23 Mayo 2005 Seguir en 
Durante una hora y media, cientos de chicos se mantuvieron en silencio, en sus butacas, con excepción de los momentos en los que los actores de "La bella y la bestia" generaban risas o llamaban al aplauso con sus actuaciones.
Así, y a sala llena, fueron las tres funciones de este musical, que se hicieron ayer en el teatro San Martín. Los relatores son dos títeres.
"El monstruo no da miedo; es bueno", le contó a LA GACETA, como en secreto, Iliana Ramírez, de cinco años.
Marta llevó a sus nietos Juliana, de tres años, y Matías, de cinco, con bastante temor. "Pensé que iban a aburrirse y que íbamos a tener que irnos a la mitad, pero les encantó y no se pararon ni para ir al baño", dijo la mujer.
El musical porteño cuenta, mediante canciones, la historia de un joven príncipe que vivía en un hermoso castillo, hasta que en una fría noche una vieja mendiga llegó a su morada y le ofreció una simple rosa a cambio de refugio. El se burló del obsequio y echó a la anciana a la calle. Ella le advirtió que no se dejara engañar por las apariencias, porque la belleza estaba en el interior de las personas.
Cuando volvió a rechazar la rosa, el príncipe se enteró de que la mujer era una hechicera. El príncipe intentó disculparse, pero ya era tarde porque ella no había visto amor en su corazón. Como castigo a su desprecio, lo convirtió en una espantosa bestia y le entregó la rosa que ella le había ofrecido, que en realidad estaba encantada, y le dijo que si llegaba a amar a una doncella y ella lo amaba también antes de que cayera el último pétalo, se rompería el hechizo. La relación se da entre la bestia y una bellísima joven que habita el castillo.
A los niños tucumanos les encantó la historia y también la representación (aunque algunos se quejaron por fallas en el sonido). "Yo había visto en la tele este cuento, pero verlo con gente es mucho mejor, es como más real", aseguró Camila Isas, de siete años.
Así, y a sala llena, fueron las tres funciones de este musical, que se hicieron ayer en el teatro San Martín. Los relatores son dos títeres.
"El monstruo no da miedo; es bueno", le contó a LA GACETA, como en secreto, Iliana Ramírez, de cinco años.
Marta llevó a sus nietos Juliana, de tres años, y Matías, de cinco, con bastante temor. "Pensé que iban a aburrirse y que íbamos a tener que irnos a la mitad, pero les encantó y no se pararon ni para ir al baño", dijo la mujer.
El musical porteño cuenta, mediante canciones, la historia de un joven príncipe que vivía en un hermoso castillo, hasta que en una fría noche una vieja mendiga llegó a su morada y le ofreció una simple rosa a cambio de refugio. El se burló del obsequio y echó a la anciana a la calle. Ella le advirtió que no se dejara engañar por las apariencias, porque la belleza estaba en el interior de las personas.
Cuando volvió a rechazar la rosa, el príncipe se enteró de que la mujer era una hechicera. El príncipe intentó disculparse, pero ya era tarde porque ella no había visto amor en su corazón. Como castigo a su desprecio, lo convirtió en una espantosa bestia y le entregó la rosa que ella le había ofrecido, que en realidad estaba encantada, y le dijo que si llegaba a amar a una doncella y ella lo amaba también antes de que cayera el último pétalo, se rompería el hechizo. La relación se da entre la bestia y una bellísima joven que habita el castillo.
A los niños tucumanos les encantó la historia y también la representación (aunque algunos se quejaron por fallas en el sonido). "Yo había visto en la tele este cuento, pero verlo con gente es mucho mejor, es como más real", aseguró Camila Isas, de siete años.







