¿Invertir en tiempos de incertidumbre?

Las oportunidades no siempre aparecen cuando el escenario está completamente despejado. A veces, esperar demasiadas certezas puede ser tan riesgoso como avanzar sin planificación.

¿Invertir en tiempos de incertidumbre?
Hace 2 Hs

Por Francisco López Cruz - Socio fundador de López Cruz & Co

Invertir siempre implica una tensión. Las empresas necesitan crecer, modernizarse, incorporar tecnología y desarrollar nuevas capacidades. Pero, al mismo tiempo, deben proteger su liquidez y evitar comprometer recursos en un contexto que todavía presenta interrogantes.

En Argentina, después de años de inflación, volatilidad y cambios permanentes, muchas organizaciones desarrollaron una lógica defensiva: postergar decisiones, reducir sus horizontes de planificación y privilegiar la liquidez.

Esa prudencia permitió atravesar períodos complejos. Sin embargo, cuando se transforma en inmovilidad, también puede convertirse en un riesgo.

En su artículo “La inversión no repunta: ¿es preocupante?”, el economista Lucas Pussetto señala una aparente contradicción: mientras la economía mostró una mejora, la inversión en maquinaria, equipos y construcciones continuó disminuyendo. Durante el primer trimestre, la formación bruta de capital fijo cayó un 11,6% interanual y acumuló cuatro trimestres consecutivos de descenso en términos desestacionalizados.

La inversión expresa expectativas. Cuando una empresa compra una máquina, amplía una planta, abre una sucursal o incorpora tecnología, no está respondiendo solamente a la demanda actual. Está formulando una expectativa sobre lo que ocurrirá en los próximos años.

Por eso, la pregunta no debería ser únicamente “¿es momento de invertir?”, sino también “¿en qué necesita invertir hoy nuestra empresa para estar preparada mañana?”.

No todas las inversiones son iguales

Cuando se habla de inversión, suele pensarse en grandes ampliaciones, nuevas instalaciones, compras de equipos o maquinarias que implican importantes desembolsos de capital. Pero existen otras decisiones que también construyen futuro.

Invertir puede significar automatizar tareas, mejorar los sistemas de información, revisar procesos, profesionalizar la gestión, fortalecer al equipo comercial o desarrollar nuevos productos. También puede consistir en reemplazar equipos obsoletos, formar líderes o capacitar a las personas para utilizar nuevas herramientas.

Una empresa puede decidir que todavía no es conveniente abrir una sucursal, pero avanzar en la implementación de un sistema de gestión. Puede postergar una ampliación de capacidad y, al mismo tiempo, invertir en productividad, digitalización o capacitación.

No hacerlo también tiene un costo. Procesos ineficientes, errores repetidos, información tardía, pérdida de clientes o dependencia excesiva de determinadas personas pueden ser más costosos que la propia inversión.

El análisis correcto no consiste en comparar una inversión con la ausencia total de desembolsos. Consiste en comparar el costo de invertir con el costo de continuar operando de la misma manera.

Esperar certezas

La incertidumbre es uno de los principales obstáculos para la inversión. Cuando resulta difícil proyectar, las empresas reducen los plazos de sus decisiones y exigen retornos cada vez más rápidos.

Sin embargo, ninguna inversión se realiza con certeza absoluta. Incluso en contextos estables existen cambios tecnológicos, nuevos competidores, modificaciones en los hábitos de consumo y riesgos propios de cada actividad.

Pussetto recuerda que, en otros procesos de estabilización, la inversión privada no lideró la recuperación, sino que comenzó a crecer después, cuando se consolidaron las instituciones, el financiamiento y la demanda. Las mejores condiciones macroeconómicas son necesarias, pero todavía pueden no ser suficientes para movilizar plenamente la inversión.

Este escenario plantea un desafío para quienes conducen empresas. Esperar hasta que todas las señales sean positivas puede reducir algunos riesgos, pero también puede significar llegar tarde. Cuando la recuperación resulta evidente para todos, los competidores ya comenzaron a moverse, los activos pueden ser más caros y determinados recursos más difíciles de conseguir.

Invertir no significa ignorar la incertidumbre, sino aprender a gestionarla mediante información, planificación y escenarios.

Momento de capacitar

Los períodos de transición no son únicamente momentos para controlar costos. También son una oportunidad para preparar a las personas. Cuando la actividad se acelera, la urgencia cotidiana suele dejar poco espacio para capacitar. Las empresas deben vender, producir, entregar y resolver problemas. Por eso, los momentos de menor expansión pueden ser especialmente valiosos para actualizar conocimientos, formar líderes y mandos medios, desarrollando las habilidades que serán necesarias en la siguiente etapa.

Capacitar no debería ser una acción aislada ni un beneficio desconectado de la estrategia. La empresa debe preguntarse qué conocimientos necesita para crecer, qué competencias requiere para incorporar tecnología y qué personas deberán asumir mayores responsabilidades.

Una organización puede comprar una nueva herramienta, pero no aprovechará sus beneficios si el equipo no sabe utilizarla. Puede mejorar un proceso, pero no sostenerlo si sus líderes no están preparados para implementarlo. Puede detectar una oportunidad comercial, pero perderla si las personas no cuentan con las capacidades necesarias para atenderla.

Invertir en activos sin invertir en las personas puede aumentar la estructura, pero no necesariamente mejorar los resultados.

Prepararse antes de que sea urgente

El momento adecuado para invertir no depende solamente de la economía. También depende del orden interno de cada organización.

Una empresa con información financiera confiable, indicadores claros, procesos definidos y equipos capacitados estará en mejores condiciones para identificar oportunidades y evaluar riesgos. En cambio, una organización que desconoce su rentabilidad, su punto de equilibrio o sus necesidades de capital de trabajo difícilmente pueda analizar una inversión con precisión.

Invertir responsablemente puede significar comenzar con proyectos pequeños, priorizar mejoras de productividad, negociar mejores condiciones con proveedores o ejecutar una iniciativa por etapas. También puede significar formar hoy a las personas que deberán liderar mañana.

Según el análisis de Pussetto, la inversión argentina continúa lejos del nivel necesario para sostener el crecimiento de una economía emergente: mientras ese umbral se ubica cerca del 25% del PBI, durante el primer trimestre representó el 17,2%. Cerrar esa brecha dependerá de las condiciones macroeconómicas, institucionales y financieras, pero también de miles de decisiones empresariales. No todas las empresas deben invertir al mismo tiempo ni de la misma forma. Algunas deberán cuidar su liquidez; otras, modernizarse. Algunas podrán ampliar su capacidad y otras deberán concentrarse en mejorar sus procesos o capacitar a sus equipos.

La decisión estratégica no consiste simplemente en elegir entre invertir o esperar. Consiste en definir dónde invertir, cuánto riesgo asumir y qué capacidades construir para estar preparados para el escenario que viene.

La realidad de la economía que nos toca, las incertidumbres, más allá de mirarlos solamente como una debilidad, quizás sean nuestra fortaleza y una oportunidad porque nos hace más resilientes y creativos.

Porque cuando todas las certezas estén sobre la mesa, probablemente la oportunidad ya no sea la misma.

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