontar costos fijos ineludibles en lugar de bienes suntuarios.
- La dependencia del crédito para subsistir compromete los ingresos futuros y eleva el riesgo de morosidad ante la continua pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores.
Escuchar nota
Hay una charla que se repite entre familiares y amigos, con una frase disparadora que podría ser más o menos así: “Ya se que cobro el sueldo y me quedo sin un mango”. Y ahí se suma voces y experiencias de resúmenes de las tarjetas con el pago mínimo marcado en rojo, de boletas de servicios abultadas y de tickets exorbitantes en el supermercado. El número final del sueldo ya no llega ni a mitad de mes para un sector importante de la población. Puede haber mucho de intuición o de generalizaciones en la charla, pero las estadísticas frías exhiben un diagnóstico que despeja dudas: las familias argentinas no están endeudadas por darse lujos, sino por los gastos fijos ineludibles.
Un reciente y minucioso informe de la consultora de análisis político Eunomia pone blanco sobre negro a través del Índice de Presión sobre el Presupuesto Familiar (IPPF), un indicador que mide cuánto pesan sobre el bolsillo los gastos que no se pueden postergar (comer, pagar el techo, los servicios, la salud y viajar al trabajo) frente a la evolución de los salarios registrados.
Los resultados son una radiografía del presente: en junio de 2026, la presión sobre los asalariados formales trepó a 108,6 puntos, apenas a un suspiro del pico histórico de abril de 2024 (109,5). La tregua del año pasado quedó pulverizada. Y para quienes alquilan, el panorama es directamente dramático: el índice trepó a 135,6 puntos, marcando un récord absoluto en toda la serie.
El mecanismo detrás de este ahogo cotidiano es puramente matemático. Entre enero de 2024 y junio de 2026, el salario registrado promedio avanzó un 201,5%. Sin embargo, los gastos esenciales mucho más rápido: la canasta general subió un 227,6% y la de los inquilinos trepó al 308,7%.
El verdadero cuello de botella, el nudo que asfixia a la clase media y trabajadora, tiene nombre y apellido: la vivienda y las tarifas. El rubro que agrupa alquiler, agua, luz, gas y combustibles acumuló un salto del 423,5%, lo que significa que creció más del doble que los ingresos formales. Detrás se ubicaron las subas en conectividad y telefonía (275,1%) y en transporte (219,9%), dos renglones que también le ganaron con holgura a los sueldos.
Más atrás quedaron salud (180,7%) y alimentos y bebidas (155,4%), aunque este último dato no trae alivio: comer no se volvió necesariamente barato, sino que el peso desproporcionado de las facturas fijas terminó absorbiendo toda la liquidez del hogar.
Cuando los costos fijos avanzan al doble de velocidad que el ingreso, el margen de maniobra desaparece. Ya no hay lugar para "recortar salidas" porque lo que se lleva la mayor tajada es, lisa y llanamente, la subsistencia.
La consecuencia directa es el endeudamiento estructural. Como el alquiler, los servicios y el transporte devoran el sueldo en los primeros 10 días del mes, el supermercado, la farmacia o la verdulería pasan inexorablemente a pagarse con tarjeta de crédito o saldo prestado en billeteras virtuales. Al mes siguiente, cancelar el total del resumen resulta inviable sin entrar en cesación de pagos con el techo o la luz. Comienza así la trampa del pago mínimo, las tasas usurarias y los adelantos de sueldo para tapar deudas previas, en una dinámica que castiga tanto a los empleados privados (con un índice de presión de 107,7) como a los estatales, donde la presión escala al 110,5.
El informe de Eunomia deja al descubierto que en la economía de a pie, la recomposición salarial quedó renga frente al nuevo esquema de tarifas y alquileres. No se trata de familias desmedidas en sus gastos sino de hogares empujados a vivir a crédito para sostener techo y comida.







