Resumen para apurados
- La tucumana Andrea Moreno fue convocada a Las Yaguaretés para la concentración de agosto de cara a los Juegos Suramericanos de septiembre en Santa Fe.
- Moreno regresa tras un período sin citaciones donde mantuvo su preparación física y mental sin garantías de volver, mientras lideraba a nuevas jugadoras en su club.
- La concentración del 13 al 16 de agosto permitirá al cuerpo técnico definir el plantel para el certamen regional, consolidando el liderazgo deportivo de Moreno.
Andrea Moreno estaba acostumbrada a otra cosa. Durante buena parte de su carrera, su nombre apareció con frecuencia en las convocatorias de Las Yaguaretés. Concentraciones, torneos y viajes formaban parte de una rutina que construyó durante años dentro del seleccionado argentino. Hasta que, en algún momento, dejó de suceder. Su nombre ya no estaba.
Y ahí comenzó una experiencia que, según reconoce, prácticamente no había atravesado durante su carrera deportiva. Por primera vez tuvo que encontrar motivos para entrenarse sin tener una concentración en el horizonte, sostener la exigencia sin saber cuándo llegaría otra oportunidad y convivir con una pregunta inevitable: ¿volverían a llamarla?
La respuesta finalmente llegó. Moreno fue convocada nuevamente para concentrar con Las Yaguaretés y comenzar una nueva etapa dentro del proceso del seleccionado argentino femenino de seven. “Para mí es un premio a no haber dejado de entrenar durante todo el tiempo que no estuve convocada. Es medio difícil mantenerte motivada cuando no estás en ritmo con las concentraciones o los torneos, pero también me dejó la enseñanza de seguir entrenando y pensar que en algún momento podía volver a darse”, explicó.
La citación forma parte de la preparación de Las Yaguaretés para los Juegos Suramericanos, que se disputarán en septiembre en Santa Fe. Moreno participará de la concentración prevista del 13 al 16 de agosto, una instancia que servirá para que el cuerpo técnico encabezado por Nahuel García evalúe a las jugadoras que buscarán ganarse un lugar en el plantel definitivo. La tucumana vuelve así a entrar en carrera para representar a Argentina en una competencia internacional.
El regreso tiene detrás una batalla mucho menos visible que cualquier partido: la de la frustración. “Fue algo que no había pasado tan así en toda mi carrera deportiva. Fue difícil al comienzo, cuesta. Pero siempre traté de seguir entrenando, de no abandonar y de aferrarme a mis compañeras y amigas. Eso me hizo salir adelante”, reconoció.
Una convocatoria que intentó no esperar
La paradoja es que Moreno recibió esta nueva oportunidad después de intentar convencerse de que podía no llegar. Las jugadoras forman parte de un grupo en el que reciben la información del seleccionado. Allí apareció el aviso con los nombres que podían integrar la próxima concentración. Entre ellos estaba nuevamente el suyo.
“Me sorprendió. No sé si había perdido la esperanza, pero no quería estar muy ilusionada para no volver a decepcionarme”, confesó.
No fue resignación. Fue, en cierta manera, un mecanismo para quitarse presión después de experimentar lo que significaba trabajar durante meses por un objetivo y no conseguirlo.
“Es difícil cuando trabajás mucho por algo y no estás. Cuesta asimilarlo. Ahora estoy como sin presión y trato de verlo de esa manera: entreno y, si me toca, buenísimo; y si no, sigo igual, porque a mí lo que me gusta es entrenar y jugar donde sea que me toque”, explicó.
Las Yaguaretés continúan ocupando un lugar especial. Pero Moreno entendió que necesitaba encontrar un equilibrio. “Obviamente que estar en la Selección es súper importante, pero también, para cuidar mi salud mental, trato de no sentirme tan presionada”, sostuvo.
La diferencia con aquella primera Andrea que llegó al seleccionado es enorme. Entonces predominaban la emoción y la incertidumbre por descubrir una realidad desconocida. Ahora existe experiencia, pero también la satisfacción de comprobar que estuvo preparada cuando apareció otra oportunidad.
“Estoy muy feliz porque siento que hice un trabajo muy duro para poder seguir manteniéndome físicamente y mentalmente. Podría haber pasado que aflojara y que, cuando me volvieran a convocar, no estuviera lista. Gracias a Dios mi realidad es otra. Creo que no aflojé nunca entrenando”, afirmó.
Liderar haciendo
Durante el tiempo en el que Las Yaguaretés dejaron de ser una certeza, Moreno tampoco se alejó de quienes intentaban recorrer ese mismo camino.
En Aguará Guazú asumió naturalmente un papel de referente. Nahir Argañaraz, otra de las tucumanas que ingresó en el proceso nacional, destacó justamente la importancia que tuvo Andrea para guiarla.
Moreno acepta la definición de líder, aunque hace una aclaración. “Sí me considero líder, pero no tanto con las palabras, sino con las acciones. Creo que el hecho de que mis compañeras vean todo lo que hago y cómo lo plasmo en la cancha les sirve mucho”, explicó.
En cierta forma, intenta ofrecer aquello que considera fundamental durante los primeros pasos de cualquier deportista. “Trato de hacer lo que a mí me hubiera gustado que hicieran conmigo cuando era más chica: tener esa persona que te diga ‘mirá, por acá tenés que ir, esto tenés que hacer, vamos y lo hacemos juntas’”, contó.
Con Argañaraz existe, además, una relación construida desde los comienzos. Moreno observó su potencial y trató de transmitirle herramientas para potenciarlo. “A ella le faltaba esa disciplina de entrenar y el conocimiento de saber qué tenía que hacer. Estoy muy contenta de poder brindarle todo lo que voy aprendiendo y poder hacerlo juntas”, destacó.
El miedo inicial y una historia compartida
Curiosamente, la jugadora que terminó construyendo una extensa trayectoria en el rugby alguna vez tuvo miedo de probarlo. De chica practicó distintos deportes. Jugó al vóley, al fútbol y siempre tuvo facilidad para la actividad física. El rugby apareció gracias a su hermana, María Emilia Ortega.
“Ella empezó a jugar y siempre me invitaba. Yo le tenía miedo por el simple hecho de que decían que era un deporte torpe y demás. Hasta que un día me sumé y desde ese momento nunca dejé de jugar”, recordó.
El deporte terminó regalándoles incluso una experiencia difícil de imaginar durante aquellos primeros entrenamientos: ambas llegaron a compartir el seleccionado.
“Estuve en la Selección con mi hermana también en un momento. Ella ahora ya no juega, pero las dos hicimos una carrera en el rugby juntas”, contó.
Años después, Andrea vuelve a encontrarse ante otra oportunidad con Las Yaguaretés. Pero esta vez el significado cambió. Ya no existe únicamente la emoción de ser elegida. También está todo aquello que ocurrió cuando su nombre dejó de aparecer.
Por eso el regreso funciona como una recompensa. No por haber esperado la convocatoria, sino precisamente por haber seguido entrenando cuando no sabía si alguna vez iba a llegar.








