Resumen para apurados
- Expertos de Brasil y Argentina destacaron en la Cumbre de Bioetanol en Tucumán el rol clave de los biocombustibles para la soberanía energética y el desarrollo económico.
- Brasil expuso cómo el etanol mitigó crisis petroleras desde 1970, mientras que especialistas descartaron el conflicto entre alimentos y energía ante el aumento de cosechas.
- Proyectan grandes oportunidades para el norte argentino con plantas flex y el auge del combustible sostenible de aviación, cuya demanda global se triplicará hacia 2050.
El escenario internacional de la transición energética y el avance de los combustibles renovables concentraron la atención del panel "Situación actual de los biocombustibles en el mundo", desarrollado durante la Segunda Cumbre de Bioetanol en Tucumán. Con la moderación del gerente del Instituto de Promoción del Azúcar, Jorge Etchandy, las ponencias de Marcia Valeria de Souza Alves, coordinadora de Etanol y Biometano del Ministerio de Minas y Energía de Brasil, y de Agustín Torroba, secretario ejecutivo de la Coalición Panamericana de Biocombustibles Líquidos (Cpbio), trazaron un diagnóstico sobre la descarbonización, la seguridad energética y el papel estratégico que puede asumir la agroindustria argentina en los nuevos mercados globales.
La funcionaria brasileña abrió el bloque recuperando los orígenes del programa Pró-Álcool a fines de la década del 70, recordando que la apuesta por los biocombustibles nació en su país como una respuesta obligada a la crisis petrolera internacional de 1979 y a la vulnerabilidad externa. “El etanol comenzó por necesidad; en la crisis del petróleo del 79 el país enfrentaba una fuerte dependencia energética externa y el etanol fue utilizado como alternativa para reducir nuestra vulnerabilidad”, explicó De Souza Alves. En ese sentido, remarcó que “diversificar las fuentes de energía no es apenas una cuestión ambiental: es también una cuestión económica y de soberanía energética”.
De Souza Alves detalló que el problema central a resolver ante las crisis externas radica en el riesgo de depender de combustibles importados, donde los países quedan expuestos simultáneamente a los precios internacionales del crudo, las variaciones del tipo de cambio y los riesgos logísticos globales. “El biocombustible no elimina el costo de la energía: lo que hace es redistribuir ese valor dentro de la economía nacional y reducir la exposición a los shocks externos”, afirmó. Según precisó, sustituir una molécula importada por producción local se traduce directamente en “más inversión en la agricultura, más actividad industrial, más empleos y mayor generación de renta dentro del propio país”, un camino que Brasil consolidó a lo largo de décadas mediante “políticas estables, inversiones privadas y un perfeccionamiento regulatorio constante”.
En su exposición, Torroba analizó las tendencias internacionales y desestimó el histórico dilema entre producción de alimentos y energía, demostrando con estadísticas que la oferta de materias primas crece a un ritmo muy superior al demográfico. “Las materias primas crecen mucho más rápido que la población, dejando atrás ese viejo debate de Europa de alimentos versus energía”, sostuvo. Torroba detalló que, mientras la población mundial creció un 166% desde 1961, la producción de caña aumentó un 333%, la de maíz casi un 500% y la de soja un 1.379%. Respecto del mercado global, precisó que se producen actualmente 180 millones de metros cúbicos de biocombustibles (dos tercios de etanol y un tercio de biodiésel) y que “más del 80% del etanol que se consume en el mundo está en regiones donde hay exigencias y certificaciones de criterios de sostenibilidad; la tendencia clara es producir un biocombustible con activo ambiental y monetizarlo”.
Al repasar las políticas de corte obligatorio en el mundo (como la autorización del E15 todo el año en Estados Unidos, el salto al 20%-25% en India y la aprobación del E32 en Brasil), Torroba planteó oportunidades directas para el norte argentino. “En el norte hay largos excedentes de maíz que se podrían industrializar para producir etanol. Los contrafletes dan una ventaja de flete corto y es totalmente factible integrarlo con la industria sucroalcoholera en plantas flex”, señaló. Asimismo, remarcó la importancia de abrir el mercado a los vehículos flex fuel en la región: “el alcohol está en el norte versus la nafta que hay que mover más de mil kilómetros; hay claramente una ventaja de renta de localización”.
Finalmente, Torroba hizo foco en la aviación y el transporte marítimo como los grandes motores de la demanda a futuro mediante la ruta Alcohol-to-Jet (ATJ) para el SAF y los motores marinos duales. “En el largo plazo, el mercado de SAF es prácticamente infinito para nuestro país; las estimaciones prevén que para 2050 se consuman casi 500 millones de metros cúbicos, es decir, tres veces el mercado actual de todos los biocombustibles juntos”, subrayó.







