El otro triunfo del Trasmontaña: vienen a competir y terminan descubriendo Tucumán
La edición 32 volvió a confirmar el poder de convocatoria de la competencia: corredores de las 23 provincias restantes y de cinco países llegaron a Tucumány movilizaron también a sus familias y acompañantes. La carrera generó un movimiento estimado de hasta 10.000 personas.
Resumen para apurados
- La 32ª edición del Rally Trasmontaña reunió este fin de semana a 2.000 bikers en Tucumán, impulsando el turismo con atletas de todo el país y el exterior.
- Más de dos tercios de los corredores llegaron de otras provincias y cinco países, generando un movimiento de 10.000 personas que colmó hoteles y comercios locales.
- La competencia consolida a Tucumán como vidriera deportiva internacional y diversifica su oferta turística al sumar modalidades como el trail running.
Durante un fin de semana, Tucumán deja de ser solamente el lugar donde se corre una de las pruebas de mountain bike más exigentes de Sudamérica. Se convierte en punto de encuentro. Las bicicletas llegan desde distintos rincones del país, los idiomas se mezclan en los hoteles, los caminos de montaña se llenan de familias y acompañantes y San Javier vuelve a ser el corazón de una fiesta que, desde hace años, trascendió definitivamente los límites del deporte. El Rally Trasmontaña es una carrera, pero también es turismo, promoción y movimiento económico. Y, por su capacidad de convocatoria, se transformó en el evento deportivo que mayor cantidad de visitantes genera en Tucumán.
La edición 32 volvió a confirmar esa dimensión. Este año fueron 2.000 bikers los que participaron en la tradicional competencia en parejas. Apenas 608 fueron tucumanos. El resto llegó desde las otras 23 provincias argentinas y también desde Canadá, España, Uruguay, Paraguay y Chile. Los números son contundentes: más de dos tercios de los corredores arribaron desde fuera de la provincia y, con ellos, llegó un ejército silencioso de acompañantes.
“Se estima que por cada biker que viene a competir, llegan al menos otros cuatro acompañantes a la provincia”, explicaron desde la organización. Si esa proporción se toma como referencia, la carrera puede generar un movimiento cercano a las 10.000 personas vinculadas directamente con la competencia. No todos llegan exclusivamente para pedalear. Muchos vienen a acompañar, conocer, recorrer, comer, alojarse y descubrir una provincia que, para buena parte de ellos, hasta ese momento era una postal lejana.
Ahí aparece una de las grandes fortalezas del Trasmontaña: la carrera funciona como una enorme vidriera turística. Cada participante que llega se convierte, durante algunos días, en un visitante que recorre Tucumán y que luego puede transformarse en un nuevo promotor del destino.
“Una vez más la carrera fue todo un éxito. Hay mucha gente que conoció Tucumán por el Trasmontaña. Esta es una carrera que, por suerte, ya es conocida en todo el mundo”, destacó Alexander Kachurovsky, uno de los organizadores. La afirmación no es exagerada. La presencia internacional se convirtió en una constante y la edición de este año volvió a demostrarlo con corredores de Canadá y España, además de representantes de países sudamericanos.
En 2025, incluso, el Trasmontaña recibió a una figura de enorme prestigio como el estadounidense Ned Overend. Esta vez, uno de los protagonistas fue el canadiense Matt Hunter, que compitió junto al español Joan Soro. Ambos quedaron impactados por el escenario tucumano.
“No sabía con qué me iba a encontrar y realmente quedé alucinado con los senderos, la vegetación, con los ríos y los animales que se cruzan en el camino. Es maravilloso el circuito”, contó Hunter. Soro, acostumbrado a competir en distintos lugares del mundo, encontró algo diferente en las yungas tucumanas. “Corrí en varios lugares del mundo, pero nunca vi un circuito igual. Había muchas diferencias de vegetación, muchas variaciones, distintos tipos de camino. Es maravilloso”, aseguró. Los dos, además, dejaron abierta la puerta para regresar.
Ese es otro de los secretos del Trasmontaña. La carrera no termina cuando se cruza la meta. Para muchos, la experiencia comienza mucho antes.
“Hay que destacar que desde tres meses antes ya viene gente a Tucumán por el Trasmontaña. No es que vienen y se quedan tres meses, pero vienen los fines de semana para empezar a reconocer el trazado”, explicó Pablo Rosales, integrante de la organización.
Ese movimiento previo también tiene un impacto concreto. San Javier, El Siambón, Raco y Yerba Buena comienzan a recibir visitantes con semanas de anticipación. Las reservas de hospedaje se mueven, los restaurantes tienen mayor actividad y los servicios vinculados con el turismo sienten el efecto de una competencia que dejó de concentrar su impacto en un solo domingo.
Y este año el fenómeno se amplió todavía más con el nacimiento del Trasmontaña Trail. La prueba pedestre, con distancias de 15 y 30 kilómetros, incorporó nuevos protagonistas y extendió la propuesta deportiva. La particularidad también fue significativa: hubo más participantes foráneos que tucumanos. Otra señal de que la marca Trasmontaña tiene capacidad para atraer visitantes incluso más allá del mountain bike.
El sector turístico y comercial también reconoce ese impacto. Héctor Viñuales, presidente de la Federación Económica de Tucumán, titular de la Cámara de Turismo de Tucumán y de la Federación de Turismo, consideró positivo el balance provincial. “El movimiento turístico en Tucumán estuvo bastante bien. Sin duda impactó el clima en la ciudad, en Yerba Buena y San Javier, pero claramente es el fin de semana donde en Tucumán se genera uno de los eventos más importantes del Norte, que es el Trasmontaña”, señaló.
Más allá de las cifras, hay algo que resulta difícil de medir: el valor de la experiencia. Un biker canadiense que descubre una senda entre la vegetación de las yungas. Una familia que conoce Raco por acompañar a un corredor. Un grupo de españoles que decide regresar. Un competidor de otra provincia que vuelve a su casa hablando de los paisajes tucumanos.
En ese sentido, el Trasmontaña pedalea mucho más lejos de lo que indican sus 41 kilómetros de recorrido. La carrera nació como una aventura deportiva y terminó convirtiéndose en una de las grandes cartas de presentación de Tucumán.
Cada bicicleta que baja por la montaña lleva consigo una historia. Y cada visitante que llega por el Trasmontaña se lleva otra. Por eso, cuando la última pareja cruza la meta y el ruido de las ruedas comienza a apagarse, la carrera todavía no terminó. Para Tucumán, buena parte de sus efectos recién comienza.














