De Borgoña a Chañar Punco: el mejor Chardonnay del país nace donde la piedra le da identidad al vino

Tim Atkin no dudó en calificarlo con 97 puntos. Su veredicto confirma que la fineza de este blanco ya compite con los referentes mundiales.

EL LUGAR. Chañar Punco se encuentra recostado contra las sierras de Quilmes, en Santa María.
EL LUGAR. Chañar Punco se encuentra recostado contra las sierras de Quilmes, en Santa María.
Edu Ruiz
Por Edu Ruiz Hace 6 Hs

Durante décadas, en los Valles Calchaquíes el brindis se hacía con Malbec, Tannat o Cabernet Sauvignon. Vinos potentes, "de cuerpo", que parecían condensar la aspereza de la montaña. Entre los blancos, el Torrontés reinaba sin discusión. Pero en silencio, el Chardonnay empezó a trazar su propio camino. Y lo hizo en el lugar menos esperado: a 2.000 metros de altura, en una parcela de apenas 0,43 hectáreas, en el paraje Chañar Punco, Catamarca.

El Chardonnay nació en Borgoña y desde allí conquistó el mundo. Es la variedad blanca más plantada del planeta (y la tercera en el país destrás del Pedro Giménez y del Torrontés Riojano), y también la más camaleónica: sabe adaptarse a cada suelo sin perder su esencia. Pero es en los terrenos calcáreos y de altura donde suele mostrar su mejor versión, esa que combina acidez vibrante, textura mineral y una elegancia que seduce sin estridencias. Lo que en Francia dio origen a algunos de los blancos más legendarios, en Chañar Punco encontró un escenario inesperado. Allí, el mismo diálogo entre la uva y la piedra empezó a escribir una nueva historia.

La apuesta tuvo su recompensa. El Esteco Partida Limitada Chardonnay 2025 obtuvo 97 puntos en el Argentina Special Report 2026 de Tim Atkin, el crítico británico que cada año recorre el país con su mirada implacable. Desde su lanzamiento en 2019, la etiqueta fue escalando con una consistencia notable: 93 puntos en sus primeras añadas, 95 en 2021 y ahora, 97. Una evolución que confirma que los blancos saben mostrar su elegancia en esta parte del país. Y el dato no es menor: la calificación obtenida por El Esteco se acerca al techo que el mendocino Catena Zapata Adrianna Vineyard White Bones Chardonnay alcanzó en 2021 y 2023, con 98 puntos.

EL ENÓLOGO. Maza supo encontrar riqueza en un suelo pobre para lograr un gran vino. EL ENÓLOGO. Maza supo encontrar riqueza en un suelo pobre para lograr un gran vino.

Detrás de este vino está Claudio Maza, un mendocino nacido en un pueblo chiquito llamado Philips, que llegó al Valle Calchaquí en 2005 sin saber bien qué iba a encontrar. "Antes se presentaban avisos clasificados en el diario que decían 'se necesita enólogo para bodega'. Me presenté para ver de qué se trataba. No conocía el Norte cuando me vine", le cuenta a LA GACETA al recordar sus inicios en El Esteco, la bodega del Grupo Peñaflor. "Cuando llegué y probé los vinos que se hacían en su momento, noté que había un potencial en la zona para poder desarrollarlo. Eso fue lo que más me sedujo del proyecto", agrega el hoy gerente de Enología de la empresa radicada en Cafayate, Salta.

La piedra de Chañar Punco

No es un lugar fácil. Está en el departamento Santa María, Catamarca, sobre la margen oeste del río Santa María, recostado contra las sierras de Quilmes. Allí, a 2.000 metros de altura, el Grupo Peñaflor plantó 260 hectáreas a fines de los 90, cuando nadie miraba hacia ese lado. Era una apuesta, un salto al vacío. Porque Chañar Punco es hostil: pobre, pedregoso, golpeado por un viento que no da tregua y una altura que todo lo condiciona.

Pero dentro de esas 260 hectáreas hay una parcela que es, literalmente, una excepción dentro de la excepción. Apenas 0,43 hectáreas de Chardonnay. Una superficie diminuta, casi caprichosa, de la que salió esa partida limitada. Una producción que roza lo artesanal, más cerca de una edición de bibliófilo que de un vino de consumo masivo.

¿Qué hace especial a ese pedazo de tierra? El suelo. Chañar Punco es piedra. Y no cualquier piedra: una matriz calcárea que recorre casi toda la finca y que recuerda a los mejores suelos de Borgoña. "El Valle Calchaquí no estaba acostumbrado a plantar en la piedra", explica Maza. Esa piedra, esa cal, es la que le da al vino su carácter mineral, esa textura de tiza que se siente en boca y esa acidez vibrante que lo hace inolvidable.

PRODUCCIÓN. La bodega del Grupo Peñaflor es una de las más importantes de la región. PRODUCCIÓN. La bodega del Grupo Peñaflor es una de las más importantes de la región.

La altura, además, hace lo suyo. El enólogo asegura que produce una radiación extrema, una amplitud térmica que no se da en otros lados. Las uvas crecen más pequeñas, pero también más concentradas. Y el tiempo, también, juega en contra: un viñedo en suelos orgánicos tarda tres años en producir; en las piedras de Chañar Punco tarda un poco más. Pero cuando la espera termina, el vino que llega justifica cada uno de esos días.

El vino

El perfil del vino fue una decisión deliberada. "Estilísticamente nos fuimos hacia Borgoña. Vinos austeros, de buena acidez, donde la madera esté integrada o sin madera. Nos alejamos del estilo californiano, maderoso y de alcoholes elevados", describe Maza. Y el cambio fue profundo: "Empezamos a cambiar ese concepto de la viticultura argentina de cosechar por madurez midiendo el grado de azúcar para buscar 14° de alcohol. Fuimos al revés: salimos a buscar la acidez, que es la columna vertebral para que un blanco perdure en el tiempo".

"Elaboramos en huevos de cemento sin epoxipar para que no haya interferencia del roble ni de nada. Hacemos prensado directo: cosechamos y la uva va directo a la prensa sin despalillar, a presiones leves", describe el enólogo. "Usamos levaduras seleccionadas que resaltan la mineralidad propia del Chardonnay. Luego se hace una crianza en el mismo huevo por nueve meses y pasa a la botella. Todos estos vinos necesitan dos años de guarda en botella antes de salir al mercado", añade.

CHARDONNAY. El vino blanco de extrema altura con los puntos que recibió de Atkin. CHARDONNAY. El vino blanco de extrema altura con los puntos que recibió de Atkin.

El cambio en el perfil del consumidor también fue clave. "Hace 10 o 15 años, el consumidor decía '¡uy, qué ácido es este vino!'. Las bodegas trataban de aplacarlo con uvas más maduras o enmascarando el perfil. Hoy la acidez es un atributo de calidad. Te resalta la fruta, los aromas y la boca". El viraje, dice, se extendió a otras cepas: "El Torrontés pasó de ser empalagoso y chato a ser un vino sabroso". Un cambio que vino para quedarse.

¿Hay techo para este Chardonnay? Maza cree que no. "Siempre se puede mejorar. Tenemos un lugar espectacular, pero el viñedo, la tecnología y la innovación pueden seguir creciendo. El vino tiene ciclos. Hoy fermentamos en huevos de hormigón, una técnica de hace cientos de años". Los 97 puntos, entonces, no cierran una etapa. Marcan el rumbo de lo que viene.

Temas Vinografías
Tamaño texto
Comentarios
Comentarios